Film Review: La Vocera, el poder del trabajo colectivo y el cine documental

Por: Itzel García | @Itzelgarciac

Un grupo de hormigas trabajadoras aparece a cuadro, la cámara al nivel de ellas nos establece e incorpora entre esas hojas, hierbas y tierra que está siendo trabajada colectivamente. Ahora le siguen un grupo de mariposas, quienes nuevamente en conjunto, trazan su rumbo. Las intensas camas sonoras de zumbidos y ambientes nos envuelven y refuerzan la atmósfera e idea de situarnos en el núcleo de la película de Luciana Kaplan.

Siempre se ha tenido esa lucha por la tierra, el territorio.  Las comunidades siempre han existido y quieren seguir existiendo. Si la destrucción y muerte es el progreso, estamos en contra, ¿verdad?¿el progreso para quién? Del desarrollo, pero ¿para quién?

Escuchamos la voz tenue de María del Jesús Patricio, (Marichuy). La primera mujer indígena en aspirar a la presidencia de México, en las elecciones de 2018 como candidata independiente. Quien fue asignada por el Congreso Nacional de Indígenas (CNI), como la vocera del Consejo Indígena de Gobierno.

En 1994 el subcomandante Marcos y levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), se encargaron de que el resto del país volteara a ver los conflictos a los que se enfrentaban los pueblos indígenas, dándoles esa voz a través de sus obras literarias y hábiles manejos de los medios de comunicación. Sus rostros con pasamontañas se convirtieran en un símbolo mundial de resistencia. Veinticuatro años más tarde, el país volvería a mirarlos y ese símbolo de resistencia y representación de los pueblos indígenas en México, ahora sería una mujer, Marichuy.      

A simple vista, el documental nos narra el proceso y seguimiento del recorrido de Marichuy, para conseguir las firmas necesarias alrededor del país. Sin embargo, la mirada de la documentalista desde el inicio nos atrapa y deja claro que la película se contará a través de dos protagonistas: la vocera y la colectividad. Mientras que esa mujer en bicicleta rodeada de las verdes montañas y posteriormente de calles transitadas, será el vehículo de la película, siendo fiel y congruente con su personaje, persona y el universo que la rodea.  

Still de La Vocera, Dir. Luciana Kaplan

El filme está construido por grandes secuencias que tienen en común la sencillez de sus imágenes pero que generan tensión entre el personaje individual y el protagonismo colectivo. Una de ellas es cuando se explica y comienza el proceso de la recaudación de las firmas, en distintos estados y comunidades. Podemos observar los rostros de personas emocionadas, confundidas, de distintas edades, cuestionándose si todo eso funcionará realmente. Enfrentándose a un mundo ajeno tanto en la cuestión tecnológica como en el hecho mediático que significaba juntar todas esas firmas. Sin embargo, el efecto que causa esta secuencia se potencializa, más adelante, para entender la transparencia del movimiento y que en la  película ayuda a contrastar y generar esas emociones de injusticia, enojo y tristeza, cuando dan los resultados de los otros candidatos quienes sí pudieron a aparecer en la boleta electoral por su corrupción y no por la unidad, cooperación y participación real de los ciudadanos.

Aunque en su mayoría es muy emotivo ver momentos como la presentación en la UNAM, Bellas Artes y en otras comunidades alrededor de México. La riqueza y construcción de la película reside en todos estos espejos de resistencia y personajes secundarios, que visibilizan y exponen sus conflictos, espacios e historias. Desde el desierto de Sonora con Carmen García y el caso de su esposo Fidencio Aldama quien está encarcelado y pertenece a los pueblos yaquis que defienden su río, hasta la selva maya, donde un grupo de jóvenes exponen sus miradas y sentimientos sobre la pérdida constante de su cultura. La gran red de mujeres indígenas comprometidas con la búsqueda de su visibilidad, los pueblos que se enfrentan a grandes monstruos de megaproyectos que al acabar con sus tierras, ponen punto final a su existencia misma y momentos como cuando un niño está sentado jugando con sus manos la tierra, su tierra. Es lo que había detrás de que Marichuy apareciera en una boleta electoral.

Indudablemente estos momentos no serían posibles sin el trabajo de Ernesto Pardo y demás fotógrafos adicionales. De los poderosos paisajes que nos muestran en el camino de la madre tierra y su inmensidad que impone y desborda tanta fuerza, para fusionarse con la lucha de sus hijos. Las luces y colores de las comunidades que están llenas de vida,  hacen que la película visualmente se construya a través de las diversas texturas que gozan esos lugares del país y que se unifican en un rostro, en el de una mujer, el de la vocera, el de Marichuy. 

Still de La Vocera, Dir. Luciana Kaplan

Resaltar el elemento narrativo del material de archivo utilizado es fundamental y sumamente asertivo, porque acentúa el racismo mediático y clasista de las múltiples televisoras mexicanas y contrasta ambos universos: la realidad en la que camina y se envuelve Marichuy  y lo artificial y agresivo como lo es un foro de televisión. Con conductores que en su mayoría son hombres, interrogando a Marichuy desde su incapacidad con preguntas como “¿qué no todos somos mexicanos?” después de que uno de ellos expusiera su molestia por la consigna de “porque soy indígena.” Con la intención de intimidarla.

Los únicos momentos donde vemos a Marichuy totalmente sola en su cotidianidad, son realmente interesantes porque vemos a la misma mujer sin perder su esencia y sencillez, con la que empieza y termina su caminar. Aunque es claro que existe una transformación dentro de ella. Mientras que el resto de la película está rodeada de personas, de mujeres, generando esta sensación de calidez dentro de este contexto hostil, para que el ritmo, de un río que fluye como la colectividad, permee durante los 82 minutos.  

Considero que es un documental sumamente necesario, porque además de dejar el registro de este momento histórico, nos hace replantearnos el sistema político en nuestro país,  que queda expuesto totalmente frente a la cámara, que se vuelve testigo de la “democracia” disfrazada en que vivimos. Dejándonos caer una explosión de emociones, pues no es el olvido de los pueblos indígenas, es el trato, es el respeto. Y no solo hacia los pueblos, sino hacia nosotros mismos como mexicanos. La Vocera nos comparte la sabiduría de los pueblos indígenas que recae en la organización colectiva, es decir, la manera en que se escuchan los unos a los otros, se comunican y trabajan.

Still de La Vocera, Dir. Luciana Kaplan

¿Qué estuviéramos viviendo hoy si Marichuy hubiera aparecido en esa boleta? Sobre todo, qué ganas de estar viviendo las consecuencias como mexicanos y para las comunidades indígenas, quienes aún siguen en esta larga lucha por su autonomía. A pesar de que falte lo que falte, queda claro que no volverán a estar ausentes, porque este proceso aún no ha terminado.

Esas sensaciones de esperanza, me impulsaron a observar con todo el respeto y admiración que se merece cada rostro que forma parte de esta lucha, y sobre todo la participación fundamental de las mujeres quienes se muestran fuertes como los cerros,  en los micrófonos, en las entrevistas con medios de comunicación, en las asambleas y entre ellas mismas. Es necesario mencionar lo poderoso que es el cine documental con miradas como las de Luciana Kaplan, Lucía Gajá, Marcela Arteaga, Tatiana Huezo. Quienes se han convertido de alguna manera en las voceras de múltiples historias y sucesos por poner la lupa en el lugar y momento correcto. Como mencionó Luciana en la charla organizada también por el festival de cine documental Ambulante, basándose en esa idea del cine del chileno Patricio Guzmán: un país sin documentales es como una familia sin álbum fotográfico.

Marichuy y Luciana Kaplan. Fotografía tomada de su sitio oficial de Facebook

La Vocera va más allá de mostrar los distintos factores de hostilidad que rodea a los pueblos indígenas, política, social e históricamente. Es realmente una invitación, un llamado con potencia, corazón y sensibilidad, a repensarnos como lo que somos, el pueblo mexicano, a partir del verdadero trabajo colectivo, de la verdadera organización que toma de la mano a la naturaleza, la lucha y resistencia, para tejer esos nuevos caminos que tanto anhelamos desde raíz.

Itzel García

Estudió Cinematografía en la Escuela Superior de Cine. Trabaja como productora, directora y guionista de películas independientes y cree fielmente que el cine es un deporte.  

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