Por: Amira Ortiz | @unazuara
En sus créditos finales, Las flores de la noche presenta un dato que le da una dimensión (aún más) política a la celebración de la identidad y la hermandad que acabamos de presenciar: en México la esperanza de vida de una mujer trans es de 35 años. En el documental de Eduardo Esquivel y Omar Robles, la ternura, delante y detrás de la cámara, es un acto verdaderamente radical.
Con el lago Chapala de fondo, el escenario es la localidad jalisciense de Mezcala de la Asunción. A cuadro aparecen las amigas Alexa, Dulce Gardenia y Violeta Nicole. Cerca está Uriel, el disidente del grupo. Este último, ahora retirado de los espacios queer, deja el lugar protagónico que tomó en el corto documental Uriel y Jade (2016), dirigido en solo por Esquivel.

La evolución de aquel primer acercamiento a la historia puede pensarse como la construcción de comunidad. A la mirada de Esquivel se une Robles y del relato doloroso de un Uriel inmerso en odios internos y terapias de conversión, se pasa a lo colectivo, a un grupo seguro de quién es. La clave es el acompañamiento. Un enfoque donde la experiencia íntima cobra otra dimensión.
Esto se hace presente en las escenas que atestiguan la transformación física de las chicas. El maquillaje, el peinado y el vestir que conforman el ritual del arreglo femenino. De los aires vulnerables del acto en solo, al acompañamiento que da paso a la fiesta. En el documental también se hace presente la imagen de la quinceañera, situando las semejanzas entre estas mujeres mexicanas.

La pieza clave del proyecto es la empatía, gesto cada vez más olvidado en espacios supuestamente plurales. La película da fe de una política de los afectos, de la comunidad, donde pesan las personas y no los conceptos. Aquí se celebra la existencia de estas amigas, de su sistema de apoyo, del disfrute de su imagen y del auge de su juventud.
Las flores de la noche rompe con el enfoque de denuncia que caracteriza a buena parte del documental mexicano contemporáneo y es que su fuerza narrativa radica en un acercamiento más optimista. Ante los horrores de un país homofóbico y (trans)feminicida, el despliegue de la humanidad y los matices de sus protagonistas son vitales. Gardenia, Violeta, Alexa y Uriel no son números, ni ideas o constructos a discutir. Su vida no está a debate. Su vida es suya.

Las flores de la noche, que forma parte de la sección de Documental Mexicano del Festival Internacional de Cine de Morelia, se puede ver de forma gratuita a través de Cinépolis Klic.

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