Postales GaF: Antonioni

Esta pieza forma parte del Primer Intercambio de Textos entre colaboradoras de GaF, a manera de celebrar el amor, la amistad y el cine; es también una forma de seguir creando vínculos a través de los gustos e intereses. Esperamos que estas postales sean un abrazo caluroso al corazón de quien las lea y un destello de luz en medio de estos tiempos tempestuosos.

De: Amelia González |  @AmeliaBacana

Para: Ana Fer Torres

Querida Ana (amiga palíndroma 😊):

Al momento en que te escribo esto me siento contenta por algunas razones bien particulares: me alegra pensar que esto surge desde un sitio lleno de mujeres increíbles (en múltiples sentidos) y también me motiva la idea de conversar así de un director que me provoca varias emociones… Creo que es importante que, antes de seguir escribiendo, te cuente las razones por las cuales decidí escribirte una carta y no un ensayo u otro tipo de texto. La verdad es que al momento de revisar tu lista de gustos me divertí cuando vi que habías puesto a Antonioni. En realidad, cuando leí la lista solté una pequeña risita (nacida de un lugar en el que conviven tanto la simpatía como la ironía, en el buen sentido), porque si hay un director que me suscita muchas preguntas es precisamente el protagonista de esta carta… Elegí este formato de escritura porque, al meditarlo durante algunos días, decidí que quería escribirte algo realmente íntimo, cercano y sincero. Buscaba algo más bien lejano de las habituales convenciones genéricas. Tal vez a ratos este texto dialogue con el ensayo (porque este género alebrije permite jugar con las formas) y quizá también de repente tenga ciertos “parchecitos” más ligados a la crítica. Sin embargo, mi intención es que leas esto como una carta que te escribo en la madrugada, mientras releo algunas notas viejitas (y recientes) que he escrito en mi bitácora personal. Quiero que sepas que elijo la forma de la carta, porque me parece una manera bastante particular de hablar de cuestiones que verdaderamente nos importan: a mí me importa platicar contigo y me interesa también que Antonioni nos una…

No sé si me gusta o no Michelangelo Antonioni. Creo que debo empezar por ahí, como un ejercicio de sinceridad. No puedo definir si me conmuevo con sus imágenes o en realidad termino inquieta. Sé que es bello. También sé que es sublime. Pero, sublime en ese sentido en el que la belleza y el terror se hermanan. En este sentido, me parece muy cercano a lo que siento cuando veo algunas películas de Tarkovsky. Pero, con Tarkovsky termino casi siempre extenuada de ese sitio que, a veces, identifico como el alma… Con Antonioni me canso, pero una forma diferente (me pregunto ahora si acaso me estimula más bien intelectualmente, en esa parte Mercuriana que todos tenemos). Es como si al terminar de ver alguna de sus películas algo dentro de mí se agitara y se (des)reconciliara para siempre con el mundo. Ahora que lo pienso creo identificar la primera emoción a la que me remito cuando pienso en Antonioni: controversia. Algunas de sus películas me recuerdan (¿tal vez subliminalmente?) que una zona profunda en mí habita el mundo en perpetua controversia. De aquí surge otra emoción que ligo con este director italiano: la incomodidad. Tal vez (yo también me lo he cuestionado) no me atrevo a decir que en realidad me apasiona mucho Antonioni precisamente porque me incomoda de una forma muy poco habitual. También me he dado cuenta a lo largo de estos días en los que he vuelto a ver algunas de sus obras que más bien puede ser que no quiera definir si me gusta o no lo que hizo, porque (quién sabe) si una parte de mí siente que si se define terminará por agotarlo. ¿Por qué mi afán por rumiar lo que me cautiva de sus películas? Tampoco quiero contestarlo. Me pregunto en este momento qué será lo que te apasiona a ti de su obra y cómo fue la primera vez que miraste alguno de sus filmes…

Still de La Noche (1961), Dir. Michelangelo Antonioni

Hace unos días volví a ver Le amiche y me despertó diferentes preguntas (alguna que otra certeza también). En primera instancia noté algo que, antiguamente, había pasado por alto: ¿por qué Antonioni se inspiró varias veces en la obra de Pavese? Nunca me había parecido tan obvio el hecho de que eligiera la obra de un poeta/novelista extrañamente (des)esperanzado con la vida. Mientras veía la película recordé los años universitarios en los que conocí a Pavese. Había enterrado dentro de mí la primera emoción que tuve al leer su poesía: incomodidad, extrañeza, nostalgia, una belleza que se parecía muy poco a lo que había experimentado en mi (quizás) joven umbral de lo bello. Ya ahora te resonará la semejanza entre uno y otro. No sé por qué a veces pasamos de largo sobre lo evidente, pero, cuando volvemos a ello, casi siempre la mirada se torna fértil. Cuando terminé de ver la película pensé en algunos versos de Cesare Pavese que me parecían ligados estrechamente a la obra de Antonioni. En ambos advertí ese gusto por concentrarse en una sola “escena”. Esto provoca un particular “extrañamiento” porque sentimos que hay “cuadros” que no habitan en el relato mayúsculo, sino que son piezas arbitrarias que tienen su propia lógica y ritmo (David Lynch, un director que me interesa, pero que no me apasiona tanto, quizás también por el miedo que me provoca, ha sabido explorar esta idea de trabajar artesanalmente una sola idea y pulirla en sus más pequeños particulares. Al hacer esto parece que nada se conecta con nada, pero si uno lo analiza más hondo se da cuenta de que en realidad sí existe un relato mayor en el que las piezas encajan. Solo que no es un relato tradicional, pero es que ¿a qué tipo de relato podríamos referirnos después de la pérdida de ciertos horizontes? Ya sabes que esta pregunta ha estado girando ahí, quizás, desde finales de la Segunda Guerra Mundial… No me parece extraño que precisamente la obra de Antonioni retome esta cuestión, no sé si para responderla, pero sí para crear a través de ella una poética muy personal y coherente con las posibilidades del mundo. Pero, vaya, me he explayado. Es que, tal vez ya lo has visto, me encanta divagar cuando tengo el corazón encendido y si hay algo que gozo es perderme en los vericuetos de estas “implícitas notas al pie” que, bueno, ahora no están al pie sino encajándose en el cuerpo del texto. Volvamos a Pavese/Antonioni).  Buscaba otros poemas, pero los tengo solamente en italiano. Me gustaría prometerte algo ahora (que conste que no hago promesas gratuitas): en una próxima correspondencia traduciré unos versos para ti, para que sigamos (si así deseas) hablando largamente sobre Antonioni. Tal vez la traducción de esos versos de Pavese nos lleve hacia otros sitios que a las dos nos interesen. Por ahora, te comparto un poco algunos traducidos por Carles José i Solsora con la finalidad de que también puedas ver a qué me refiero con ese gusto pavesiano y antonioniano por detenerse en una “escena” y agotarla y consumirla a veces hasta drenarla y drenarse en ella. Pavese a veces también me pone muy triste. En ocasiones he sentido que su poesía me trasporta a una tarde de domingo, en un tiempo futuro, en donde ya no tengo a nadie cerca y estoy lejos en algún sitio que no siento mi casa mientras el sol muere y la tardenoche se tiñe de amarillo dejando residuos de incomodidad y desolación que parecen no acabarse nunca. También he sentido eso con A., pero en ambos percibo algo esperanzado que todavía no sé cómo explicar ¿será que no puedo hacerlo porque no conozco todavía ese umbral de la esperanza? ¿Será que llamo esperanza a algo que es más bien otra cosa?

(fragmento de Celos)

Los rivales notaban en la boca un gusto de rabia
y de sangre; ahora notan el gusto del vino.
Para liarse a golpes, es preciso estar solos,
como para hacer el amor, pero siempre está la noche.

En el entarimado, los faroles de papel y las mujeres
no están quietos con el aire fresco. La rubia, nerviosa,
se sienta e intenta reír, pero se imagina un prado
en que los dos contienden y se desangran.
Les ha oído vocear más allá de la vegetación.
Melancólica, sobre el entarimado, una pareja de mujeres
pasea en círculo; alguna que otra rodea a la rubia
y se informan acerca de si en verdad le duele la cara.

Para liarse a golpes es preciso estar solos.
Entre los compañeros siempre hay alguno que charla
y es objeto de bromas. La porfía del vino
ni siquiera es un desahogo: uno nota la rabia
borboteando en el eructo y quemando el gaznate.
El rival, más sosegado, ase el vaso
y lo apura sin interrupción. Ha trasegado un litro
y acomete el segundo. El calor de la sangre,
al igual que una estufa, seca pronto los vasos.
Los compañeros en derredor tienen rostros lívidos
y oscilantes, las voces apenas se oyen.
Se busca el vaso y no está. Por esta noche
-incluso venciendo- la rubia regresa sola a casa.

Antonioni gozaba la soledad o eso a mí siempre me ha parecido. Es como si solo en ella se encontrara. También creo que tenía el gusto voluptuoso por destruirse de una forma que yo poco comprendo. En sus películas percibo un gusto por la catástrofe que implosiona. A veces es como si la catástrofe liberara y en esta destrucción se hallara el único posible consuelo. Siento que él supo habitar en la duda, la vacilación y la incertidumbre. En esto me remite a Bergman, pero yo creo que Bergman no estaba cómodo en la desolación y por eso en su obra hay una búsqueda por las grandes respuestas. Antonioni, me parece, no quería responderse nada, sino solamente atestiguar la vida. 

Still de La aventura (1960), Dir. Michelangelo Antonioni

Yo tampoco veo la aridez que tanto han visto otros críticos en la obra de Antonioni. En realidad, lo que yo percibo es que para Antonioni la soledad es fértil y creo, no solo al ver sus películas, sino también al escucharlo en las entrevistas o al leerlo, que para él la única comunión posible es con uno mismo, pero no en un sentido de egoísmo, sino más bien en un aspecto, yo diría, sacral/fundacional. Creo que en esto se hermana con otro poeta italiano: Eugenio Montale. Pero, yo no creo que los dos den cuenta exclusivamente de esa afasia en la que entró el mundo (y todo tipo de narrativas), sino más bien veo en ambos una profunda, coherente y silente búsqueda personal de la fe. No de fe humana; sino de fe personal. Siempre he creído que Antonioni entendió perfectamente el espíritu de su tiempo y supo traducirlo en sus filmes. Por ello en muchos de ellos los protagonistas no son ni siquiera los personajes, sino la pérdida de antiguos valores (en esto se parece a Robert Musil… a Nietzsche. Bueno, es curioso que A. y Nietzsche compartan un final personal de vida en silencio. ¿Se ha escrito un ensayo sobre el silencio de estos dos autores? ¿Alguien ha hablado ya de esto y del cierto “misticismo” que esto entraña?). Sé que no descubro nada cuando apelo al gusto por el silencio en Antonioni (un silencio que se asemeja también al de Dreyer o al de algunos filmes de Fellini), pero me pregunto si este tema me conduce hacia el sitio que he buscado responder a lo largo de mucho tiempo: ¿por qué me apasiona de esa forma tan particular, a veces rozando la molestia, el cine de Antonioni? y, también muy importante, ¿por qué te apasiona a ti tanto su cine? Tal vez lo que nos une/separa de él se exprese en palabras semejantes y, quién sabe, tal vez también su obra nos hermane. 

Me encantará verlo a través de tus ojos. 

Con mucho cariño, Amelia.

Amelia González

Estudié literatura. Amo profundamente la lectura y el sencillo acto de compartir con otros lo que nos provocan los libros. Me interesa la comunicación, en todas sus vertientes. Le tengo, también, un profundo y sincero amor al cine. Veo de todo. La escritura y el pan dulce son mi terapia. Ah, también preparo unos cafés muy ricos. 

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