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FFA 2026: Sanguine 2026 por Marion Le Corroller

5 min de lectura

Por: Jimena Luna

¿Qué pasaría si The Substance y Titane tuvieran una relación muy intensa y de ahí naciera una hija? Definitivamente, esa hija sería Sanguine.

Margot, siempre soñó con ser médica. Cuando por fin llega el momento de dar sus primeros pasos como interna en la sala de urgencias de un hospital, descubre que el ritmo es infernal: guardias larguísimas, presión constante, cero margen para el error, y una jefa de servicio que recibe a los nuevos internos advirtiéndoles, sin miedo, que esto no va a ser nada fácil. Ahí, entre suturas, camillas, estrés por demostrar que sí puede con las guardias y las noches sin dormir, Margot empieza a notar un patrón en pacientes de su misma edad con síntomas extraños y recurrentes: fiebres que no bajan, mutaciones extrañas y la piel que reacciona de formas que nadie logra explicar del todo. Le inquieta lo suficiente como para empezar a investigar por su cuenta. Pero la duda se vuelve personal cuando ella misma empieza a notar, en su propio cuerpo, manifestaciones cada vez más perturbadoras. La piel cambia, reacciona, muta y la línea entre lo que le pasa a sus pacientes y lo que le pasa a ella se borra por completo.

A partir de ahí, la película se mueve entre el drama médico y el terror corporal más crudo: heridas que no cierran como deberían, la piel que se abre y se transforma, un cuerpo que deja de obedecer. La película no explica del todo qué provoca la mutación, y ese misterio, lejos de ser un defecto, es parte de lo que la vuelve inquietante: como espectador nunca terminas de saber si lo que ves es una enfermedad real, un colapso mental por el estrés extremo, o ambas cosas mezcladas.

Sanguine se suma a una ola de cine de terror corporal hecho por mujeres en Francia, con directoras como Julia Ducournau y Coralie Fargeat como referentes claros, Marion Le Corroller debuta en el largometraje justo dentro de esa línea, y se declara además heredera de Ari Aster, Stanley Kubrick y Yórgos Lánthimos, algo que se nota en sus planos amplios y en su forma de construir cada escena. Esta película presentada en la selección oficial (Séance de Minuit) del Festival de Cannes en mayo de 2026 y este año en el Festival de cine francófono formó parte de la Competición Oficial.

La columna vertebral de la historia va más allá de las referencias visuales, y tiene que ver con la teoría de la selección natural de Darwin: la idea de que si un organismo no logra adaptarse a su entorno, muere antes que aquellos que sí lo consiguen, y con el tiempo solo sobreviven los mejor adaptados. Eso es justo lo que le pasa a Margot: su cuerpo muta para no quedarse atrás, para seguir el ritmo de un sistema que no da tregua. Ahí está una idea que se queda resonando después de verla: nos transformamos para encajar, para ser lo más aptos posible para nuestro entorno, para parecer perfectos, pero el cuerpo no aguanta ese nivel de exigencia, y ese exceso termina convertido en violencia. No somos perfectos, y aún así nos volvemos performativos todo el tiempo. Pero, ¿hasta qué punto vale la pena?

La evolución física de Margot es, quizás, el eje más contundente de la película. Al inicio la vemos consumida por el ritmo del internado: el desgaste de los turnos en urgencias, la presión constante, un cuerpo que empieza a ceder ante la exigencia del entorno hospitalario. Esa etapa está filmada casi como un naturalismo incómodo, sin ninguna concesión estética hacia la protagonista. Pero conforme la mutación avanza y toma control de su cuerpo, la puesta en escena cambia por completo: Margot se transforma en una versión pulida, casi inquietantemente perfecta de sí misma, incluso capaz de realizar ella sola una cirugía a corazón abierto sin ninguna formación de especialista. Ahí está, para mí, la frase final sobre esta película: todo lo que una mujer tiene que pasar para tener un glow up.

Hay otra capa interesante en la película, y para mí el hospital es un personaje más: un monstruo que envuelve a Margot por completo. Ella vive, literalmente, dentro del vientre de esa criatura. 

Mara Taquin, la actriz principal, contó en la sesión de preguntas y respuestas que no tuvo miedo de hacer esta película tan intensa y llena de planos de su cuerpo desnudo justamente porque es una historia realizada por mujeres, comentó que si un hombre hubiera dirigido esta misma historia, probablemente la habría erotizado y no hubiera sido parte del proyecto.

Sanguine abre mi cobertura de este año del Festival du film francophone d’Angoulême (Festival de cine francófono de Angulema) y hay un momento hacia el final, cuando la directora deja atrás sus referencias y se planta en un terreno completamente propio, mucho más personal y visceral, que es probablemente lo más potente de toda la cinta. Ese instante es la razón exacta por la que este tipo de películas hay que verlas: no porque sean cómodas, sino porque remueven algo, porque dejan una marca que no se olvida fácilmente. Sanguine es de esas películas que, por su estilo visual, temática de transformación y uso de efectos prácticos que para bien o para mal, no podrás sacarte de encima


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