The Final Cut: Speed Racer – Una pasión incomprendida

Por: Ana Iribe | @samrockweII

Tras la llegada de casi toda la filmografía de las hermanas Wachowski a HBO Max —y el olvido de los Oscars con The Matrix Resurrections—, se puede hacer una retrospectiva del trabajo que han hecho como directoras. Lily y Lana son mayormente conocidas por tal saga, y claro, ésta es actualmente un tema de conversación gracias al estreno de su cuarta entrega; pero creo necesario darle una revisada a Speed Racer, una de sus cintas más divisivas entre el público, que en su momento fue recibida de manera negativa y, para hacerla más difícil, fue su primera película después de terminar la entonces trilogía de Matrix.

La trama de Speed Racer es muy fácil de comprender: el personaje titular ama manejar, su inspiración viene de su hermano fallecido quien también era piloto de carreras, y ambos son parte de la familia Racer… Queda muy claro que esta película es sobre automovilismo, y para algunos esto puede ser considerado de manera absurda, pero esto no es algo malo. La pasión es un sentimiento inconmensurable, es el motor que te alienta hacia lo imposible, e incluso, esta misma te hará desafiarte ante las peores situaciones. En la cinta hay villanos, conflictos internos y externos, desarrollo de personajes e incluso un buen mensaje, elementos típicos en las historias. No parece haber problema alguno, si no fuera por las dos probables interrogantes que tuvo el público en su momento: ¿A quién va dirigida esta cinta? Y, ¿por qué los efectos y colores se miran así? 

El veredicto de los críticos fue que encontraron difícil de recibirla porque visualmente les causó un dolor de cabeza y el público no podría acostumbrarse a ello; Todd McCarthy de Variety mencionó identificar ciertos planos que parecían “collages hecho por niños en clase de artes”, y sí, esto se vincula igualmente con la búsqueda de la audiencia objetivo, pues los adultos encontraban una historia muy infantil y cuestionaban el hipotético entendimiento de los niños hacia los conflictos de la misma. Sin pena ni gloria, la película fue un fracaso en taquilla.

Fueron criticados estos elementos, e irónicamente, son exactamente los que hacen funcionar la película. Las Wachowski se han reconocido por ser narradoras visuales, por cuestionar y romper convenciones del cine: lo probaron en Matrix y claramente lo intentaría una vez más con Speed. Lana mencionó en 2012 que las arriesgadas elecciones tomadas para esta película fueron inspiradas por sus visitas a museos y galerías de arte, en donde identificaba a cada pieza como algo diferente entre los espacios del lugar, sin embargo en el cine todo lucía igual. Además de ello, se debe recordar que es la adaptación de una franquicia japonesa —tanto su anime como sus mangas— y lo más distinguible siempre es la exageración y lo barroco que pueden llegar a ser los trabajos del país nipón. Las libertades tomadas por las Wachowski estaban justificadas, pero no podían combatir el temor que tendría su futura audiencia.

En otros escritos propios he mencionado que todo cambio incluye una carga de miedo, es probar algo diferente sin saber si funcionará, pues has estado acostumbrado a lo típico, a lo normal. El cambio es inevitable, queramos verlo de una manera positiva o negativa, pero aceptarlo es el primer paso a la tierra de las nuevas posibilidades. Las hermanas Wachowski verdaderamente atacaron a todas las estéticas y reglas establecidas en el cine, hicieron su propio espacio en un museo que solo era designado para exponer piezas de la convencionalidad, provocando un público yendo la salida de emergencia de la galería de arte, insatisfecho porque no se parecía a nada que habían visto.

Considero que la falla con Speed Racer no es la película misma —al menos no del todo—, sino la falta de aceptación del público. Cada película, serie, libro y cualquier otro medio para contar historias, te presenta su universo y su propuesta de reglas, si los aceptas no tendrás problema alguno para fluir con la historia; por lo contrario, si desde un inicio te niegas a lo que se está dentro de la pantalla, entonces tu experiencia será un fiasco. Speed no es compleja como la saga de Matrix, no ocupas ir de manera culposa a YouTube y buscar la explicación de la cinta, es simplemente una historia de un chico y su gusto por manejar en las carreras: es una fusión que presenta el viaje de un par de personajes encontrados dentro de eventos con hazañas espectaculares —persecuciones, explosiones y combate— y con un toque de humor para bajar la tensión.

Speed está hecha para divertirse, no como un análisis supremo que ha exprimido a Matrix, y sí, la cinta puede llegar a ser cheesy, ¿pero acaso eso no es justificable con la pasión que tienes por algo? Este sentimiento no es callado y tampoco pasa desapercibido, es algo difícilmente controlado y puede llegar a un extremo probablemente poco comprendido por las demás personas: por más ocultado, es un amor y entusiasmo que nunca se quitará, un padecimiento optimista y al final del día, es solo el vehemente motor de tu vida.

Ana Iribe
Estudiante de Medios Audiovisuales. Fotógrafa y editora ocasional. Le interesan las historias coming-of-age y las que adapta Lynne Ramsay, además considera que Anton Yelchin fue alguien que no merecíamos.

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