Por: Julia Iturbe | @juliaiturbe_
En esta edición 41 del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, la reconocida actriz mexicana Natalia Solián estrena dos papeles protagónicos, uno de ellos, Sara es una bióloga que para mantener su trabajo debe debe viajar a un pueblo lejano para recoger los vestigios de una investigación sobre una especie de aves de la región. Dirigida por Issa García-Asscot, Lo que nos van dejando transita los géneros cinematográficos siendo un drama LGBTQ+ que encuentra en elementos del terror la metáfora necesaria para contar los hechos y reflexiones que atormentan al personaje, obligándola a enfrentarse con su alcoholismo y su pasado, despertando en ella una catarsis que le permite comprender la relación entre ambos.

Girls at Films: Al ver la película sin contexto, el momento en que el personaje llega a la casa y ve la mancha de humedad en el techo me dio la señal de hacia dónde iría la cinta. Para ti, ¿cuál fue el detonante? ¿Partiste de una imagen, un personaje o una situación específica para empezar a crear esta historia?
Issa García-Asscot: El detonante fue la relación con el pájaro; partió de ahí. Fue un guión que escribí mucho en movimiento: me sentaba, escribía y luego caminaba. Fue un proceso muy visceral. Quería hablar de una mujer sola y de la sobriedad; me interesaba explorar la posibilidad de encontrar en ti misma aquellas cosas de las que vienes escapando, y ahí es donde el alcohol juega un papel crucial. Quería hablar de enfrentar los propios demonios. Curiosamente, la selva «apareció»; yo nunca hubiera decidido filmar ahí porque odio el calor, pero el búho me llevó a ese entorno. Busqué dónde habitaba ese búho en México y así llegamos a Los Tuxtlas. Fueron piezas que fueron cayendo en su lugar.

GaF: Es muy interesante la mezcla de géneros. Generalmente, el cine de horror tiene una carga psicológica importante, pero esta película fluctúa entre lo realista y lo sobrenatural. ¿Tomaste la decisión de ir por el cine de género desde la escritura o surgió durante el desarrollo y el planteamiento de los planos?
IGA: El guión se fue transformando. Originalmente era mucho más realista; ella encontraba cosas, pero no tenía todos estos elementos. Al pulir la banda sonora y unificar elementos como la mancha en el techo, la atmósfera cambió. A mí no me gustaban las películas de terror porque me dan miedo, pero descubrí que esta historia necesitaba ese toque. Nos encanta hablar de los monstruos externos, pero para mí era fundamental hablar de los internos: el miedo a nuestras propias emociones. El evento traumático ya sucedió, ya no es el miedo al evento en sí, sino a los quiebres y emociones mal acomodadas que dejó atrás. Sara tenía que enfrentarse a esa angustia.
GaF: Por la temática y la intención de procesar emociones, parece existir una voluntad terapéutica. ¿Qué tan difícil es abordar algo que te duele o te atraviesa personalmente? ¿Cómo te obligas a atravesar ese dolor para escribir o dirigir?
IGA: Para mí eso se volvió lo más valioso. Es importante hablar de algo que me toca y me duele, aunque sea difícil, porque atreverme significa que otras personas también se atreverán a dar ese paso. Nos ayuda a conectar y a saber que, a pesar del dolor, hay algo más allá. Tengo la convicción de que uno debe hablar de las cosas que le duelen, quizá no para que dejen de doler, sino para que se muevan.

GaF: ¿Cómo se transforma ese sentir a lo largo de un proceso tan largo como es hacer una película, escritura, producción, posproducción?
IGA: Es curioso, porque no creo que se transforme lo que sientes, sino tu relación con ese sentimiento. Recuerdo que la primera vez que escribí sobre el recuerdo me resultó muy doloroso e incómodo. Ahora, mi relación con ese dolor es de mucho agradecimiento. Le agradezco haber estado ahí y que siga presente, porque me da sensibilidad. Esa nueva perspectiva vino definitivamente de haber hecho la película, de haberla puesto ahí fuera para que otros conectaran y volver el sentimiento algo colectivo en lugar de algo solo mío.
GaF: Sobre tu trayectoria, mencionaste en algunas entrevistas previas que en algún momento pensaste en dejar el cine. Cuéntame sobre ese proceso: vienes del CUEC, tuviste una tesis exitosa, pero luego enfrentaste dificultades para levantar proyectos. ¿Cómo fue ese tránsito hasta llegar a esta, tu primera película?
IGA: Terminé el CUEC y a mi tesis le fue muy bien en Guadalajara hace años. Después tuve un proyecto que recibió muchos apoyos internacionales, pero nunca logré conseguir el dinero para filmar. Todo se juntó: la frustración profesional y un problema personal de alcoholismo. Soy una persona en recuperación y, en un momento dado, mi decisión fue dejar de beber y concentrarme en mi persona. Más que querer dejar el cine, decidí que ya no quería trabajar en proyectos de otros. Me fui a estudiar actuación porque el trabajo con los actores es lo que más disfruto, y al regresar fue cuando escribí este guión.
GaF: Ese acto de resiliencia y resistencia te trae a este momento: acabas de estrenar y la película está siendo muy bien recibida. ¿Cómo te sientes ahora y qué viene para ti?
IGA: Ya estoy escribiendo de nuevo. Terminar una película es complicado porque sientes que algo te abandona; es un proyecto que has tenido cerca mucho tiempo y en el que has depositado todas tus ideas. De pronto, ya está filmado y sientes un vacío. Necesitaba un nuevo proyecto para ir tejiendo otra historia. En eso estoy ahora; estoy abierta a ver qué pasa, sin demasiadas expectativas, pero lista para lo que venga.






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