Women we love #FICM2022: Lecciones de una cineasta con Alejandra Márquez Abella

Por: Daniela García Juárez | TW @danielagcjrz

Alejandra Márquez Abella es una de las cineastas mexicanas más interesantes de nuestra época. Camaleónica directora que se adapta a formatos e historias diversas, cuyos trabajos, tan diferentes unos de otros, mantienen un sello relevante, mas que un estilo indistinguible. No es la repetición de elementos lo que homologa a las películas de Alejandra, es la constante firmeza con la que avanza en la creación de cada una de ellas, volviéndolas, una vez terminadas, en piezas seguras, repasadas, comprendidas, en todos sus elementos, por una persona que comprende al cine. Firmeza que recuerda al cine de Spielberg o P.T. Anderson., de quienes el cine parece salir por los poros, sin esfuerzo y con nata facilidad.

No deja de sorprender, entonces, saber que detrás de lo hecho para verse fácil es resultado de un sinnúmero de dificultades y procesos tropezados. Que antes del paso firme está el miedo, que para llegar a las películas perfectas hay largos procesos de introspección y dudas, que para ser una modelo a seguir toca desyerbar el camino primero. A grandes rasgos: que detrás de la cineasta que se erige como una de las mejores de su generación está la humana que teje historias dentro y fuera del set, que se encuentra a si misma tomando decisiones que no solo cambian la naturaleza de sus películas, sino también, de su persona, el lugar del que se enuncia como artista y de las personas que le acompañan en el proceso, para hacer de la industria cinematográfica un lugar distinto. Es en la decisión de decir SI a cada paso, a veces tambaleante, la mayor parte del tiempo difícil, y muriendo de miedo pero con la cara en alto, lo que ha dejado detrás de Abella, un cimiento sólido en su proyección como cineasta de tiempo completo. Su legado es ya visible esté haciendo películas o no.

Fotografía por Saray González

En la entrevista que le hicimos a Alejandra, actual ganadora del #FICM2022 con su más reciente largometraje El norte sobre el vacío (disponible en Prime Video), nos cuenta un poco sobre sus procesos como directora desde el set y fuera de él. Las lecciones que comparte se expresan desde una concepción del cine como transformación constante, como una prueba y error que se alimenta de la historia personal y nutre, no solo la calidad de cada nueva entrega, sino, los cambios de paradigma y derrumbe de las viejas estructuras por unas más suaves, compasivas y valientes. La entrevista se une a la discusión vulnerable generada por las mujeres detrás de las cineastas, que desmitifican el mito del genio impenetrable para dar un vistazo real a la ambigüedad psicológica que las construye como artistas y nos conecta desde la horizontalidad. Más que cómo hacer cine, cómo vivirse a una misma en el proceso de intentar hacerlo.

Fotografía de Saray González

ENTREVISTA A ALEJANDRA MÁRQUEZ ABELLA

Gaf: ¿Por qué elegir el cine?

Alejandra: Hay algo que me fascina de recrear la vida, de estar imitando la vida constantemente y de estar imaginándola desde lugares muy específicos. Creo que eso es lo que a mí me mueve más del cine. 

Gaf: ¿Cómo es tu camino desde que te llama el cine como profesión hasta que realmente empiezas a realizarlo?

Alejandra: Pues como mucha gente, –y mucha gente privilegiada–, me tocó enfrentarme a la realidad después de la escuela de cine. Creo que la escuela de cine es un lugar, donde vas pensando que quieres ser cineasta, y cuando sales de ahí te das cuenta que es muy difícil serlo. Entonces lo primero que me pasó a mí fue asumir que nunca iba a hacer una película. Esa forma de encarar la siguiente etapa de mi vida y la realidad de lo complejo que es el cine, fue como un desprendimiento y quizás eso fue lo que me permitió luego ponerme a escribir. A partir de la escritura es que yo me encuentro con el cine. Fue eso. Encontrar el tiempo pensando que nunca iba a hacer una película, para hacer una película. 

Fotografías por Saray González

Gaf: ¿Soltar la expectativa?

Alejandra: Exactamente.

Gaf: ¿Cuáles son los miedos que te atraviesan como mujer en esta profesión?

Alejandra: De entrada te sientes una impostora. Es difícil entender por qué estás en ese lugar y no otra mujer, también eso es fuerte. Siempre tengo mucho miedo. Yo digo que hacer cine es tener miedo todos los días. Todos los días te enfrentas a una serie de miedos, y para mí hay dos maneras de enfrentar esos miedos: o te vuelves la mujer fálica que a través de comportamientos y energías más masculinas vas sorteando este mar inmenso de amenaza, o lo vas enfrentando a través de la responsabilidad y el cuidado y el amor.

Hay maneras de liderar de forma feminista, que claro, cuestan más trabajo, porque no hay un camino trazado, tienes que trazarlo tú. Pero mi condición de mujer me ha liberado de muchas cosas. Cada vez que llego a un set, no importa cuántas películas hayas hecho o cuántos reconocimientos tengas, vuelves a tener que demostrar que puedes hacer esa chamba, solamente porque eres mujer. Pero hay algo muy liberador en eso también. Es como: ah, voy a llegar a un lugar donde nadie espera nada de mí, porque todo mundo está pensando que porque soy mujer no voy a dar el ancho, que lo que sea que haga va a estar debajo de las expectativas de la gente. Y eso, de alguna forma, es muy liberador, la verdad. Si ya nadie te toma en serio por ser mujer, pues vamos a agarrarlos desprevenidos y tratar de darle la vuelta a esa creencia. Pero tampoco tienes que llegar a convencerlos. No le debes nada a nadie, aunque te hagan creer que sí.

Gaf: Después de no haber tenido expectativas de llegar a hacer una película, ¿qué ha significado para ti ver el resultado que han tenido tu trabajo? Desde Las niñas bien hasta El norte sobre el vacío.

Alejandra: Creo que fueron experiencias bien diferentes. En Las niñas bien tenía mucho miedo de lo que iba a pensar la gente de mi, por hacer una película que jalara a un lado que yo no quería. Yo no quería ocupar un espacio de frivolidad, me parecía como que eso no era ser artista. Y me preocupaba mucho ser artista. Pero me alegra mucho haber soportado eso porque fue el camino correcto en muchos sentidos. Y ahora con El norte fue al revés porque hice una película completamente libre. Me di rienda suelta a todo lo que se me hacia mas loco y tenía menos sentido artístico. Creo que en la medida en que uno busca ser quien es a pesar de que no te guste quien eres, las cosas funcionan o por lo menos tienen sentido.

Gaf: Tus películas se destacan por una relación muy intencional con la imagen cinematográfica ¿cómo te relacionas con ella y todos sus elementos para dar sentido a tus historias?

Alejandra: Para mí, las películas en su totalidad tienen que resonar con el tema, con el personaje y el gran discurso que se busca transmitir al espectador. Entonces la cámara se tendrá que mover de una forma que tenga sentido con eso, el sonido, el silencio, la música, la dirección de actores, los colores… todo tendrá que responder a una idea más grande en la que descansa la película. Empieza desde el guión, con esta macro-imagen, que luego me va permitiendo tomar decisiones micro, puntuales.

Creo que se trata de tener un gran concepto que deviene en pequeños conceptos, en cosas mas chicas, hasta llegar al último detalle, que puede ser una palabra, un gesto o un sonido.

Gaf: ¿Por qué tu inclinación hacia el detalle sonoro? Las construcciones envolventes, atmósferas particulares…

Alejandra: El sonido es el 50% de una experiencia audiovisual. Uno piensa que vivimos en el reino de la imagen… pero el sonido cambia el sentido, el subtexto… cambia todo en una escena. Me parece que a través del sonido se pueden decir muchísimas cosas. Y uno puede subrayar o contradecir un montón de cosas a partir del sonido. 

Gaf: ¿Crees que El norte cambió algo fundamental en tu manera de vivirte como cineasta?

Alejandra: Sin duda. Esta es la primera película en la que no estoy cubriéndome de mi misma, como queriendo ser otra persona, o ser mejor. Es una película que está muy en línea con mi verdad y fue una experiencia muy honesta en ese sentido. Si algo me enseña El Norte es que dentro de todas las variables que puede tener una película, que son muchísimas, muchas etapas, mucha gente, muchos intereses, muchas responsabilidades diferentes… lo único que tengo que intentar es ser honesta conmigo misma. 

Gaf: ¿Qué le dirías a las mujeres, adolescentes y niñas interesadas en dedicarse al cine?

Alejandra: Híjole, muchas cosas. Siempre te dicen que esta carrera es como un maratón, pero yo creo que también son sprints, carreritas para meterle velocidad. Y creo que la mayor gasolina de todo es el goce, el disfrute. Uno tiene que buscar gozar. A través del goce, la vida y la energía vital es que se pueden hacer las cosas. El sufrimiento y el sentimiento horrible del deber ser no nos lleva a nada. 

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