Por: Valentina Ramírez
El viernes 16 de octubre dio inicio la 24ª edición del Festival Internacional de Cine de Morelia con la función de gala de Campeón Gabacho, la nueva película de Jonás Cuarón, co-escrita por la novelista Aura Xilonen, autora de la novela en la que está basada la cinta. La película trata sobre Liborio, interpretado por Juan Daniel García Treviño, un migrante mexicano que se enfrenta a los prejuicios y obstáculos de Nueva York, al mismo tiempo que comienza a encontrar comunidad en el barrio con personas que reconocen su talento para el boxeo.

La película es un recorrido a veces surreal, a veces cómico y a veces melodramático de la experiencia migrante y el sueño americano. La fotografía, a cargo de Alexis Zabé, es vibrante, enérgica y compleja, con movimientos creativos y a veces hiperactivos que destacan el tono lúdico de la película y su entusiasmo por la vida de sus personajes. El primer lugar al que llega Liborio en Estados Unidos es una librería, y aunque el dueño de la tienda tiene toda pinta de ser un blanco cascarrabias, es acogido tanto por él como por sus libros, lo cual se refleja en el constante monólogo en la mente del protagonista, que muchas veces rompe la cuarta pared para involucrar a la audiencia en una mezcla de reflexiones poéticas y cotidianas. Liborio se descubre a sí mismo usando los puños para defender a los que quiere y a sí mismo, algo que el titular de un orfanato, interpretado por Rubén Blades, re-dirige hacía el boxeo.
La película es una odisea de momentos diversos, algunos mejor establecidos que otros, que se van entrelazando hasta llegar a la pelea final. Es difícil evitar la comparación con Ya no estoy aquí, pues además de compartir el tema de la vida migrante, el mismo Juan Daniel García Treviño interpreta nuevamente a un protagónico que cruza la frontera para enfrentarse a los prejuicios de la urbe estadounidense. Algo a lo que el mismo actor respondió en la conferencia de prensa en Morelia; Liborio, a diferencia de Ulises, se caracteriza por una energía más entrona y entusiasta, y le da una oportunidad interpretativa al actor de romper con el tono trágico que suelen tener los personajes migrantes.

Este deseo de buscar esperanza en las historias que vemos en pantalla también fue mencionado por Daniela Michel durante la conferencia de prensa del FICM, y lo señaló como un motivo para escoger la película como film inaugural del festival. Es cierto que el cine mexicano se ha visto marcado por un tono pesimista con el paso del tiempo que muchos y muchas lamentamos, pero al mismo tiempo es claro que las películas de denuncia social siguen siendo necesarias. Nos hace preguntarnos si la ingenuidad de la película es un logro o más bien, una fantasía.


La película también tiene un elefante en la sala. ¿Es frustrante que algunas de las mejores oportunidades del cine mexicano parezcan llegar a nepo-babies? Sí, puede ser. ¿La película tiene propuestas interesantes y una identidad propia? También. El arte, a diferencia de la política, es mucho más amable con los proyectos familiares, pero aún así es un tema del cual la película difícilmente escapa. El film nos deja abierta la posibilidad de un entusiasmo renovado, qué tanto se reflejará eso en el resto del FICM, está por verse.
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