Especial #Oscars: Bigelow y la mirada propagandística en La Noche Más Oscura

Por: Daniela Alcántara | @danialcantar__ 

La noche más oscura inicia con un plano negro en el que solo podemos escuchar un montaje de voces y sonidos que, sin necesidad de apoyo visual, proyectan una imagen clara en nuestra cabeza de una de las escenas más trágicas capturada en miles de pantallas alrededor del mundo. El 9/11 marcó un antes y un después en cuanto a cómo nos comunicamos. La noticia pasó de ser “el hecho sucedido” al “hecho que está sucediendo”, y aunque para Estados Unidos sigue siendo un tema sensible y difícil de dialogar, para el resto del mundo quedó marcado como un parteaguas en la posmodernidad de los medios. Es significativo, vale la pena ser contado, pero cuando la historia la cuentan los involucrados, siempre existe la posibilidad de una parcialidad hiperbólica, mientras el país vecino sostiene su fábula de patriotismo alrededor de parcialidades hiperbólicas. 

Un año después de la tragedia, salió Eleven Minutes, Nine Seconds, One Image: September 11. Un filme que juntó el talento de diversos directores que aportaron su perspectiva sobre el suceso con 11 diferentes cortometrajes. El corto de Alejandro González Iñárritu, que es una imagen blanca conducida por un montaje de sonido y voces, se convierte en un poderoso, pero inquietante espejo de lo que pasó y no pude no inclinarme a creer que sirvió de inspiración para los primeros segundos de La noche más oscura

De la misma manera que lo logra Iñárritu, Kathryn Bigelow nos deja sentir la desesperación de lo acontecido, el objetivo es que desde la primera escena empaticemos con nuestra protagonista y su deseo de venganza. Maya, protagonizada por Jessica Chastain, es una representación de las mujeres que participaron en lo que para Estados Unidos sería una de las misiones más importantes de la CIA: capturar a Osama Bin Laden. Maya nos toma de la mano y nos lleva como espectadores a lo largo de una década de arduo trabajo de inteligencia que culminó con la efectiva aprehensión del líder de Al-Qaeda. 

Sin embargo, a pesar del trabajo de investigación –de años– del guionista Mark Boal y de la propia Bigelow para armar un rompecabezas de no ficción, este termina notándose caricaturesco en pantalla.

Still La noche más oscura, Dira. Kathryn Bigelow.

El filme es, ante todo, una narrativa clásica de drama en donde hay claros protagonistas y antagonistas, un conflicto y un objeto de deseo que se nos repite incansablemente y que, incluso Maya, expresa con certitud al asegurar que su objetivo es matar a Bin Laden. Lo que nos deja con referencias históricas tremendamente complejas contadas de la forma más simplista posible, en una película que abraza su parcialidad en la búsqueda de enaltecer a los héroes americanos que “salvaron al mundo de nuevo”. Además, nos presenta una resolución que, si bien ya conocíamos, carece de build-up, de suspense y de interés. 

Los diálogos de Boal tratan al público como si fuese incapaz de entender que Maya es un personaje fuerte, por lo que enfatiza su necesidad de serlo. Por encima, luce como un trabajo de construcción del personaje desde una perspectiva de género, pero conforme avanza la historia, su personaje se convierte en la misma caricatura en la que buscan retratar a Bin Laden que, además, nunca es visto en las 2 horas y 37 minutos de runtime. 

Las décadas de experiencia que Bigelow tiene detrás de cámara en la construcción de escenas de acción, también se hacen notar en la película; y los últimos veinte minutos, que en realidad son los verdaderos “Zero Dark Thirty”, muestran su forma natural de contar historias incluso con planos carentes de luz. 

Es claramente refrescante saber que una mujer ocupa un espacio entre los directores A-List de Hollywood, y que se lo ganó con base en su trabajo, porque no por nada es la única mujer ganadora del premio de la Academia como Mejor Directora por su película The Hurt Locker en los 93 años que los Oscares tienen de existencia (ya puesto en palabras hasta se siente un “auch” y la pregunta inminente de ¿cómo es posible?). Pero Bigelow hace un excelente trabajo, su presea es más que merecida y para la carencia de representación de mujeres en el cine, debería ser aplaudida por todxs. 

Joel Edgerton y Chris Pratt en La noche más oscura, Dira. Kathryn Bigelow. Foto: Jonathan Olley.

Pero aún así, La noche más oscura deja un mal sabor de boca para lxs que nos gusta poner atención más allá de lo evidente, e incluso me permite cuestionar el por qué estuvo también nominada a un Oscar. Indudablemente, Bigelow y Boal sabían a qué público se dirigían y entregaron un largometraje que checa todos los requisitos en el formulario de Mejor Película: actuaciones destacadas, una historia real, una narrativa predecible, drama y un claro mensaje propagandístico de que Estados Unidos es, nuevamente, “the best fucking country in the world”. Considerando el target al que querían llegar, más allá de artistas del séptimo arte, los considero grandes mercadólogos. 

A pesar de sus intentos de generar personajes tridimensionales, e incluso de mostrarnos “momentos crudos” como los supuestos programas de tortura de la CIA (que por cierto, causaron controversia cuando la película salió en cines en 2012), no deja de sentirse como una refinada versión de Armageddon o Día de Independencia; cuestión que me parece insidiosa debido a que toca temas reales con personas de carne y hueso en una situación que afectó no solo a Estados Unidos, sino a muchos países y personas inocentes alrededor del mundo. 

Quizás peco de hiperbólica también al pensar en Leni Riefenstahl mientras veía Zero Dark Thirty, porque es cierto que no podemos hacer una comparación de tal magnitud, pero también es cierto que no está lejos de mandarnos un mensaje que se siente muy inclinado hacia un lado de la historia y que se nos vende como si fuera la absoluta verdad. Ahora bien, si consideramos que seguimos viviendo bajo el “régimen” del neo-capitalismo liderado por nuestro vecino del norte, ¿qué tan descabellada es la comparativa? 

Kathryn Bigelow es una gran directora, pero estaría interesante ver su foco detrás de historias que se sientan menos maquilladas y mucho más dispuestas a dejar en el espectador la libertad de decidir qué opina sobre “lo que está sucediendo”. 

Daniela Alcántara
Comunicóloga. Fiel creyente del poder de las historias. Peggy Olson versión millennial de día, guionista de noche. De vez en cuando disfruto hablar de feminismo, mindfulness, Timothée Chalamet, y por supuesto, de cine.

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