Especial #AgnèsVarda: Les glaneurs et la glaneuse

Por: Jimena Ríos |@JimenaRios

Ver un documental de Agnès Varda es como armar un rompecabezas gigante, en el que cada pieza resignifica sus imágenes y con cada una de ellas se completa una obra monumental, personal y relevante.

En el año 2000, Varda presentó Los espigadores y la espigadora. Un documental inspirado en una pintura del año 1867 de Jean-François Millet, Las Espigadoras (Des glaneuses). El acto de espigar, nos cuenta al inicio de la película, es la actividad de recoger después de la cosecha. Una tradición del campo en Francia que en el año en el que transcurrió la grabación seguía vigente, con sus variables por región. Como lo vemos en sus otras películas, el interés de Agnès por la vida en el campo está muy presente, en su recorrido conoce a sus personajes y su obra va tomando distintas dimensiones.

“Espigar también se dice de las cosas del espíritu”

El proceso de creación de Varda, siempre será uno de los elementos más interesantes y reveladores en su cine. En este documental en particular, notamos su proceso de inspiración, de descubrimiento, selección y libertad de expresión. Con pocas palabras y sus decisiones en la edición ella nos expresa mucho, pasando por la tradición de la vida en el campo, hacia la modernidad y sus implicaciones, hasta su propio espigar en la vida para conformar una de las mejores obras de su cine y el cine en general.

En el andar por las distintas regiones en Francia y la ciudad, Agnès nos enseña su curiosidad y habilidad para encontrar las mejores historias y personajes para mostrar su visión. Espigadores, racimadores y recolectores son los protagonistas y en cada uno de ellos encuentra vidas muy diversas que nos provocan cuestionar el proceso de la recolección desde muchos ángulos. 

En el campo, el espigar es común, de una cosecha a veces se desechan 25 toneladas porque estas papas no cumplen con las características de comercialización, en estos campos, los espigadores se reúnen y recolectan los desperdicios de las fábricas, sus razones son varias, hombres que perdieron su trabajo, otros recolectan para sus hogares, un chef reconocido lo hace para su propuesta culinaria, incluso niños realizan esta actividad. 

Así como hay espigadores de muchos tipos, los dueños de las cosechas permiten o no esta práctica, algunos lo regulan con tiempos de recolección específicos, otros tiran lo restante al suelo para que no sea recogido y aprovechado por otros. La ley no prohibe la práctica pero algunos argumentan que así protegen su capital.

La ciudad no se excluye, mucha gente recoge de los mercados la fruta, verdura y el pan que sobra. Algunos lo hacen por cuestiones éticas, otros por sus bajos salarios. Un grupo de jóvenes busca en la basura de un supermercado y éste opta por echar cloro a la basura para evitarlo. Un señor declara que ha comido de la basura por 10 años a pesar de tener un trabajo y salario estable. 

En esta demostración del campo y la ciudad, la antigüedad y la modernidad encuentro lo más valioso. La llegada del nuevo siglo, trajo consigo muchos cambios y aceleró el crecimiento, nos desbordamos como las cosechas de papas que vemos en las primeras secuencias. El consumo es desmedido y seguimos aumentándolo, seleccionando las papas más redondas, de colores uniformes y pesos similares. Tiramos a la basura lo que se descompone y vemos en lo viejo, lo inservible.

Este documental es tan vigente que estremece, el desperdicio sigue formando parte de nuestra forma de vida y se habla poco al respecto, el cuidado de lo que consumimos se ha vuelto tan banal como ver la fecha de caducidad de un producto y desecharlo si caducó. No cuestionamos los tiempos de elaboración y cuidado de lo que nos rodea y las implicaciones de ello. Es en obras como esta en donde podemos cuestionarnos cómo nos relacionamos con nuestro entorno y con nuestras creencias acerca del mismo.

En el espigar de la realizadora a través de los años, contemplamos como su curiosidad la lleva a los lugares más precisos para narrar, de la manera más comprometida, su visión ante la vida y es así como su cine se vuelve un testimonio no solamente de su mundo si no del nuestro.

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