Film Review: Retrato de una madre imperfecta

Por: Carime Esquiliano  | @carimeconc

Soy mexicana. Entre todo lo que eso conlleva dentro de la cultura en la que me muevo existe un elevado grado de admiración hacia los países escandinavos. Entre muchas varias razones, en cuestiones de agenda feminista -por ejemplo- la admiración va dirigida hacia Suecia dado que es uno de los pocos países que ha logrado abolir la prostitución estableciendo modelos que dignifican la vida de las personas involucradas y las ayudan a salir del sistema prostituyente. De alabarse. La cinta sueca Retrato de una madre imperfecta (Amanda Kernell, Suecia, 2020) invita a bajar del pedestal a estados ajenos al mío porque ningún territorio nunca es por completo una utopía.

Alice es madre del niño Vincent y la adolescente Elina y está en proceso de divorcio. Tiene dos meses que no ha visto a sus crías cuando recibe una llamada del menor, a mitad de la noche, llorando. Alice se alarma y corre hacia sus hijos en aras de auxiliar a Vincent en lo que sea que le haya acontecido. Convencida de que sus hijos no están bien, Alice toma entonces una decisión sumamente arriesgada: se lleva a sus hijos de vacaciones a las islas Canarias por una semana sin avisarle a nadie. En cualquier o muchos otros escenarios esta decisión sería bien vista, sería incluso sana para el vínculo madre-hijos; pero no lo es tanto cuando se está en proceso jurídico de divorcio en el cual ella está perdiendo la custodia. La hipótesis es contundente: ¿qué sucede como madre ante la posibilidad de perder a tus propios hijos? ¿Qué tan lejos irías para permanecer a su lado? ¿Cuándo es demasiado lejos y cuándo es necesario seguir luchando?

El arquetipo de la madre se ha permeado posiblemente desde siempre. En siglos pasados la figura madre se ha significado como aquella quien todo lo sacrifica por sus hijos y como la eterna cuidadora; a nivel social, la que pretenda evadir la inminente carga del sacrificio y cuidados será juzgada y culpabilizada. En años recientes (muy recientes) el concepto sobre ser madre se ha venido reconfigurando nuevamente en algunas sociedades. Ahora las mujeres tienen la posibilidad de estudiar una carrera universitaria y, con eso, de desarrollarse en el campo profesional. ¿Qué sucede entonces cuando las mujeres que son profesionistas deciden también convertirse en madres? Trabajar y ser madre fue la decisión de Alice y la razón por la cual se le acusa de abandonar a sus crías; lo cual le ha dado el mayor argumento a los abogados para decidir quitarle la custodia y otorgársela al padre. En Suecia, una madre que no tenga la custodia legal y vea a sus hijos de manera ‘informal’ es susceptible a que le otorguen de dos a cuatro años de cárcel.1 Y -recordemos- que en Suecia sí se aplican las leyes. En su libro “Mamá desobediente” la española Esther Vivas explica la problemática a fondo: La demanda de querer mantenerse activas en el mercado laboral es poco tolerable cuando el patriarcado nos ha dicho que cuidar es sinónimo de renunciar voluntariamente a todo lo demás. Trabajar se considera incompatible con la crianza porque la crianza es un trabajo por si mismo.2

Retrato de una madre imperfecta (2020) - Filmaffinity

En todo momento vemos a la protagonista vivirse al límite del desborde mental y emocional. No puede colapsar, ella misma no se lo permite: antes que cuidarse tiene que cuidar a Vincent y Elina. La falta de contención y de tribus de apoyo la llevan a tomar decisiones radicales una tras otra vez con tal de poder estar por unos días con sus propios hijos. En el camino va descubriendo la falta de vínculo que tiene, en específico, con su hija adolescente Elina. En poco tiempo Alice nota comportamientos insanos y autodestructivos en su hija: anorexia. Elina por su parte es una joven en búsqueda de su propia identidad que está luchando no sólo por sostenerse ante el quiebre de su esquema familiar sino también ante el sistema patriarcal que nos dicta a las mujeres que debemos ser delgadas y nuestro cuerpo debe tener cierta forma. Para fortuna de Elina, Alice está presente para fungir su rol: es su madre; por lo tanto es también quien sabe mejor cómo asistirla y guiarla para atravesar un episodio de tal calibre. ¿Es acaso la adolescencia el momento en el que mayor atención necesitan o se le debería de poner a los hijos? Sobrevivir con éxito a la adolescencia y al mismo tiempo un divorcio es posible en la medida en la que madre y padre estén presentes.

De Yolitzin Sillas aprendí que observar como mujer a mi propia madre abre posibilidades profundas: hacerlo resignificaría su historia de vida y, por lo tanto, nuestra historia de vida juntas y nuestra relación. Reconocerla mujer antes que madre es una vía para promover una relación pacífica entre nosotras y –quizás- dar un paso más: perdonarla y perdonarme. La película anuncia en mayúsculas que una madre siempre es y será imperfecta porque, como todos, es humana. Y, por mucho, exhorta a la audiencia a entender la abismal importancia y urgencia de empatizar con las múltiples implicaciones que giran en torno a la maternidad.

1Kernell, A., “Charter | Q&A with Director Amanda Kernell”, Sydney Film Festival, 2020. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=QlVl9R9CWIc

2Vivas, E., “Mamá desobediente: Una mirada feminista a la maternidad”, Argentina, Ediciones Godot, 2020.

Carime Esquiliano Sllim
Mujer, mexicana, feminista y muy pero muy cinéfila.

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