Film Review- Encuentros 2020 Colombia de Investigación y Crítica: Espejo Roto/ Espejo Enfermo

Por: Laura Indira Guauque Socha | @severalampara.lab

“Encuentro tanta diferencia entre yo y yo mismo como entre yo y los demás” 

M. Montaigne 

Teniendo como vector de indagación las preguntas: ¿cómo se retrata el cuerpo?, ¿cómo se mediatiza el cuerpo?, son objeto de análisis y reflexión dos documentales  colombianos: “Balada para niños muertos” del director caleño JORGE NAVAS, y  “En tránsito”, dirigido por Liliana Hurtado y Mauricio Vergara; los cuales hacen parte  de la selección oficial del Festival Internacional de Cine de Cali (FICCALI), en su  doceava edición. Ambos largometrajes comparten, entre otros aspectos, el deseo de  construir un retrato, “hacer volver atrás” el cuerpo, la memoria, “sacar a la luz” lo que  esconde la mirada, y “hacer revivir” la diversidad y contradicción que habitan la  existencia. La muerte y la enfermedad serán motivos recurrentes en ambas obras, y  funcionarán como lentes para retratar el cuerpo y mediatizar la vida. 

De un lado, ¿Cómo desenterrar un retrato? A través del uso de una estética  experimental que yuxtapone imágenes sin movimiento, Navas propone la atmósfera  del desentierro, de la memoria borrosa, como punto de partida en su pintura, en su  retrato del mito. El documental no se agota en la entrevista, aun cuando bosqueja un  envejecido retrato del que, en 1986, Ospina y unos “pocos buenos amigos” hicieron de  Andrés, cuando todavía no era un mito. La balada, compuesta con la sonoridad de un ecosistema de réquiem, se expresa en una estructura de bricollage, aúna fragmentos:  películas, calles, epístolas, murales, fotogramas de una vida por siempre desconocida,  además de su obra, parte de ella aún inédita. Todo esto confluye en procura de una intuición, quizá un deseo: el definido retrato del mito, “el enorme retrato de un horripilante monstruo.

A pesar de una evocación de la multiplicidad de la vida, Navas pareciese querer capturar el retrato verdadero de Andrés, el retrato velado de un niño muerto, como  titula a su intuición, implicado en una suerte de destino trágico que se alimenta de su predilección por el terror, la muerte, el encierro, la fatalidad, según pareciese indicar el autor, un lado oscuro, su lado oscuro. El universo estético del gótico tropical se desmenuza en la condición violenta de la historia de Colombia, aunque termina por  agotarse, se hace mancha sobre la figura de Andrés.

Un ritmo lúgubre y pausado se reproduce en el movimiento y velocidad de la cámara que, sin tempestades, reduce la profundidad de campo a la mirada, así como a lo que se le escapa, lo que no se ve. La analogía “draculiana” confirma la pregunta falsa, la pregunta que sabe la respuesta, la desea, la busca, la hace artificio. La negación del  azar, del tránsito, de la carencia de identidad y/o estabilidad, así como de la  contradicción, termina por construir un retrato deforme, que deforma. 

De otro lado, con Liliana y Mauricio, el cine se vuelve espejo y la pintura de sí es proyectada con los ojos puestos en la fisura, en la enfermedad. A partir del uso de estéticas y narrativas experimentales, el cuerpo es retratado en medio de un  ecosistema de fluidos, y el retrato se torna rizoma. 

Este documental “en tránsito”, sugiere la construcción de un retrato que, marcado por la multiplicidad, provoca la mirada microscópica: cómo se ve y no se ve el cuerpo, la  mirada clínica: cómo se dice el cuerpo, la mirada del otro: el yo se constituye desde la  alteridad. A través del uso cuidadoso de distintos encuadres, estas miradas se comunican. Lo anterior, sumado a un montaje híbrido, intempestivo y veloz, un diseño  sonoro sugestivo y acuoso, y un uso performativo de los diferentes artefactos escénicos puestos a disposición, termina por proyectar un retrato sin definición, ni claridad, ni  evidencia, el retrato de un cuerpo que “se dice de muchas maneras”.

¿Cómo se documenta el cuerpo? Performance, glóbulos blancos, “crisis” del latín crisis, exámenes médicos: medicina general, surrealismo, peligro, diagnóstico, “un cuerpo sano obedece”, sangre, vida, dolor, oportunidad: “¿Dónde podrá Lyka dormir?”. La  poesía se yuxtapone a lo que circula el cuerpo, habitado por la memoria. La  enfermedad se muestra fetiche y el frenetismo de las imágenes, así como del uso de  diversidad de documentos que -documentan- la existencia, funciona como síntoma de  un retrato incapaz de asirse uno, un espejo enfermo que refleja la fragmentación, organicidad, y decadencia poética que condicionan la vida. “Soy la que no se sabe”  porque se sabe muchas, se sabe todas, se sabe sola, se sabe enferma. No hay espacio  para el sentido lógico, el retrato es despojado del carácter racional del cuerpo sano  que obedece. El ritmo se hace visceral, sobre la grieta el cuerpo está vivo y el retrato  se bosqueja difuso, múltiple y en permanente movimiento. 

Al final, ambas obras ofrecen contradictorias perspectivas del retrato del cuerpo, de la vida y de la muerte, a propósito de la relación entre el lenguaje cinematográfico y la  experiencia vital. El fallido intento de una pintura de trazos definidos que desea revelar  la esencia, el motivo de una vida que se documenta deforme, como muestra de un “exceso de conversación” sobre quien se ha hecho mito: – espejo roto, espejo muerto -; y la imprecisión y contradicción de lo vivo, que termina por bosquejar un retrato multiforme y en tránsito, configurado desde la inestabilidad, la ausencia de identidad  y/o de forma acabada. 

El presente proceso de investigación, exploración y crítica se desarrolló en el marco del Encuentro de Crítica e Investigación 2020, organizado por la Dirección de Audiovisuales, Cine y Medios Interactivos del Ministerio de Cultura de Colombia.  

Enlace a video ensayo:

Laura Indira Guauque Socha
Licenciada en Filosofía y Humanidades de la Universidad Pedagógica y Tecnológica
de Colombia, Magíster en Filosofía Estética de la Universidad del Valle. En 2019 fundó el laboratorio
SEVERALÁMPARA, y desde allí dirigió el cortometraje animado Salad, y desarrolló
procesos de formación de públicos y animación audiovisual, con niñas y niños
habitantes de la vereda Limones, al oeste de Cali, Colombia.

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