Film Review: Madres Paralelas

Por: Valeria García | @lavalvalencia

<<Le pregunté a Graciela, una mamá que busca a su hija, si había sostenido en sus manos alguno de los huesos encontrados en las fosas […] Me dijo ‘se siente como cargar un bebé recién nacido’. Yo te tenía en brazos, Emilia, cuando me lo dijo y no pude parar de llorar>>. –

Daniel Rea, “Mientras las niñas duermen”

Durante su discurso en el Festival Internacional de Cine de Venecia en 2019 para la entrega del León Dorado a la Trayectoria, la directora y presidenta de esa edición del festival, Lucrecia Martel, mencionó dos frases que resultan identitarias en el cine de Pedro Almodóvar:

-“Almodóvar fue causa y consecuencia de La Movida, la contracultura que desempolvó a España del largo letargo del franquismo.”
-“Elevó el melodrama por encima del thriller.”

Las películas de Almodóvar se mueven y juegan entre géneros. No son fáciles de catalogar, aunque en realidad eso no importa mucho. Generalmente cuentan historias con personajes femeninos, siendo estas artistas, amantes, mujeres imperfectas, madres, hijas, muchas veces todo esto al mismo tiempo.

Su film más reciente, Madres Paralelas, no escapa de estos aspectos, pues cuenta la historia de dos mujeres que se conocen en su habitación de hospital el día que van a dar a luz a sus respectivas hijas, ambas embarazadas sin planearlo. Por una parte, está Janis (Penélope Cruz), una fotógrafa de 40 años de edad que decide criar a su bebé sola. Mientras tanto, Ana (Milena Smit), es una adolescente que se muda de su pueblo para vivir con su madre después de un evento traumático.

Aunque la maternidad, una temática muy común en el cine de Almodóvar, es un aspecto que entrelaza la historia, también se encuentra el franquismo, con una presencia tan marcada que algunos críticos y críticas han apuntado a que se trata de la película más política del director. Sin embargo, es importante mencionar que el cineasta fue un exponente importante durante la Movida Madrileña, un movimiento artístico ocurrido durante la transición de España a la democracia, en donde los valores conservadores del franquismo se dejaron de lado. Sus películas ya presentaban a personajes de la comunidad LGBTQ+, en donde el deseo (que estaba menos organizado, decía Martel) y la liberación sexual era parte de la vida diaria, así como la estética kitsch.

Con Madres paralelas, Pedro Almodóvar hace una introspección sobre qué tanto ha pasado desde el terror de la dictadura española, los años democráticos y el presente, especialmente cuando aún se habla de familiares buscando a sus desaparecidos, víctimas del franquismo, en fosas comunes.

La maternidad y el tema de las fosas se aborda de manera más específica en la historia de Janis. Para Janis, su embarazo es deseado y aceptado desde el primer momento. Ella desea formar una familia y criar, incluso si eso no incluye una pareja, y, de cierto modo, honrar la memoria de su madre a través de su propia maternidad.

Por otra parte, ella conoce más de cerca el trauma generacional del franquismo, ya que su abuelo fue asesinado junto a otros conocidos y vecinos de su pueblo. El recuerdo de él y de todas esas víctimas se mantienen aún porque es la memoria la que no permite el olvido. Ellos no son simples estadísticas de una guerra de horror, fueron personas con historias propias y familias, con rasgos y características que los hacían únicos, cuyas vidas terminaron de manera trágica cuando se les intentó silenciar para siempre.

Y es que nuestra identidad está marcada por nuestra historia familiar, muchas veces traspasada por el dolor de nuestros antepasados. Incluso nuestros nombres pueden ser homenajes a otros.

En cuanto a Ana, aunque su maternidad resulta objeto de críticas por parte de sus padres a causa de su edad e inexperiencia, a pesar de que tanto ella como Janis son primerizas, no elimina la posibilidad de cuidar y amar a su hija. Y si bien ella no es familiar de víctimas y sabe poco sobre ello, su relación con Janis será una apertura al respecto.

Lucrecia Martel mencionaba, en ese ya inolvidable discurso en Venecia, que parecía que el ascenso de la ultraderecha ocurría en el mundo como si absolutamente nada hubiera pasado. Como si los horrores del pasado se quedarán ahí o simplemente los negáramos. Y no sólo en España, sino en países de América Latina y de tantas otras partes del mundo que también han sido testigos de sangrientas dictaduras y del crimen organizado (e institucionalizado) en la actualidad.

Ante esto, el futuro puede parecer sumamente desesperanzador. Es como si retrocedieramos. Pero la memoria, y quienes la comparten, pueden ser un primer paso contra los discursos de odio. Honrar a las víctimas. Y no olvidar.

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