Film Review -Encuentros 2020 Colombia de Investigación y Crítica: Las Mil y Una

Por: Viviana Bravo  | @Vivbra3

Las mil y una, película de la directora argentina Clarisa Navas, nos ofrece una mirada,  una opción, para ver historias y devenires al margen de la estructura tradicional sobre  espacios y cuerpos homogéneos que deben desear, verse y movilizarse de  determinada manera. El título de la película viene de un barrio de la provincia de  Corrientes llamado “Las mil viviendas”, donde ha sido filmada. Este fue uno de los  proyectos de vivienda realizados a fines de los años setenta para albergar a la clase  media, pero que terminó configurándose como un territorio de nadie rodeado de  dificultades económicas y sociales. La película se realizó con un elenco formado por  jóvenes actrices y actores, en parte naturales, que como la directora pertenecen a  esta localidad. 

El film habla del territorio, en este caso de espacios y cuerpos marginales ubicados  fuera de lo normativo. Seguimos la búsqueda que tiene Iris, la protagonista, por  encontrar una forma de desarrollar su sexualidad y sus relaciones en pareja. Con este  pretexto de base, extendemos la mirada y la escucha hacia el desenvolvimiento de  los vínculos en el espacio que plantea la película, hacia las relaciones que rodean al  personaje principal y de las que también forma parte, y hacia las implicaciones que  conlleva este habitar, reflejado en cómo se construyen los territorios espaciales y  corporales. Los vínculos, las relaciones, dan forma a esta construcción. Es en el  relacionarse en donde los cuerpos van configurándose y recorren su habitar, a partir  del acercamiento que tiene con ellos la cámara, de la relación con su entorno, de la  relación entre el entorno y el sonido, entre el sonido y los cuerpos, y entre los  personajes y su cuerpo. 

Las mil y una», de Clarisa Navas, seleccionada para la Berlinale – GPS  Audiovisual

La película se ve traspasada por la metáfora de la desubicación, que remite a habitar  espacios que son marginales o disruptivos, espacios atravesados por la búsqueda de  la identificación con el deseo y la necesidad de liberarlo. Iris, por ejemplo, no termina de situarse del todo en sí misma, corporal y mentalmente. Sus movimientos son torpes  y su postura da la sensación de encogimiento y vacilación. Esto se hace más evidente  cuando está con Renata, la chica por quien siente una atracción no del todo definida  y en cuya presencia su actitud se vuelve más tensa y su hablar ambiguo. En contraste,  Renata no encuentra mucho problema en hablar de sí misma y denotar en su aspecto  sus marcas identitarias. A través de esta búsqueda y acercamiento a los cuerpos en  función de sus deseos, la película logra brindar escenarios en los que los afectos  corren de forma libre, en oposición a la estructura hegemónica que los cataloga y  delimita. 

En Las mil y una los cuerpos, y su forma de tomar presencia, resultan particulares: no  son cuerpos etiquetados o predeterminados, sino que conllevan rasgos  diferenciadores y subjetividades que cuestionan la validez de estereotipos acerca de  los vínculos y el cuidado. Por un lado, los personajes expresan una despreocupación  por el consumo de sustancias embriagantes o el sexo sin protección, pero por otro,  Iris, que representa por momentos lo “sano”, denota una represión y adjudicación a  una estructura que no le permite ser ella y desenvolver su placer e identidad. Lo  normativo se retrata también en el daño que se ejerce sobre otros cuerpos e  identidades, como en los casos de acoso y violación. En contraste, entre los  personajes, encontramos en medio de lo precario un aire de ternura e interés por el  otro que va más allá de etiquetar un vínculo. 

Las Mil y Una”, una historia de amor en los márgenes - Noticias de Mar del  Plata

La cámara adquiere un tono cómplice con los cuerpos: sigue a los personajes, o bien  deambula por las situaciones que están ocurriendo, enfocando unas reacciones u  otras. Por ejemplo, en uno de los muchos planos en que Iris camina por su barrio y la  cámara la acompaña, dos chicos le lanzan bombas con orina y ella los persigue  mientras nosotros echamos a correr tras ella. De regreso, sin haberse cortado el  plano, se reúne con dos chicas que la han ayudado, mientras la mirada va y viene  entre los personajes. Cuando las tres se vuelven a ver, la conversación e interacción  en el grupo va de un personaje a otro, mientras la cámara hace lo propio y evidencia  distintas mini-situaciones. La cámara no enfatiza necesariamente en una sola persona  o en quien esté hablando, sino que transita y toma presencia como una integrante  más del grupo.

El sonido apoya la sensación de búsqueda y extravío porque remite constantemente  al fuera de campo, haciendo presente el entorno y ubicando siempre a los cuerpos en  una situación que ocurre más allá de ellos, generando la sensación de falta de  espacios de intimidad. El sonido construye una atmósfera barrial, un espacio  periférico, pero también es parte de la construcción de los cuerpos. Por un lado,  porque hace que los cuerpos dialoguen con su entorno, el cual los hace ser tanto  prevenidos o temerosos como disruptivos y fluidos. Por otro lado, los cuerpos se  construyen desde la sonoridad que emerge desde ellos mismos, la forma de hablar  más abierta o cerrada, las acciones cotidianas, el sonido de su forma de caminar y  los diferentes tonos que adquiere la voz. Las mil y una logra así cruzar distintos tipos de marginalidades y proponer relaciones  alternativas, tanto de tipo estético como respecto a los lazos heteronormativos. Nos  hace transitar por territorios que constituyen cuerpos impregnados por vivir el ser  disidente en un espacio hostil y, moviéndose entre estos territorios, plantea un relato  que complejiza la manera en que podemos entender los vínculos con lo carnal y lo  social.

El presente proceso de investigación, exploración y crítica se desarrolló en el marco del Encuentro de Crítica e Investigación 2020, organizado por la Dirección de Audiovisuales, Cine y Medios Interactivos del Ministerio de Cultura de Colombia.

Viviana Bravo
Profesional en Comunicación con énfasis en producción audiovisual de la Universidad Javeriana Cali. Ha participado en encuentros y congresos con temáticas de interculturalidad, comunicación, cine y crítica fílmica, así como en laboratorios de experimentación corporal-teatral y de narrativas audiovisuales. Su creación, pasando por la escritura, el documental y la expresión corporal, guía una búsqueda hacia el lenguaje cinematográfico y su potencial para entretejer un argumento capaz de cuestionar regímenes de “verdad eterna”.

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