Por: Andrea Rendón |@andrearendon__
En su estreno en México el pasado 7 de mayo, O último azul el cuarto largometraje del director Gabriel Mascaro, llegó a las pantallas con una historia que mezcla elementos distópicos en una road movie protagonizada por Denise Weinberg en la que Teresa, una mujer mayor, se enfrenta al desplazamiento en el Amazonas y se rebela contra las políticas discriminatorias de una sociedad ficticia poco alejada de la realidad. Denise Weinberg nos compartió sobre su trayectoria como actriz y lo que significa para ella interpretar a Teresa.

Girls at Films: ¿Por qué decidiste ser actriz y cómo fue tu primer acercamiento al cine?
Denise Weinberg: Tuve una educación muy cultural gracias a mi padre, que era europeo. Siempre amé las artes, pero como espectadora. Fue hasta los 20 o 22 años, en Río de Janeiro, que me uní a un grupo de jóvenes angustiados que no queríamos una vida «normal» como ingenieros o biólogos. Así fundamos el Grupo Tapa, una compañía de teatro que existe hasta hoy. Pasé 25 años dedicada exclusivamente al escenario.
Al audiovisual llegué muy tarde, después de los 40 años, y de forma muy humilde. Un director que me conocía del teatro me llamó y así comencé. Para mí, 30 años en el cine es poco tiempo comparado con mis 70 de vida. Al principio no me encantaba; extrañaba el intercambio vivo con la platea. En la cámara me siento sola; es un trabajo solitario. Sin embargo, cuando hay un equipo maravilloso y un personaje como Teresa en Último Azul, se vuelve un placer. Teresa es un regalo, una gran creación. Por ella llevo tres años sin hacer teatro, algo rarísimo en mi carrera, pero hoy disfruto ambas cosas, aunque mi casa siempre será el escenario.
GaF: ¿Cómo llegó a ti este proyecto y qué te dejó interpretar a Teresa?
DW: Ni siquiera estoy segura de cómo llegué exactamente a él. Conocía a Gabriel, el director, solo por su trabajo. Conversamos por Zoom, me mandó el guión y me enamoré de la historia. Cuando fui a la Amazonia para los ensayos, descubrí que Gabriel y yo pensamos de la misma manera, lo que facilitó todo. Él es un director dócil que sabe escuchar; fue un «casamiento» muy provechoso para la película.
Soy actriz porque me gusta contar buenas historias. No me importa si el personaje es pequeño; si la historia es buena, contribuyo con todo lo que tengo. Viniendo del teatro, amo el trabajo colectivo y detesto trabajar de forma individualista.

GaF: Sobre la historia de la película, ¿qué te imaginas que pasaba realmente en esa colonia?
DW: Es un retrato del abandono. Pienso que a esas personas las dejaron allí para que desaparecieran. Al sistema le encantaría que los viejos desaparecieran para no tener que pagar sus jubilaciones. Esa colonia parece el nombre que se le da a una desaparición sin explicaciones para los familiares. Retirar a un anciano de su casa y de su familia es algo profundamente doloroso.
GaF: O último azul destaca por mostrar rostros que no solemos ver en la pantalla grande.
DW: Sí, es una película muy singular porque no se trata de personas jóvenes y bellas bajo los estándares de Hollywood. El cine estadounidense tiene una fijación con la juventud y los procedimientos estéticos; a los viejos no los quieren mirar. El cine europeo es distinto, aún trabaja con actores mayores. Pero esto va a cambiar porque el planeta está envejeciendo. En 20 años, la proporción de adultos mayores será mucho mayor que la de jóvenes y tenemos que pensar seriamente en qué vamos a hacer: cómo darles afecto, fuerza y oportunidades en lugar de abandonarlos.

GaF: ¿Qué consejo le darías a las actrices que están experimentando cambios en la industria debido a su edad?
DW: Mucho corazón e insistencia. Hay historias fantásticas sobre la vejez que aún no se escriben. El problema es que, cuando se habla de viejos, siempre se trata de Alzheimer, enfermedades o memorias tristes. Se habla de cosas desagradables que la gente no quiere mirar. No se muestra la autonomía, el deseo o la libertad que todavía podemos tener hasta el momento de desaparecer.
A las actrices les diría que no se entristezcan por envejecer. Aquí en Brasil tenemos actores de 90 años con la memoria intacta trabajando en el teatro en Sao Paulo. El problema es el prejuicio y el miedo a la muerte. La única certeza que tenemos al nacer es que vamos a morir, entonces, ¿por qué tener miedo? Nos aferramos a la belleza física o la agilidad juvenil, que pierden importancia con el tiempo. Al envejecer, descubrimos otro tipo de energía, otro tipo de belleza y otra agilidad.





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