Film Review: Noche de Fuego – pensar el género en términos de supervivencia.

Por: Daniela García Juárez | @danigcjrz

Desde el narcocine hasta la tragedia mexicana contemporánea, los filmes actuales que retratan la barbarie ocasionada por los grupos delictivos y el crimen organizado son vastos. La propensión hacia el impacto visceral y el morbo también lo son. No solo en el cine, el amarillismo de las noticias y el sadismo aleccionador del relato oral contribuyen a negar la complejidad de las personas que están detrás de los titulares, como si no existieran más allá de la violencia que los enmarca. 

Noche de fuego (2021), la primera ficción de la documentalista Tatiana Huezo, anuncia una singular oposición a esta tendencia. Desde una inclinación fílmica, más cercana al documental, que da forma a la vehemente búsqueda por evidenciar realidades inimaginables en las periferias del país, la directora construye un inusual coming of age. Partiendo del horror inscrito en la cotidanidad, Huezo pone el reflector sobre las infancias y adolescencias habitantes de los territorios asolados por el narcotráfico, cuyas vidas están determinadas por el peligro que emana de su condición sexo-genérica. 

La película sigue a Ana (Marya Membreño) y sus amigas, quienes viven en una comunidad rural de la Sierra donde se cultiva amapola roja, ingrediente de la heroína. Inocentes a los riesgos que amenazan su vida, su mundo gira en torno al juguetón descubrimiento de la propia identidad. Mientras tanto, sus madres, la mayoría solteras por la migración de sus esposos, se preparan como hábiles evasoras de los peligros que las acechan, instruyéndolas para distanciarse de la performatividad femenina y enfocarse en el desarrollo de capacidades para la supervivencia. 

Noches de fuego llega a Netflix - Telokwento

En una de las tempranas e impactantes secuencias de la película, Ana es forzada a cortarse el cabello “como varón” con la excusa de prevenir los piojos. Las lágrimas escurren silenciosamente por sus mejillas dentro de un largo close-up con un objeto velando parte del encuadre. La imagen es un símil de su entorno relacional, debido a que, en su inocencia infantil, la crudeza de la verdad también le es velada. Su madre (Mayra Batalla) se erige desde lejos con una postura impiadosa y fría, aunque es posible avistar agua al filo de sus ojos. Así, Ana es arrancada de un elemento esencial en su proceso de construcción identitaria, con el objetivo de priorizar algo más urgente: la preservación de su vida. 

Hacia el resto del filme, la relación entre madres e hijas pende de una cuerda floja entre el adultocentrismo y la protección desesperada. La cámara, que sigue mayormente el punto de vista de Ana, evidencia los estragos psicológicos que ha causado la autoritaria crianza de su madre, pero la indiferencia afectiva de la última también revela una profunda devastación interior, producto de años de tormentos indescriptibles. Paralelamente, el vínculo entre Ana y sus amigas se forma como un lugar seguro donde está permitido pintarse los labios a escondidas, cuchichear sobre su atracción por el sexo opuesto, desarrollar un sentido de intuición brujil y divertirse como cualquier otra preadolescente.

NOCHE DE FUEGO - Festival de Cannes

La película acierta en su distancia de retratos cruentos y/o vanagloriosos del narcoestado, reemplazándolos por una exploración compleja del entramado social, otorgándole el foco a las mujeres, arrojando preguntas sobre el género, la maternidad y la importancia de la sororidad en la defensa de la violencia patriarcal.  Huezo se aleja de la estética de la pornomiseria, tan cara a filmes centrados en la narcocultura, para elaborar una propuesta visual naturalista que enfatiza la belleza del entorno campestre, unida a una construcción narrativa melodramática que subraya la emotividad del mundo interior de sus personajes femeninos, desde sus sueños perdidos hasta sus ilusiones posibles. 


Con Noche de fuego, Tatiana Huezo logra introducirnos a un universo poco explorado en el imaginario colectivo, el mundo de las niñas que quieren ser niñas en un país que ni siquiera eso les permite.

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Daniela García

Comunicóloga en proceso y muchas otras cosas más que me gusta empezar y a veces terminar. Primero están mis amigos, después el cine y luego todo lo demás.

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