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Film Review #NYFF64: NAZA – Las entrañas de un sistema que perpetra un crimen 

6 min de lectura

Por: Daniela Amores

El cine es una ventana a través de la cual podemos conocer y enfrentarnos a realidades que pueden parecernos ajenas o, por el contrario, familiares. De cualquiera de las dos formas, algunas de ellas llegan como llamados urgentes y necesarios para que los públicos las conozcan. Y aunque hoy, gracias a la inmediatez de la era digital, podemos enterarnos de todo lo que sucede alrededor del mundo, surge una pregunta muy importante: ¿realmente sabemos lo que está pasando?

Suena distópico decir en voz alta que, en pleno 2026, estamos presenciando en tiempo real y a través de nuestros teléfonos lo que se ha llamado un genocidio. Lo hemos leído y escuchado tantas veces que, en realidad, puede que terminemos perdiéndonos en medio de toda esta información y ya no sepamos cómo es que el mundo llegó hasta este punto. Y es aquí donde entra NAZA, el documental de los cineastas israelíes Yuval Abraham (No Other Land) y Rachel Szor, en el que entrevistan a 24 exmilitares y trabajadores de inteligencia de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF), quienes confiesan cuáles eran sus métodos para perpetrar el asesinato masivo y sistemático de palestinos, en parte, con ayuda de la inteligencia artificial.

El documental se sitúa en Tel Aviv, de noche y en la azotea de un edificio. La elección del lugar es importante, ya que todo debe mantenerse discreto para que tanto el crew, como los entrevistados puedan pasar desapercibidos. Desde un principio se menciona que, por motivos de privacidad y protección, las voces de los entrevistados fueron modificadas y sus identidades no serían reveladas. Y, en realidad, esto resulta lo menos relevante cuando comienzas a escuchar los testimonios, narrados con una naturalidad y una frialdad que resultan difíciles de asimilar.

Yuval Abraham es quien realiza las entrevistas y parte de una pregunta que nos lleva directamente al título del documental: “¿Cuándo van a atacar a una mujer o un niño, cómo mencionan esta distinción?”. El soldado responde que, en realidad, no existe ninguna distinción. A las personas se les refiere como “NAZA”, un acrónimo en hebreo utilizado por las IDF para referirse al “daño colateral” y, específicamente, al número de víctimas civiles que se considera aceptable dentro de un bombardeo. 

Y es curioso cómo este acrónimo puede llegar a sonar como otras palabras similares —que no vamos a mencionar, pero que seguramente pueden imaginar— e incluso como la misma ciudad de Gaza. Pero, al mismo tiempo, esta similitud termina siendo casi irónica, porque el acrónimo es también una pieza clave para entender que, aunque intenten disfrazarlo bajo el concepto de “daño colateral”, es precisamente esta indistinción la que constituye uno de los elementos centrales para hablar de un genocidio.

A lo largo del documental, mientras escuchamos las confesiones de fondo, observamos distintas tomas de edificios, centros comerciales, bares, complejos departamentales y de la vida nocturna de los israelíes. El contraste resulta aún más drástico conforme vamos conociendo los métodos utilizados por estas instituciones y pensamos que, a unos 60 kilómetros de distancia, hay familias enteras pasando sus noches en agonía, sin poder bajar la guardia. Porque, como menciona uno de los exsoldados, es precisamente durante la madrugada cuando ocurren la mayor parte de los bombardeos. 

Muchos de los bombardeos se llevan a cabo con ayuda de sistemas de inteligencia artificial, cuyo papel consiste, entre otras cosas, en intervenir teléfonos y llamadas de familias palestinas para identificar palabras o frases que puedan ser interpretadas como una amenaza. Un ejemplo particularmente perturbador ocurre cuando una niña llama a su madre para decirle que “papi ya llegó a casa” y esta simple frase es interpretada como una señal de que su padre ha regresado, y, sin importar que haya más personas dentro de la vivienda o edificio, el lugar es marcado para ser atacado. Esta operación es conocida como “Where’s Daddy?” y, de acuerdo con el testimonio presentado en el documental, uno de estos casos involucró a una niña de 12 años que fue asesinada junto con su familia.

Es interesante escuchar cómo algunos de ellos sí muestran una pizca de remordimiento mientras que otros no, pero ninguna de las dos perspectivas termina de ofrecer una explicación que justifique por qué cometieron estos actos. Y esto ocurre sin dejar de lado al sistema que los orilla y los entrena desde muy jóvenes para hacerlo. Pareciera que este desprecio hacia los palestinos se inserta en su ideología desde siempre, hasta convertirse en algo que termina por normalizarse.

En un momento, Yuval le pregunta a uno de los soldados si alguna vez sintió remordimiento después de bombardear a una familia entera. Él responde que sí, pero mucho tiempo después, y que lamentaba no haber dicho algo en ese momento. Abraham decide indagar más y le pregunta a qué se refiere exactamente. Es entonces cuando el soldado cambia por completo su postura y asegura que era algo que tenía que hacer, porque los palestinos son sus “enemigos” y en cuestión de segundos, aquello que parecía un momento de arrepentimiento termina convertido nuevamente en una justificación.

NAZA no cuenta con sutilezas de ningún tipo y me parece que esa es, precisamente, la manera correcta de retratar los crímenes que se cometen diariamente contra la población palestina, que, a pesar de todo, continúa resistiendo. Benjamin Netanyahu (Primer Ministro de Israel) también aparece en varias ocasiones, aunque no necesariamente de manera directa: su imagen se cuela en las televisiones de los hogares de las personas que vemos vivir sus vidas con aparente normalidad y tranquilidad en Tel Aviv. Una y otra vez, las pantallas muestran noticieros que transmiten mensajes sionistas las 24 horas del día.  

Lo que consiguen presentar Abraham y Szor es una clase magistral de investigación y dedicación, incluso a pesar del riesgo que implicaba llegar a festivales o salas de cine con una película llena de crudeza necesaria que muchos se niegan a voltear a ver pero que, está ocurriendo justo frente a nuestros ojos. Y es que, como era de esperarse, el sábado 29 de septiembre, el día del estreno norteamericano de NAZA durante el Festival de Cine de Nueva York (NYFF), se estacionaron algunas camionetas con pantallas que proyectaban mensajes sionistas, a la par, el Consulado de Israel en Estados Unidos mandó a un contingente de alrededor de 20 personas a manifestarse afuera del Lincoln Center, todo esto con el fin de boicotear la función, y no lo consiguieron.

Este documental todavía no cuenta con fecha de estreno en salas mexicanas. Sin embargo, afortunadamente, The Guardian, en convenio con los cineastas, anunció que pondrá NAZA a disposición de públicos de todo el mundo de manera gratuita a través de su sitio web a finales de noviembre, una vez que termine su recorrido internacional por salas, con la intención de que todos y todas puedan verlo.


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