Especial #Oscars: El quiebre entre un antes y un después de Kathryn Bigelow

Por: Mayra Cerda | @maycerdis

Era el año 2010 y me empezaba a interesar el cine como carrera así que decidí ver y ser testigo de todo lo que estaba a mi alcance. Claramente, ya que eran considerados uno de los premios más importantes y esperados del año, no podía perderme la 82.ª ceremonia de entrega de los premios Oscar. Jamás olvidaré lo que sentí cuando Kathryn Bigelow fue anunciada como ganadora a Mejor Dirección y Mejor Película con The Hurt Locker (2009), de la cual mi compañera Julia Iturbude les contará más a detalle. Recuerdo la adrenalina y emoción que sentí, pero sobre todo, la realización de que una mujer tuviera que esperar 82 años para hacer este tipo de historia. Sentimientos encontrados que siguen latentes y que un segundo parecen quedar en el pasado para toparnos con la realidad más adelante. Sin embargo, lo mejor de esta experiencia fue que me inició en la carrera de una fantástica directora con una cinematografía apasionante, llena de detalles y emoción difícil de emular.

No se puede mencionar a Kathryn Bigelow sin recordar su éxito con Point Break (1991), cuarta película que dirigió y con la que demostró tener la capacidad de no solo poder dirigir una película de acción, sino también de lograr contarnos una historia enfocada en sus personajes, sus deseos y sus miedos. A continuación les platicaré porque es de mis favoritas y, a pesar de haber tenido 30 años para verla, les recuerdo que seguro tendrá spoilers así que lean bajo su propio riesgo. 

Kathryn Bigelow y cast durante la grabación de Point Break (1991). Foto: SNAP.

Kathryn Bigelow ha sido descrita como controladora por su manera de trabajar casi militarista, pero se sabe que todo plano en pantalla tiene su razón de ser. En una entrevista con Moving Pictures, la cineasta platicó que las tomas elegidas para cada escena no solo son para contar la historia, sino para mostrarnos a los personajes íntimamente, casi creando una coreografía para guiarlos.

Point Break relata cómo cambia la vida del agente del FBI, Johnny Utah (nombre inspirado en el famoso exjugador Joe Montana), cuando se cruza con el surfista y criminal Bodhi, quien se dedica a robar bancos junto con sus amigos disfrazados de ex presidentes, interpretados por Keanu Reeves y Patrick Swayze, respectivamente. Si uno no estuviera persiguiendo al otro serían la amistad perfecta, cada uno el reflejo opuesto de lo que el otro es, complementando la vida llena de reglas y trajes de Johnny contra la libertad y tablas de surf de Bohdi, nombre que por cierto significa ‘iluminación’ y lo cual podemos suponer que no fue una elección al azar. Muchos ven la película como el mejor ejemplo de un vínculo afectivo entre dos hombres, hoy conocido mejor como un bromance; sin embargo, creo que la amistad que pudo haber entre ellos nunca surgió.

Me atrevo a decir que en realidad, más que amistad, hubo resentimiento uno por el otro. Johnny claramente estaba fascinado con el estilo de vida de Bodhi, esa libertad de no tener un anclaje a nada ni nadie es bueno cuando huyes del mundo, pero no lo mejor cuando sabes que acabarás completamente solo y no puedes hacer nada para evitarlo. A diferencia de Bodhi, lo que más quería Johnny era pertenecer, no importaba si era al FBI, a un grupo de surfistas, o siendo la pareja ideal de Tyler, interpretada extraordinariamente por la actriz Lori Petty. A mi parecer, ella es el eje que rige a ambos, uno estando dispuesto a arriesgar su vida para salvar la de ella mientras que el otro la sacrifica para salvar la suya. 

Lo que más destaca entre los actores es la química tangible que comparten en pantalla, una elección acertada por Kathryn Bigelow. Keanu Reeves en ese momento solo era conocido por Bill & Ted’s Excellent Adventure (1989), en donde interpretó a un personaje bastante cómico que no podía ser más diferente a un agente del FBI. Muchos en el estudio y el área ejecutiva querían a alguien de más renombre, pero la directora luchó con todas sus fuerzas para que le permitieran a Keanu Reeves representar ese papel. No solo lo hizo de manera excepcional, sino que le abrió las puertas a tener todas las oportunidades disponibles en el ámbito de películas de acción, romance, ciencia ficción, o lo que fuera que le interesara, y tanto él como sus fans lo agradecen.

Still de Point Break (1991).

Con Patrick Swayze fue diferente, pues él ya era conocido gracias a sus papeles en Red Dawn (1984), Dirty Dancing (1987) y Ghost (1990), entre otras. Para él lo más importante era que se identificaba mucho con el personaje y los ideales de Bodhi y era claro que no había otro papel que él pudiera interpretar. Otro personaje a destacar es el de Gary Busey, actor que suele interpretar a personajes alocados pero siempre dándole su propio twist. Y para cerrar con broche de oro tenemos a la actriz Lori Petty, quien al audicionar hizo que Kathryn Bigelow cambiara por completo su personaje, pasando de una típica surfista curvilínea rubia a ser una mujer atlética con una personalidad real y ojos magnéticos. 

Al ver la película es imposible no preguntarse si fueron escenas grabadas con tecnología CGI, las imágenes son tan precisas que sorprende el hecho de que todo fue grabado en locaciones reales y que la mayoría de las acrobacias y escenas de acción fueron interpretadas por los mismos actores. Para lograrlo, Kathryn Bigelow dibujó con extremo detalle cada toma, cada escena y cada movimiento de los personajes para así definir la mejor manera de grabarlos con el cinematógrafo Donald Peterman, y después definirlo con los actores en locación.

Entre ellos decidieron que lo mejor sería acercarse a la acción lo más posible e idearon una cámara tipo esnórquel para aproximarse sin invadirlos. En las escenas donde los actores no podían o no sabían hacer los trucos de surf o de paracaidismo, la cámara cortaba a los actores de soporte que sí sabían surfear o tirarse de paracaídas. De esta manera, podían simplemente ir a ellos para las tomas cerradas y mantener la tensión de cada escena sin necesidad de ver a los actores principales.

Por ejemplo, una escena muy conocida es la de la persecución cuando Johnny interrumpe a Bohdi y sus amigos durante el robo de un banco que estaban llevando a cabo. Para estas escenas Keanu Reeves y el doble de Patrick Swayze (por obligaciones laborales, él no pudo estar presente) estuvieron corriendo constantemente, sabiendo exactamente el tiempo y acción que debían hacer ante las cámaras. Precisamente por esta atención al detalle es que es una de las escenas más memorables, formando una tensión palpable con cada obstáculo y que al final nos lleva al grito icónico de Johnny cuando dispara al aire sus balas al no querer herir al que consideraba ya su amigo. Cada una de estas cualidades logran cimentan a Point Break como una película clásica y atemporal en la historia del cine de acción. 

Still de Point Break (1991).

Kathryn Bigelow demostró que además de ser una gran directora puede tener éxito en diferentes géneros como noir, suspenso, thriller, acción, bélico y esperamos que todavía le queden historias y personajes por explorar. Lo que ahora se necesita es el apoyo tanto de los estudios como del público que con cada compra, seguimiento y petición van moldeando el futuro del cine, sabiendo el poder que tienen o no.

Los premios Oscar han perdido su privilegio y seguimiento del público al dejar sus votaciones en manos de hombres blancos cuyas ideologías son arcaicas e incorrectas. Año tras año se les ha pedido que modifiquen sus parámetros, que le den oportunidad a aquellos que no la han tenido y que respeten a aquellos con los que no están de acuerdo, pero lo único que hacen es seguir fallando una y otra vez. Ahora nos queda a nosotros hacer el cambio que tanto queremos ver en pantallas porque no es suficiente quejarnos y apuntar a lo que está mal.

Si queremos ver más historias de mujeres, para mujeres, por mujeres el primer paso es empezar a hacerlo, darles esa oportunidad que tanto merecen para que así más público alcance a ver sus ideas y sus creaciones, sin importar si han ganado premios o no. Kathryn Bigelow no tuvo suerte, al contrario, tuvo educación, estudios, dinero, conexiones y aún así le costó mucho trabajo llegar a donde está ahora. Lo más importante ahora es que, con o sin un Oscar bajo el brazo, nos atrevamos a ver más géneros y a más directoras y apreciar lo que tienen que ofrecer para darles una oportunidad y su lugar en la historia del entretenimiento que tanto merecen. 

Mayra Cerda
Cuando Mayra no está en alguna cabina de ESPN esperando a entrar al aire, probablemente la encuentres en una sala de cine intentando contener sus emociones y lágrimas ante personajes nuevos e historias familiares, que la llenan de inspiración por seguir descubriendo todo lo que el séptimo arte nos invita a conocer y sentir.

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