Film Diary #FICUNAM11: Moving On, crecer en soledad

Por: Ximena Chávez Prado| @centaureadivina

Una furgoneta cruza las calles de una pequeña ciudad en Corea del Sur, siempre mirando hacia el frente. De repente la luz blanca del día es interrumpida por las lámparas de un túnel que atraviesa el vehículo: se vuelve más baja, tenue,pero mantiene cierta calidez. La imagen dura unos cuántos segundos antes de que la luz vuelva a ser como antes, antes de volver a la naturalidad del sol. Tal como es de esperarse Moving On (2019) de la directora surcoreana Yoon Dan-bi es una película sobre atravesar la oscuridad mientras, a nuestros ojos, el resto permanece en la luz.

Qué difícil hablar de lo que sea sin referir a la pandemia, sobre todo cuando se trata de hablar de tiempos difíciles y de pérdidas. Luego de un rato de pensar en cómo acercarme a esta película me doy cuenta de en realidad es ella quien llegó a mí igual que si caminando en la calle me hubiese topado de frente con un espejo o con mi doppelgänger. Hace un año esta película hubiese sido una experiencia totalmente distinta para mí, hoy puedo reconocer en ella la misma sensación de pérdida que ha invadido mis últimas semanas. Moving On más que decirnos “se puede salir del dolor” —como cualquiera esperaría con ese título. Nos pone al dolor de frente, a una distancia prudente para que podamos vernos de cuerpo completo en él, para que lo veamos en nosotros.

Okju (Choi Jung Woon) junto a su hermano menor, Dongju (Park Seung Joon) y su padre (Yang Heung Joo), van a casa de su abuelo (Kim Sang Dong) a “pasar unos días” por las vacaciones de verano. Pronto nos damos cuenta de que el padre se ha quedado sin trabajo, que no tienen mucho dinero ahorrado y en realidad ha vuelto a la casa del padre para refugiarse. El abuelo está enfermo, sin embargo, acepta silenciosamente en su casa a las visitas, a los nietos que en años no ha visto y con quienes no tienen ningún vínculo más allá de compartir su sangre.

No tarda en saltar la incomodidad de Okju ante su nueva situación: es la única mujer entre tres hombres, apenas es una adolescente y le molesta tener que compartir cuarto con Dongju; así que no tarda en delimitar el espacio a su conveniencia. Dongju, muy pequeño para entender qué le sucede a su hermana, se molesta ante su actitud pero la novedad que representa para él una casa tan grande (de las que ya casi no se ven en Corea del Sur, toda hecha de pequeños departamentos) y su estado de inocencia lo distraen de los problemas familiares. Muy pronto se suma a la familia la tía (Park Hyun Young) de los niños que, en medio de un divorcio, también decide volver a la casa donde creció.

Moving On nos presenta la convivencia —y sus retos—entre tres generaciones, así como sus distintas formas de actuar y de no actuar ante la adversidad. La cinta también ilustra la fuerza con la que las tareas cotidianas se imponen al duelo: las varias escenas de la familia cocinando, comiendo, yendo al trabajo, estudiando y llevando al abuelo al doctor —aunque no tienen el dinero para costearlo— demuestran esto, en ningún momento los vemos tener la catarsis que necesitan; los personajes resisten en silencio y empujan sus cuerpos hasta el final del día solo para, al despertar, hacerlo todo otra vez.

Mientras todos parecen inmersos en un tipo de insensibilidad, escapismo y hasta indiferencia, Okju es la única que busca formas de enfrentarse con dignidad a sus problemas y, al mismo tiempo, ve la manera de seguir siendo una adolescente, de mostrarse ante otros como si su vida estuviese en orden. Su preocupación principal es ser amada y, en segundo lugar, su apariencia física puesto que, como mujeres, se nos dice que seremos amadas según la medida de nuestra belleza. Yoon Dan-bi no se conforma con ilustrar los problemas familiares que muchos tenemos, también hace una representación de la angustia de crecer como mujer y no tener nada de lo que se espera de nosotras. Muchos de sus actos son desde la desesperación y el egoísmo, pero es precisamente en ellos donde radica gran parte de la honestidad del filme.

Okju es la representación de muchísimas adolescentes surcoreanas que hoy en día, igual que en Latinoamérica, son bombardeadas con imágenes sobre cuerpos perfectos, con ilusiones sobre cirugías estéticas en lugares cada vez más inverosímiles, por ejemplo: en los parpados. Sea para aumentar el espacio en el lagrimal, sea para deshacerse de los monolids, Corea del Sur se ha convertido en el paraíso de las cirugías plásticas pues, en solo 30 minutos pueden lograr que el ojo asiático se asemeje un poco más al occidental, entre otros cambios “pequeños” que fácilmente nos hacen cambiar de opinión sobre algo que hasta hace unos años era tema tabú. A pesar de todo, Okju nunca resulta antipática, al contrario: es un personaje por el que rápidamente nos interesamos, nos preocupamos y la entendemos.

También es a través de Okju que la directora muestra la necesidad de tener tu propio dinero siendo una adolescente: aunque ese dinero solo sea para pequeñas salidas, para “invertir” en nuestra imagen, rímel y brillo labial o para hacer un regalo al novio en turno, el ingreso económico alivia la inseguridad de las adolescentes. Dinero que nunca es realmente el propio, pues es dado y controlado por los padres. Cuando era estudiante intentaba no gastar (sinónimo de comer poco) para ahorrar una pequeña cantidad cada semana y después poder comprar un delineador, un labial o una blusa con la que esperaba volverme más atractiva y así terminar con la maldición de la soltería o solo para verme diferente, para parecerme a la que quería ser. Okju vive en ese estado de no ser lo que se desearía ser y de no tener recursos para ello: no tengo nada lindo que ponerme, dice en un momento en donde su imagen sería lo menos importante.

Yoon Dan-bi

“Nunca había visto que representaran eso en una película” me dijo una amiga (Karen Zabs) al respecto del deseo de Okju por hacerse una cirugía, yo nunca había visto que alguien reflejara la angustia y vergüenza que sentí esos años ni la dificultad para obtener ciertas cosas cuando dependes de tus padres. Al menos no sin juzgar. Y aunque no es su objetivo principal, la directora lanza una pregunta, quizás más para sí misma pero que podemos hacernos nosotras: ¿realmente habría servido de algo?, ¿la operación realmente le hubiese servido a Okju?, ¿tener un novio le hubiese dado el apoyo que buscaba?

La personaja es atravesada por algo más grande de lo que no es consciente: la ausencia de su madre. Falta que a ratos intenta llenar con la imagen de su tía, pero que también la llena de decepción; falta que reconoce en su abuelo que por las noches extraña a su difunta esposa y que termina de materializarse cuando éste, al morir, la deja sintiéndose más sola. Yoon Dan-bi también nos da un retrato de los velorios coreanos, de cómo se vive la muerte siendo un niño, siendo la hermana mayor o siendo un adulto. Pinta la muerte sin melodrama y más como las largas horas de desvelo, el hambre y la necesidad de reír y de ser abrazado que se tienen durante un velorio. Es también el relato de cómo se viven las pérdidas importantes, las que nos enseñan cómo es perder a alguien para siempre, lo que es conocer la muerte por primera vez.

Moving On como dije al inicio, no busca aleccionarnos ni darnos un instructivo sobre cómo atravesar la pena; tampoco hace un recuento crudo y sin empatía de lo que es tener una familia disfuncional, no tener trabajo o pensar en llevar a tu padre a un asilo. Ilustra los problemas como son: un túnel oscuro que necesita de unas cuántas luces artificiales para que podamos atravesarlo. Al final, Okju no consigue solucionar nada, pero encuentra la forma de deshacerse de su angustia y dolor. Yoon Dan-bi nos regala el reflejo de lo que hemos vivido las últimas semanas: el frío y silencio de una casa que, de un segundo a otro, ha quedado totalmente sola;pero es en ese espejo donde nos regala la certeza de que no somos los únicos atravesando el dolor. La muerte, más que ser el fin de una vida, es lo que atraviesa a todos los que nos quedamos aquí cuando otros se van.

WhatsApp Image 2020-05-13 at 3.35.16 PM
Ximena Chávez Prado
Estudié Lengua y Literaturas hispánicas. Mi propuesta estética son las palomitas de mantequilla y caramelo combinadas. Me busco en los libros y en las películas, a veces me encuentro.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .