Women We Love: Anaïs Taracena

Por: Adriana Kong | @adrianakong

En 2011 Anaïs Taracena conoció a David Barahona mientras realizaba su primer cortometraje De tripas corazón (2011), David le regaló un libro sobre las memorias de su hermano Elías, quién se infiltró en el Ministerio de Gobernación durante la guerra en Guatemala. Más tarde, cuando Elías Barahona y Anaïs se conocieron, ella le enseñó un VHS sobre la guerra en Guatemala que le había regalado un cineasta italiano mientras proyectaba su cortometraje. Elías aparecía en ese video pero nunca había visto esas imágenes. Se acercaron a la Cinemateca Nacional Enrique Torres para digitalizar el VHS y así nació su amistad. 

El silencio del topo (2021) es una película que recuerda a Elías Barahona ‘El Topo’ quien se infiltró en uno de los gobiernos más represivos de Guatemala y fue testigo de violencia política planeada desde el Palacio Nacional. Anaïs quiso grabar el testimonio de Elías y él aceptó, su historia no es tan conocida en Guatemala. Elías la llamó para filmarlo porque sería testigo del juicio por la quema de la Embajada de España. Esa tarde, Anaïs graba la última conversación entre ellos dos. Días después, Elías fallece y nace la voluntad de hacer el documental.

25 Festival de Cine de Lima

GaF: ¿Cómo fue para ti descubrir a Elías a partir de los vínculos que generaste con las personas cercanas a él?

Anaïs Taracena: Fue una sorpresa total porque cuando decidí empezar a filmar no me imaginaba que iba a hacer algo como la película que es hoy en día. Al principio me faltaba tanta información que estaba buscando rellenar esos vacíos. Investigué, contacté a muchos periodistas guatemaltecos e internacionales y busqué archivos por todas partes. Este documental es un proceso más que un resultado. Todo iba avanzando y cambiando conforme iba hablando con las personas. Por ejemplo, hablé con personas que lo conocieron más joven, amigos de infancia, fui aprendiendo más sobre él y encontrando imágenes de archivo que yo creo que ni siquiera él mismo vio. Se descubre bastante.

Filme de cineasta guatemalteca participa en el Festival de Cine de Panamá –  Prensa Libre

Hablé con personas que no salen en el documental y con personas que no querían ser filmadas. Se generaron vínculos muy bonitos. Tengo una muy buena relación con sus hijas; Paty y Laura.Por eso creo que se filman de una forma muy personal. Ellos ya vieron el documental y he entendido que todavía es un tema muy sensible, que abre muchas heridas y que está lleno de mucho silencio.

GaF: Esta historia está atravesada por el contexto político e histórico de Guatemala pero ¿cuál es tu vínculo personal con la historia?

AT: Mi interés por hacer el documental tiene que ver con la memoria y hacer una reflexión sobre eso. Mi papá es guatemalteco, estuvo vinculado con el movimiento revolucionario y exiliado muchísimos años. Yo crecí en Costa Rica y mi relación con Guatemala era a través de mi papá y de sus reuniones con amigos centroamericanos. Había cosas que no se querían contar porque era doloroso y peligroso hablar. Somos varias personas que nos queremos acercar y entablar un diálogo con la  generación de nuestros padres para poder entendernos mejor nosotros mismos y el hoy en día. Creo que hay una generación en Centroamérica de cineastas, artistas y escritores que está queriendo indagar en los años 70 y 80 porque esos años atravesaron la región de una forma muy fuerte e hicieron que las historias de muchas familias se vieran atravesadas por exilio, militancia, desaparición, violencia, etc. 

GaF: ¿Cómo fue para ti y el equipo encontrarse con la falta de imágenes?

AT: En el rodaje casi siempre éramos cuatro. Una parte de investigación la llevé yo pero a la hora de filmar éramos un equipo. Con Rafael González, el productor, tuvimos largas pláticas sobre cómo hablar con personas no quieren hablar y sobre los lenguajes corporales de los silencios. La parte de los archivos ausentes era muy difícil, busqué por Panamá, Cuba, incluso aquí [México] y encontré recortes de periódico pero no encontraba las imágenes que yo estaba buscando. 

Tuve muchos diálogos con Carla Molina, la fotógrafa, sobre la representación de la ausencia, el silencio y el paso del tiempo. Buscamos texturas, colores y formas que funcionaran. Algunas personas nos decían “Está bien, me puedes filmar pero no en mi casa, ni en mi trabajo” entonces debíamos pensar en un lugar en dónde las personas se sintieran cómodas fuera de su espacio personal y cómo hacer hablar a esos espacios. En un principio hubo muchos obstáculos pero tuvimos que darles la vuelta.

GaF: El documental está filmado en espacios solitarios, oscuros y de cierta forma abandonados ¿como fue para ti visitar espacios con tanta memoria?

AT: Elías se compara con un topo, que son animales que viven en la oscuridad. Nos interesaba filmar el Ministerio de Gobernación, la Cinemateca Enrique Torres y el deshuesadero de carros porque son lugares que hablan por sí solos. Pasaron unas casualidades increíbles porque encontré grabaciones de las ruedas de prensa del ministro que recibía a los periodistas, organizadas por Elías, cuando nos prestaron un cuarto en el Ministerio para filmar ¡era exactamente el mismo cuarto de los videos y están los mismos sillones! El deshuesadero de carros es un lugar emblemático, es la metáfora de Guatemala hay mucho sentidos y este lugar nos habla del pasado de Guatemala nos habla de la violencia que atraviesa Guatemala hoy en día pero al mismo tiempo es un lugar hermoso y es un lugar que está siendo comido por la naturaleza entonces es increíble. Fue muy bonito pensar en las locaciones y hacer hablar a los lugares. Guatemala tiene en su arquitectura como un encapsulamiento extraño, como si el tiempo no hubiera pasado y eso también dice mucho también de hoy en día.

GaF: Quiero hacerte una pregunta que tú le haces archivista de la Cinemateca ¿Qué sientes cuando proyectas estas imágenes?

AT: He visto muchas veces el documental, la última función dije “no me voy a quedar” ¡Me quedé y lo vi entero!. Siempre veo algo nuevo, a veces quiero cambiarle cosas pero te vas acostumbrando, Me acuerdo que la primera vez que lo proyectamos en una pantalla grande pensé “¡Ay mamacita! y ahora ¿qué voy a hacer yo con esto? ¡Qué responsabilidad!”. Hacer un documental siempre significa una responsabilidad, con tantas sensibilidades de personas que salen en él y que abrieron su corazón, se siente mucha responsabilidad pero al mismo tiempo hay una satisfacción de haberlo hecho.

GaF: Después de la realización y exhibición de esta película ¿ha cambiado la forma de relacionarte con estos temas, con la película y con las luchas contra el silencio? 

AT: Es interesante porque siempre cambia y va evolucionando. La forma en la que me acerqué hace 6 años a hacer el documental a filmar a Elías o inclusive después de que falleciera no tiene nada que ver con hoy en día.  Creo que hay cuestiones que van madurando, aunque creo que tener algunas veces un poco de inocencia e ingenuidad  no es malo tampoco.

Me acuerdo que al principio quería ser más confrontativa y hacer a la gente hablar. Aunque sigo pensando que la izquierda en Guatemala tiene muchísimo silencio de todo tipo, que la gente se está muriendo y se está llevando todo eso a la tumba, en algún momento algo cambió e intenté entender eso. Si bien hay que cuestionar el silencio y confrontarlo también hay que entender de dónde viene, por qué las personas lo siguen teniendo. Se les impregnó tanto debajo de la piel y en sus cuerpos de una forma que inclusive hoy en día es complicado cambiarlo. También entendí que hay varias formas y razones del silencio. Para una persona, en su momento, pudo haber significado salvar la vida, o sea darle vida a su familia.  Al mismo tiempo, hay silencios que son terribles, que otorgan y que son cómplices.

He trabajado mucho el testimonio a través de la palabra porque siento que se necesita hablar y a través de la palabra. Ahora estoy intentando buscar nuevas aproximaciones a temas difíciles, que no sea solo quedarnos con el dolor si no también que haya mucha dignidad. Aprender a conectarnos de otras formas que no sean el dolor o la victimización.

El silencio del topo - Ambulante

Sobre la realización documental 

GaF: ¿Cómo te iniciaste en el documental?

AT: Me encantaba ver documentales políticos y me acuerdo que era una gran emoción conseguirlos o piratearlos y pasarlos entre amigos. Me encantaba la imágen y empecé a hacer fotografía fija, luego conseguí una camarita con vídeo y cuando tenía 25 años me metí a un taller para aprender a usar Final Cut 7, la edición me parecía increíble.

Hice un master de Sociología y nos dejaban usar las cámaras así comencé sola a filmar a David y lo terminé editando yo para el cortometraje. No sabía escribir una sinopsis o hacer un guión, eso vino después y en los últimos 7 años cuando empecé con la idea de hacer el documental me metí a varios talleres de carpeta y presentación de proyectos. Me fui formando mientras hacía, también viendo documentales, escuchando charlas y creo que es una formación perpetua porque lo sigo haciendo, siempre se sigue aprendiendo. 

GaF: ¿Cómo es hacer documental en Guatemala y con qué paredes te sigues encontrando como mujer?

AT: Creo que Guatemala está en muy buen momento, muchas personas están haciendo cine desde diferentes horizontes. Se ha ido abriendo camino porque hace 10 años eran muy pocas las personas que lograban hacer un largometraje, aún no hay financiamiento, ni hay fondos de cine, ni hay una ley de cine pero hay varios lugares donde puedes estudiar, colectivos y redes que promueven el cine comunitario y también han surgido varios este cineastas desde entonces. Hay más visibilidad pese a todas las dificultades, porque la gente que hace documental lo hace con poco recursos y con muchos obstáculos. Yo veo que la gente está muy animada en querer contar sus historias.

Hay cada vez más mujeres haciendo y aunque todavía no hay una asociación o una red de mujeres cineastas en Guatemala, estamos entre nosotras en comunicación y queriendo unirnos para trabajar más entre nosotras, no solamente directoras, sino también mujeres fotógrafas, editoras, sonidistas, etc. 

Todas nosotras nos hemos visto confrontadas al machismo, a la falta de visibilidad en los medios, si buscas películas el 85% de lo que se habla sobre cine está hecho por hombres.Algunas veces se siente que te toca estar siempre tratando de “estar a la altura”. Aunque no nos corresponde, nos tocará todavía estar abriendo y exigiendo espacios. Este trabajo es en todas las áreas. 

The Silence of the Mole (2021) | MUBI

GaF: ¿Cuáles son tus intereses como realizadora, cómo te gustaría continuar?

AT: Estoy trabajando ahorita en dos mediometrajes, uno relacionado con género y derechos humanos, siempre me jalan los temas sociales, son proyectos más chiquitos y no son tan autorales pero voy a seguir en esa línea de seguir trabajando con temas colectivos y con organizaciones que defienden los derechos humanos, porque a lo largo de los años he trabajado ahí. Por otro lado quiero iniciar un proyecto documental que sea de archivos. Aún no tengo la historia, pero quiero jugar mucho más con imágenes de archivo, darles una nueva vida y una reinterpretación a las imágenes, me gustaría jugar con esa narrativa y mezclar entre ficción y documental.

GaF:¿Cómo entiendes el cine documental y qué representa para ti el estarlo haciendo?

AT: Alguien decía que “hacer cine documental, más que un arte, es un gesto o una forma de vida”. Me parece muy acertado porque cada quien lo vive de forma diferente y lo importante no es el producto sino la forma de relacionarte con las personas y con el mundo. Muchos de nosotros en Guatemala salimos con la cámara y queremos documentar, aunque no necesariamente sepamos que vamos a filmar y no sabes si usarás esas imágenes 5 o 10 años después. Al mismo tiempo es estar interesado en la preservación de archivos.

Para mí es estar en todo un proceso, no es decir ‘voy a dirigir’, sino estar de principio a fin; en la investigación, producción, edición y distribución. Es un estilo de vida que yo disfruto, aunque algunas veces sea difícil a nivel económico, pero yo ya no me veo de otra forma al menos por el momento no.

Imagen

Adriana Kong

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