The Final Cut: Solo nos tenemos a nosotras

Por: Alejandra Piña | @aletspi

“y yo cada mes presentaba mi petición de ascenso, tenía todos los derechos, pero nada más tenía ese, que no me podía quitar: el impedimento era ser mujer. Así, en primer lugar fui al camerino y me retraté con unos bigotes puestos, el cabello metido entre un sombrero de hombre, un sacote grandote y entré al foro de la película ‘La guerra de los pasteles’, gritando con voz hombruna: <<¡Silencio!>>”

Esas palabras de Matilde Landeta las leí y escuché por primera vez en un curso de Directoras Latinoamericanas. Cada letra me atravesó, me siguen atravesando. ¿De qué otra manera podríamos hacer valer nuestras voces y nuestros derechos en la industria y fuera de ésta? ¿Comportándonos como hombres?

Los últimos días transcurrieron con cúmulos de emociones, sí, por la fecha, pero también porque son cosas que no solo en marzo suceden. A veces pienso que a las mujeres nos encapsulan todos los días, “validan” nuestras voces una vez al año, pero ese día nos vuelven a encapsular. Dejamos de existir.

Luego llegaron otras palabras que, aunque ya había escuchado, me hicieron sentir acompañada: solo nos tenemos a nosotras. Son las palabras que compartían mis compañeras de Girls at Films, al tiempo que expresábamos la rabia al conocer las denuncias de otras compañeras por hombres de la industria disfrazados de aliados.

Solo nos tenemos a nosotras, me repito una y otra vez, complementan mis creencias. Quizá porque nunca sentí algo tan certero como este acto de amor.

Doy una pausa al Paro Nacional. No quiero dejar pasar más tiempo para soltarlo. Por supuesto que la fecha me vulnera más por el contexto político, social y de violencias que nos aquejan cada vez más.

Solo nos tenemos a nosotras y es así de fuerte. Y no, no es que en nuestras vidas no existan padres, hermanos, amigos, parejas o compañeros que realmente estén en el camino de deconstrucción con autenticidad, siendo verdad con ellos mismos y sin necesidad de ganar unos cuantos likes. Es decir, solo nos tenemos a nosotras porque, al final, romper el silencio desencadena una serie de señalamientos, cuestionamientos y prejuicios que parecieran interminables. 

Comentaba una compañera, después de hablar, lo difícil que es haber trabajado tan duro tantos años en la industria del cine para que ahora sea conocida por denunciar al agresor antes que por su trabajo o, en contraparte, que esta situación se limite en oportunidades profesionales. Pero quiero decirte que detrás de ti estamos tantas que seguimos tus pasos porque eres inspiración y un referente; sí, de esos referentes que durante mucho tiempo nos hicieron falta.

Otra compañera también señaló a quien la agredió, después de que éste hiciera un comentario con voz de aliado para obtener protagonismo. Por supuesto que aceptó las violencias que ejerció, pero con una base de gaslighting bien ejecutada. Mi pregunta es: ¿Y qué hacen desde su masculinidad después de aceptar sus violencias? ¿Solo disculparse? ¿Solo decir “sí, lo hice” para ganar más seguidores y seguir aparentando ser la figura de la deconstrucción?

En 2019, el INEGI registró que 66.1% de mujeres mexicanas mayores de 15 años, o sea 30.7 millones, fueron (fuimos) violentadas de alguna manera. En tanto, la Iniciativa Artemisa indicó que, en el mismo año, el 70% de mujeres que trabajan en la industria cinematográfica se han enfrentado con situaciones de acoso, hostigamiento o abuso sexual.

Las cifras son alarmantes, no dudo que los números superan la realidad. Aunque también es cierto que estamos cansadas de ser cifras. Estoy cansada de ver que mis amigas y mi hermana no obtengan justicia ni siquiera por la vía legal.

Es por eso que me creo totalmente estas palabras que ahora me arropan: solo nos tenemos a nosotras. Nos tenemos para acompañarnos, para dejarnos ser, para creernos, para recordarnos que no resistimos solas; para hacernos saber que el enojo es colectivo y que ya no tendrán nuestro silencio.

Hombres, compañeros, sí, hay algo que pueden hacer en lugar de publicar unas cuantas palabras en sus redes sociales con una fachada encima es: ROMPAN EL PACTO Y TRABAJEN SUS VIOLENCIAS. ¿Es algo nuevo? No. ¿Debe ser un constante recordatorio? Sí.

Incluso cambiaré el discurso: no se trata de nosotras, se trata de las conductas, comportamientos y actos que han normalizado también para ustedes mismos. Porque si de poder se trata, he de decir que ustedes también tienen el poder de transformar este problema estructural. En conclusión, no se trata solo de nosotras, sino de ustedes. 

Festivales, productoras, cineastas, medios, escuelas, colaboradores, espacios de trabajo: ROMPAN EL PACTO y dejen de encubrir a los violentadores de quienes han respaldado sus trayectorias.

Y mientras sucede, quiero decirle a mi hermana: no estás sola. / A mis amigas: no están solas. / A mis compañeras: no están solas. / A todas y cada una: no estamos solas.

Nos tenemos y ese es el acto de amor más poderoso que podemos abrazar mientras sanamos la herida colectiva.

Andrea, gracias por ser inspiración y por hacer de Girls at Films un espacio en el que nos sentimos seguras y acompañadas.

Periodista y Publicista. Ha escrito sobre cultura, arte y música para diversas plataformas digitales independientes; fotógrafa de todo lo que ve.

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