Postales GaF: De Celina para Oralia

*Esta pieza forma parte de la Segunda Edición de Postales GaF, el intercambio de textos entre colaboradoras de Girls at Films, un espacio para celebrar el cine y la amistad. Esperamos que estas postales sean un abrazo caluroso para las participantes y lectoras. 


De: Celina Manuel | @zeppelina0


Para: Oralia Torres

A partir de leer tus intereses, estuve unos días pensando sobre el horror en el cine, e inevitablemente recordé las veces que me quedé perpleja mientras veía los créditos finales de una película del género, así como mi relación con este tipo de cine.


Muchas películas las vi en televisión, fueron los sábados de Cementerio de mascotas, Pesadilla en Elm Street y por supuesto It, que hasta hace unos años la recordaba como una película, no como serie. Así es como el Canal 5 fue mi única fuente de horror por un tiempo. Hasta que llegué a tener edad suficiente (17 años) para ir sola a las salas de cine.


Después llegaron mis días de universitaria, tenía toda la energía y el entusiasmo que brinda la ingenuidad de estar en los primeros años de los veinte. Cuando me invitaron a vivir la experiencia de un festival de género, no lo pensé dos veces y me lancé con unos amigos al Mórbido, festival de cine que se celebraba en un pueblito llamado Tlalpujahua. Nos trepamos al camión con cobijas para acampar en una casa deshabitada que nos ofreció una amiga y comenzó la aventura; fueron días de aguantar funciones a media noche, que eran las estelares y a muy, muy, baja temperatura, los roces de la piel con las corrientes de aire se sentían como quemaduras. Fue ahí donde comenzó una tradición de asistir cada año al festival, no se logró siempre, pero las veces que sí, no fueron en vano.


De varias ediciones de Mórbido, recuerdo dos películas que siguieron en mi cabeza durante varias semanas: Diamond Flash (2011), dirigida entonces por un primerizo y prometedor Carlos Vermut y Found, (2012, Dir. Scott Schirmer). Ambas películas desdoblan la maldad y más que condenarla, son un intento por comprender esa naturaleza humana que nos habita. En la primera, Vermut plantea a través de un relato coral la oscuridad de los personajes, y su manera de relacionarse, que en apariencia parecerían personas ejemplares o modelos a seguir. En la segunda, el director cuestiona los afectos, tales como el amor filial y lo que sucede cuando hay un trastorno mental de por medio. En ambas películas, hay historias entre hermanos, tema que para mí nunca pasa desapercibido.


Después de una distancia que tomé de ese festival y del género del horror, pasarían unos años más para volver a ver una historia de amor filial torcida, en un festival totalmente diferente, donde el género del horror es una excepción y en una película dirigida por una mujer.


Raw (Dir. Julia Ducournau).

Raw


Es fascinante la manera de hablar del desbordamiento de los afectos en esta historia. De la representación del dolor, del amor y del deseo a través del cuerpo femenino. Parece que Julia Doucarnou no se va con medias tintas para hablar desde un lugar sórdido y por supuesto incómodo.


El cuerpo como potencia y la carne como metáfora de lo prohibido en la nueva vida que se abre para Justine, quien sigue el paso de su hermana mayor y le muestra cómo se despoja de cualquier atadura, como la culpa, para abrazar su lado más salvaje y placentero.


Pensándolo detenidamente, el camino a la adultez es muy horroroso y doloroso, ¿no crees? al menos para mí lo ha sido. Con Justine este tránsito también lo es, no sólo a niveles emocionales, sobre todo a niveles físicos. Una erupción en la piel anuncia ansiedad, una mordida es señal de placer. ¿Es la carne fresca ahora una necesidad?


Me quedo pensando en las formas de amar que heredamos de nuestra familia. De la capacidad asombrosa de humanizar la maldad cuando de los nuestros se trata, más allá de si está bien o mal. También pienso en nuestra necesidad de entender esas partes agrietadas que también nos conforman y de la valentía que hay detrás para examinarlas de cerca, algo que sin duda Doucarnou hace.


Es obvio, a este punto, que estuve indagando en tu cuenta de tuiter y claro que pensé que qué mejor que hablar sobre horror corporal contigo, porque sé de tu poemario que alberga haiukus sobre el tema y porque genuinamente también me gusta.


Finalmente, quisiera disculparme por estas letras que salen desde una turbulencia que me está agitando por dentro. Espero no se escape entre estas líneas que festejan el cariño, la amistad y el cine. Me despido felicitándote por haber publicado tu poemario y esperando leerlo pronto.


Abrazo,
C.

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