TV Review: La Jauría y el intento por dar visibilidad a la violencia de género en la pantalla.

Por: Esther Montes | @venuscirene

La violencia de género y su retrato en la pantalla no son una moda, sino una tarea que realizadores de todo el mundo han abordado con todas las complejidades y riesgos que esto conlleva. Partiendo de este punto, hemos de darle un voto a favor a La Jauría, serie chilena que desde el 10 de julio está disponible en Amazon Prime.

Basada en el caso de La Manada, que sacudió España y el mundo cuando cinco hombres violaron a una joven de 18 años durante las fiestas de San Fermín, La Jauría hace una reinterpretación de los hechos.

Amazon Prime, 2020

En 2016, luego de la denuncia de la víctima, el proceso judicial generó rabia, desconcierto y una fuerte crítica sobre la forma cómo se tratan los delitos sexuales en ese país. En un inicio, el caso se juzgó como abuso sexual, permitiendo a los acusados quedar en libertad. Después, tras varias idas y vueltas, protestas y el eco global, los cinco sujetos fueron condenados por violación.

Para 2020, los hechos ocurridos en Pamplona suceden en los pasillos de una escuela privada, a la que asisten los hijos de las familias chilenas más poderosas y adineradas, y que se encuentra dividida entre la duda, la ira y el machismo disfrazado de fraternidad.

Por un lado, las alumnas han formado un frente para exigir el despido de un profesor acusado de abuso sexual. Por el otro, los chicos del equipo de rugby exigen que paren y permitan que las clases vuelvan a la normalidad.

Señaladas como malcriadas, mentirosas, extremistas, feminazis, las alumnas sufrirán un duro golpe cuando una de sus líderes desaparezca, destapando a lo largo de ocho episodios una red cibernética que busca reivindicar el supuesto verdadero papel del hombre al “poner en su lugar” a las mujeres a través de una serie de tareas, donde cada integrante deberá proteger y apoyar a su manada sin cuestionar la gravedad de sus acciones. 

Hasta ahí las piezas parecen ponerse en su lugar, dejando claro que siempre debemos escuchar a las víctimas, quienes a veces tienen como única prueba de lo ocurrido su palabra.

¿Qué pasó la noche que Blanca desapareció? ¿Con quién estaba? ¿Por qué ella? Son las preguntas que tres investigadoras deberán responder, exponiendo a cada paso su propio pasado, marcado por el miedo y la violencia. 

Los sospechosos parecen ser los perfiles más obvios. Sin embargo, el enemigo es un personaje disfrazado de cordero: empático con la causa, dispuesto a ayudar.

Con una trama así de intrigante, lo siguiente que como espectador esperas son actuaciones intensas y creíbles, lo cual se cumple.

Desde el primer momento, uno siente la vergüenza, angustia y dolor del personaje interpretado por Mariana Di Girolamo (Ema). También, la frustración, el coraje y la constante pelea del personaje de Antonia Zegers, una líder que no se deja subestimar. Por igual, uno casi logra empatizar con el arrepentimiento de Benjamín, interpretado por Lucas Balmaceda, uno de los rostros más destacados del elenco juvenil, del cual también merece una mención importante Paula Luchsinger, así como Giordano Rossi y Raimundo Alcalde.

Y es que al mismo tiempo que la búsqueda de Blanca narra una historia de corrupción. Del lado de la justicia nace otra trama: una especie de relación Hannibal Lecter y Clarice Starling entre Alfredo Castro y Daniela Vega (Una mujer fantástica).

De igual forma, otra trama se desarrolla a través de Clemente Rodríguez, quien da rostro al bullying

Los primeros episodios te mantendrán pegado. Sin embargo, la historia escrita por Paula del Fierro, Enrique Videla, Leonel D’Agostino, Lucía Puenzo y Julio Rojase se toma algunas licencias en sus últimos episodios para dejar abierta la puerta a una segunda temporada, llevándonos a varios lugares comunes.

Uno, la tropicalización de algunos personajes destacados del cine: Daniela Vega nos remite a una Clarice Starling; Alfredo Castro a Hannibal Lecter; Paula Luchsinger de pronto es como la Lisbeth Salander del colegio que hará justicia por sus propias manos con la ayuda de algunas cabecillas del mundo de los hackers. 

Dos, la resolución un tanto inverosímil de los hechos: Si bien parte de la verdad sale a la luz, de un momento a otro pasamos a una persecución con balas y autos, donde el villano destapa sus motivos sin contextualizar su pasado, ni el origen de su odio hacia las mujeres. 

Los villanos simplemente parecen simplemente haber nacido así. Como si el machismo y la violencia de género ocurren porque sus autores son malos y misóginos por naturaleza, al grado de integrar una red global que entreteje todos los delitos que contra la mujer se cometen en el mundo. 

Para comprender y resolver la violencia es imperativo irnos a la raíz del problema; conocerlo, entenderlo y proyectarlo en la ficción de manera que podamos ver los patrones que deseamos no se repitan más, los errores que como ciudadanos cometemos, las cosas que tratamos de ignorar o las que les damos poca importancia. 

La Jauría llega en un momento sensible en la lucha por los derechos de la mujer tanto en Chile como en el resto del mundo. Desafortunadamente, no da suficiente espacio para el análisis y la compresión de la situación, pero sí para la resolución inmediata de los hechos sin un contexto más sólido.

La violencia de género no sólo ocurre en los pasillos de escuelas de élite o en las redes sociales, también en sectores con nulo acceso a lo que La Jauría proyecta. Por supuesto, ésta es sólo una visión de lo que ocurre en nuestra realidad.

Además de La Jauría, la ficción ha abordado este tema en series como The Handmaid’s Tale, Big Little Lies, Maltratadas, Liar, Unbelievable y recientemente I May Destroy You, cuyos primeros cinco episodios han generado críticas sumamente positivas.

Stills: Amazon Prime

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Esther Montes
Obsesiva de las carteleras de cine y de las series que para cada situación en su vida siempre se remite a la ficción para explicarse qué sucede.

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