Film Review: Dune – Nuestros Tiempos – Concurso de Crítica Cinematográfica Cabos Film Festival

Por: Romina Hernández Espinoza  | @RomHer17

Me he preguntado sobre el fin del mundo desde aquel día lejano en secundaria, cuando una maestra de geografía nos mostró un documental de lo que pasaría en la Tierra, si la temperatura aumentara seis grados centígrados; ese inminente fin es parte de mi manera de ver el mundo. Sé mi tiempo contado.

Me he preguntado sobre el día en que se termine el agua y el aire sea tan tóxico que no se pueda respirar. Por eso, cuando el inmenso desierto de Arrakis se presentó ante mis ojos con la mirada de Denis Villenueve sobre él, me di cuenta que tal mirada era producto de este siglo. Las dunas de Frank Herbert, escritor de las novelas en que se basa Dune de Denis Villenueve, necesitaban de este siglo para tomar más vida y fuerza, porque nunca nos habíamos parecido tanto a la civilización que imaginó Herbert como nuestros tiempos. Necesitábamos incluso, las versiones fallidas de Jodorowsky y Lynch.

Reseña de la película Dune (2021) de Denis Villeneuve | Código Espagueti

Paul Atreides (Timothée Chamalet) vive en su planeta natal, Caladan, con su padre y su madre, el duque Leto (Oscar Isaac) y la dama Jessica (Rebeca Ferguson). Pero la familia Atreides tiene que mudarse a Arrakis por órdenes del tirano emperador, así como todos sus soldados y generales, con la tarea de gobernar y administrar la especia melange, una sustancia muy codiciada en todo el universo por sus cualidades de alargar la vida. Y cuando llegamos a Arrakis, un planeta desértico que Denis Villeneuve apunta con una cámara que no identifica un final de tanta arena, se me presentó una premonición.

En Dune de Villeneuve, la arena espolvorea como la azúcar a un pastel, a todo lo que existe sobre el planeta Arrakis; las máquinas, las naves, los edificios, y a los Fremen, nativos de ese desierto, cuyos ojos azul sobre azul es lo único que se les mira a simple vista, pues llevan sus bocas y narices cubiertas, para no respirar la arena. El polvo nunca le ha sido ajeno a las civilizaciones, pero la sequedad, un mundo que vive a merced de los caprichos de una naturaleza hostil, mirándose siempre en planos detalles a los ojos, ya no nos es lejano.

Dune Movie Review | 2021 | Seattle Met

Me he imaginado el fin del mundo, ese futuro incierto de posible guerra y definitiva falta de agua, soledad y noche; me lo he imaginado como lo han hecho cientos en el tiempo, en una sentencia a la que mi generación está acostumbrada. Crecimos rodeados de una narrativa que yo vi en el Dune de Denis: hostilidad. Y como Paul, jóvenes y con el peso del mundo encima, intentamos salvarnos de la sequedad y una guerra que ni siquiera es nuestra.

La ciencia ficción se ha transformado como se ha transformado el mundo. Ya desde The Arrival (2016) y Blade runner 2049 (2017), el director franco-canadiense presentaba una ciencia ficción más limpia, con sus espacios abiertos y personajes solitarios. Muy diferente a la clásica Blade Runner (1982) de Ridley Scott, o ese mundo ciber-punk y extraterrestre que dejó el legado de toda la saga de Star Wars. Su cine de ciencia ficción ha dejado atrás los cuadros llenos de objetos y luces neón, para pasar a este Dune, donde el miedo es el vacío.

Movie Review: Dune – No But Listen

¿Vacío de qué?, ¿a qué? Puede ser a la falta de todo. Al calor que ha subido en todas partes de la Tierra, al Amazonas sin vegetación, a los mares sin corales, a tener que mudarnos a Marte o a la Luna porque aquí ya no se puede más, tal vez. Pero también puede ser a acabarnos el tiempo, un tiempo inminentemente corto, una vida que va tan rápido que nos engulle como los gusanos que surgen bajo la arena de Arrakis; o los beats de la música de Hans Zimmer, con sus tamborileos que recuerdan a nuestros propios corazones latiendo en el vacío de todo lo que deberíamos ser, y no somos.

Dune de Denis Villenueve le llega al mundo, le llega a una generación que se sabe en peligro, con el tiempo contado, con un peso de un planeta acabado; como llega Paul Atreides al pueblo Fremen, como una premonición enviada desde lejos, llega retratando con su cámara un desierto vacío al que le tememos, y una guerra encarnizada entre los viejos.

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