The Final Cut: La mirada de Anais – Una crítica a Fat Girl (Catherine Breillat, 2001).

Por Verónica Solis  IG: @onlinesick Twitter: @apricotnica

TW: Violación, violencia sexual.

Este ensayo es resultado de la colaboración con la actividad de Semana i de Cine y feminismo: Taller de crítica cinematográfica con perspectiva de género del Tec de Monterrey Campus Querétaro.

Ilustración: Thelma Ruiz

Hace más de 20 años, la directora Catherine Breillat, decía que “debido a que la sexualidad de las niñas en las películas era generalmente dirigida hacia la excitación masculina, esta no hablaba acerca de la realidad de las jóvenes consternadas por los cambios en sus cuerpos”. Con la intención de romper con aquel paradigma es que Breillat co-escribe y dirige Fat Girl. Un filme que sería prohibido durante 2 años en Ontario, por el Ontario Film Review Board, tan solo meses después de su estreno (2001) debido a “objeciones sobre la franca representación de la sexualidad adolescente”.

En un inicio, Fat Girl se percibe una estética y montaje como la de cualquier otra coming-of-age a la que la audiencia está acostumbrada, empapada de imágenes de la costa Francesa durante un verano caluroso, colores tenues y planos alejados que dan lugar a la introducción de los personajes protagonistas. Se observa  a Anais (13 años), la “niña gorda” a la que el título del filme hace referencia, y a su -delgada- hermana mayor Elena (15 años), caminando alrededor del resort donde se hospedan con sus padres mientras conversan elocuentemente sobre el cómo quieren “perder su virginidad”. Elena expresa varias veces su deseo por estar con alguien que la quiera, mientras que Anais se contrapone a su visión diciendo que ella solo quiere que su primera vez sea con cualquiera, con alguien a quien no le importe, ya que “no quiere a un hombre presumiendo que la tuvo primero”. La naturaleza de la relación de las hermanas, llena de claras diferencias, las cuales van más allá de su apariencia física, es evidente desde este primer momento y se convierte en un constante a lo largo de la película. 

Durante el primer tercio de la película, Fat Girl parece ser sobre muchas cosas, desde unas vacaciones de verano de una familia acomodada en la costa Francesa, la relación de dos hermanas (Anais y Elena), un padre adicto al trabajo, un joven universitario italiano llamado Fernando que interesado en una adolescente 6 años menor que él (Elena). Y, sin embargo, la trama principal de la película no es precisamente sobre todo eso, es más bien sobre la visión femenina del despertar sexual adolescente (en las mujeres), es sobre las complejidades del mismo y los horrores de una sociedad patriarcal. Y es con cambios tan sutiles como significativos en la estética de la película, que la trama real del filme ser vuelve cada vez más clara. Los ahora extremadamente cerrados planos, la iluminación tenue y la musicalización que se asemeja más a la que se usa en un thriller, acompañan la escena de 20 minutos en la que Fernando presiona a Elena para tener sexo. 

Con cada negación por parte de Elena, Fernando le contradice y manipula “no quieres que tenga que buscar a alguien mayor que tú” “lo estás arruinando todo” “es una prueba de amor” y no para hasta que obtiene un sí por respuesta a la propuesta de tener sexo anal. Catherine Breillat explicó en una entrevista en 2001 para Filmmaker que en aquella escena Elena “acepta tener sexo con él, acepta porque cree que es amor. Pero ella realmente acepta este razonamiento debido a sus mentiras. Creo que esto es una violación mental, la peor violación, porque es una violación en la que la mujer renuncia a su autoestima, una violación que ni siquiera se manifiesta como una violación, porque todo el mundo vive así, vive por amor romántico”. No obstante, es la presencia de Anais en la misma habitación la que vuelve a esta escena un parte aguas en el filme. La audiencia observa a través de los ojos de Anaís, aquella manifestación de violencia sexual, coerción para la obtención del consentimiento y la clara ausencia del deseo por parte de Elena quien se queja de dolor. 

La mirada de Anais es central en la película porque es desde ahí que la audiencia está observando, incluso cuando las escenas no son grabadas desde la posición exacta de ella, es un ejercicio que trata de posicionar a la audiencia en su lugar, de acercarla aún más a lo que está pasando. Es por eso que la escena final en la que Anaís es violada por el mismo hombre que momentos antes asesina a su madre y a su hermana se concentra en sus ojos, la misma razón por la que el último cuadro del filme es una imagen congelada de su cara luego de que las autoridades la encuentran en medio del bosque y los policías dicen que Anaís dice que el hombre no la violó. Tal vez guiada por la sensación de que su deseo de como sería esa primera vez se cumplió. Es un final que está abierto a la interpretación de quien lo está viendo, pero que muestra cómo ambas hermanas, con todo y sus diferencias, con todo y sus deseos, se ven envueltas en la misma situación en la que la violencia sexual las atraviesa como consecuencia de vivir bajo el régimen del patriarcado. 

A más de 20 años de su estreno, Fat Girl sigue siendo de los pocos filmes que explora aquella realidad que está presente y aun así es constantemente invalidada y que más que nada, orillan al espectador hacia un proceso de reflexión acerca de su papel en la sociedad. No son solo las escenas del filme en la que la trama se trata tan directamente que se puede observar tal intención de llevar al espectador a la reflexión. Incluso aquella escena en la que solo vemos a las hermanas viendo la televisión es sumamente intencional, en la televisión una mujer está hablando acerca de la sexualidad y en un momento dice “mi programa no es acerca del sexo, es acerca de los problemas sexuales”. De una forma tan sutil y que puede pasar tan desapercibida, vemos a las protagonistas reflexionando acerca de eso, mientras el mismo espectador está viendo una película que no trata de sexo, sino de los problemas sexuales. Fat Girl ofrece un acercamiento retador y crudo a la hipersexualización de las niñas y adolescentes, al mito del amor romántico y a la cultura de la violación que permea en la sociedad y enfrenta a las mujeres a la violencia sexual de una u otra manera. 

Referencias:

Verónica Solís

Internacionalista de día, creativa de noche. Veo más cine del que debería y menos del que me gustaría. 

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