Especial #Oscars: Lost in Translation – Encontrar nuestra propia intimidad

Por: Monserrat López-Lugo Tovar | @CineEnElDivan

¿Quién es Sofia Coppola? Para algunos cortos de vista puede ser sólo la hija del célebre Francis Ford Coppola, para otros la ex esposa del también director Spike Jonze, o la pareja actual del músico Thomas Mars, vocalista de la banda Phoenix. Sin embargo, ella es más que los hombres que la han rodeado. Cualquiera puede notar que, aunque estas figuras hayan sido importantes al ser parte de su desarrollo, ella tiene su propia voz y estilo.

Fue la primera mujer en estar nominada simultáneamente en los premios de la Academia por Mejor Película, Dirección y Guión Original, siendo ganadora de este último. Esta directora ya nos había entregado antes un interesante trabajo en The Virgin Suicides (1999), pero muchos -incluyéndome- consideramos a Lost In Translation (2003) su mejor pieza hasta ahora. Se trata de un trabajo muy introspectivo que nos permite asomarnos un poco a varios procesos por los que ella misma atravesaba en ese momento, como lo ha admitido en algunas entrevistas.

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La historia nos habla de Charlotte (Scarlett Johansson), una joven recién casada que viaja a Tokio acompañando a su esposo, un exitoso fotógrafo. Al mismo tiempo, vemos a Bob Harris (Bill Murray), un actor de Hollywood contratado para una campaña de whisky, que se encuentra en una crisis de edad media y se nota aburrido en su matrimonio. Ambos viajeros no pueden dormir debido al jet lag; después de breves encuentros fortuitos en el mismo hotel, se desarrolla gradualmente un acercamiento entre ellos.

Una de las mayores discusiones en este filme se relaciona con querer encasillar la calidad de la relación que existe entre los protagonistas. Parecen ser más que amigos, pero no son amantes, además los dos están casados. Sin embargo, la química entre ambos se eleva en cada cuadro y confunde al espectador. Lost in Translation es una obra maestra porque opta por salirse de las convenciones y en lugar de hablar de una historia de infidelidad o un típico romance, nos abre el panorama acerca de la dificultad que tenemos para conectar con otros seres humanos y con nosotros mismos.

El título no es una coincidencia, el lenguaje es una figura trascendental en el filme. Ambos personajes se encuentran en Tokio y ninguno habla japonés. Esto nos ayuda a resaltar el sentimiento de alienación con el mundo externo. Asimismo, ante la falta de traducción, son los gestos, miradas, poses y hasta la forma de vestir los que toman relevancia como medio de comunicación; además del sello característico en la paleta de colores y banda sonora presente en todos los filmes de Sofia Coppola, dando un acento femenino a la historia.

Estamos ante Japón, conocido por su sobrepoblación, pero en el que cuando vemos a Charlotte caminar rodeada de cientos de personas, sentimos que está completamente sola. Su estructura de personalidad me parece que es uno de los arcos más interesantes que he visto en el cine. Se trata de una joven insatisfecha con su vida, pero sin el temperamento explosivo característico de los personajes femeninos que hemos visto antes; donde la impulsiva mujer quiere salirse de su rutina y buscar aventuras escapando (como Holly en Breakfast at Tiffany’s), mientras que aquí el viaje es de tipo más introspectivo.  

Charlotte es callada e introvertida, lo que no significa que sea antisocial o que no disfrute de salir a bailar o cantar en un karaoke. Esto ya marca a un personaje que no es de una sola tonalidad. De igual forma, es un reto filmar una historia acerca de una persona aburrida sin que la misma película se convierta en eso. Algunos acusan a Lost in Translation de ser demasiado contemplativa, pero creo que carece de este tipo de tomas abiertas o en plano secuencia que ponen al paisaje en el centro.

Hay que recordar que esta es la primera vez que tanto Bob como Charlotte visitan Japón, y mirar es el método que el turista usa para conocer. Cuando viajamos, intentamos introducir un lugar a través de nuestros ojos hacia nuestra memoria. La mirada también es un lenguaje. Esto es muy importante, porque ambos protagonistas no son vistos ni siquiera por sus propios cónyuges, familia, colegas o amigos, ya sea a la distancia o presencialmente.

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También es muy significativo en este filme el papel que asume uno como audiencia. Un ejemplo característico es la famosa escena de entrada. La película inesperadamente abre con un plano de Charlotte acostada de espaldas usando ropa interior transparente. Aunque la toma es brusca al inicio y puede parecer que se está sobreexplotando sexualmente a la protagonista, se prolonga durante 35 segundos. Laura Mulvey fue una teórica feminista que señalaba que las mujeres en el cine suelen ser filmadas a partir de una mirada masculina que las objetiviza. Todd Kennedy retoma esta teoría y menciona que al ser tan larga dicha toma, se vuelve incómoda y esa mirada masculina se hace consciente de su lugar en esa escena. Es decir, se humaniza a la mujer.

Se ha mencionado antes que esta película es acerca de personas blancas y privilegiadas teniendo problemas existenciales en un Japón capitalista, que contrasta sus templos con edificios neón. Pienso que lo anterior es verdad, pero eso no le resta ninguna profundidad. Al final, Lost in Translation se trata de una película intimista. Charlotte tiene una vida “soñada” casada con un prometedor joven y viajando con él a lujosos hoteles, sin embargo, no se explica a sí misma porque carga dentro de ella un sentimiento de vacío.

Todo lo anterior hace que ella logre conectar con Bob. Se sabe que para Sofia Coppola era mandatorio que ese papel fuera interpretado por Bill Murray. Como ya lo mencioné, su personaje es difícil de encasillar porque él es una condensación de varias figuras. Toma un rol de padre y amigo que la aconseja y cuida; pero a veces la trata como a una pareja. Incluso Charlotte se muestra más celosa cuando descubre que Bob es un esposo infiel, que con su propio marido cuando coquetea con una actriz de Hollywood.

Asimismo, Bob es un reflejo de la misma Charlotte, al estar tan perdidos ambos en su sentido de pertenencia y lugar en el mundo. Incluso podemos llegar a sospechar que la historia tiene algunos guiños en sus personajes que representan la propia vida de Sofia Coppola.

No quisiera que parezca que la película gira en torno a los hombres que rodean a Charlotte y/o Sofia, porque no es así. Por el contrario, para mí todo el valor de Lost In Translation recae en retratar la experiencia femenina desde el punto de vista de una mujer que nos abre sus emociones y deseos de conectar con alguien que la entienda.

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Lo más valioso entre los protagonistas es la intimidad que existe entre ambos. Algunas parejas viven muchos años casadas, y no necesariamente la tienen; tampoco todas las que son pasionales o sexuales. La intimidad consiste en lograr un vínculo interior con otra persona, y eso es lo que sucede entre ambos. En la última escena nos queda la duda de qué es lo que Bob le susurra al oído a Charlotte cuando se despiden. Similar a Gritos y Susurros (1972) de Ingmar Bergman en un diálogo entre hermanas que no tiene sonido, nos dejan a la audiencia con el misterio porque eso es privado entre ambos personajes. Es algo íntimo, por eso no podemos entrar ahí.

De la misma forma, quizás esta película no sea sólo un mensaje de despedida de Sofia Coppola hacia su exesposo (como varios la han tomado debido a su divorcio poco después de terminar la filmación). Visto de otra forma, Lost In Translation puede ser una carta hacia ella misma, en donde está enseñándonos a todas las mujeres que también podemos encontrar intimidad con nuestra propia persona, porque al final, se quede o no en el mismo lugar, sabemos que Charlotte no volverá a ser la misma.

Monserrat López-Lugo Tovar
Psicóloga y docente. Tiene un doctorado y una formación en psicoanálisis. Escribe sobre cine, filosofía, arte y género. Le gusta la astronomía y es campeona invicta en Scrabble. Se dedica a la consulta privada.

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