Por: Fernanda Lozada Arellano
El nuevo cortometraje del afamado director español Pedro Almodóvar es toda una experiencia. En treinta minutos construye una historia de amor entrañable que si bien no es nada nuevo (por sus personajes y género, western, remite al largometraje de 2005, Brokeback Mountain), supo darle el toque para volverla única, podemos aunarlo especialmente a la mirada, estilo y estética de Pedro (que es ya toda una institución y hasta una plástica) en todos los aspectos que conforman esta producción, volviéndolo un proyecto diferente en su filmografía y aun así muy suyo.

La dirección general juega un gran papel en este cortometraje pues al juntar el tono, el género y el mismo guion encontramos que pudo haber sido una combinación bastante peligrosa pero el trabajo está tan cuidado en todas sus áreas que queda claro que ninguna decisión es gratuita, llevándonos así a destacar el proceso de casting y la elección posterior del mismo, si bien está más que claro que Pedro Pascal es el actor del momento, no es casualidad que se haya quedado y apropiado de este personaje.
Ambos protagonistas realizan un trabajo impecable, los papeles dentro de la historia están perfectamente definidos y ambos actores dan una interpretación con múltiples matices dentro de su propia narrativa, son capaces de transmitir emociones complejas sin necesidad de mucha explicación y, aunque sí se utiliza el recurso del flashback es realmente breve, todo funciona y recae en el profundo análisis y entendimiento del guion, la psicología de los personajes y sobre todo la comprensión de sus deseos, propósitos y motivaciones.

La dupla tiene una química impresionante en pantalla apoyando la construcción empática emocional, lo cual es de gran importancia considerado que no existen muchos más personajes, dejándolos con toda la carga narrativa. La complejidad de la realización de un cortometraje es justamente alcanzar a contar una historia y hacer que el espectador conecte con ella y los involucrados en tan poco tiempo por lo que debe ser una narración concisa pero poderosa y “Strange Way of Life” lo consigue sin duda alguna, claramente se siente la experiencia y el talento del español como contador de historias.
La estructura del corto es casi de manual, podría dividirse perfectamente en actos y eventos dramáticos pero a pesar de eso este proyecto no resulta para nada predecible pues la historia sabe mantener al espectador interesado y entretenido, además oferta en el momento preciso un giro de tuerca (digno del género aunque mezclando y difuminándolo con el melodrama) muy bien escrito y después de este no relaja el nivel de tensión que construye hasta llegar al tercer acto donde nos da una catarsis muy conmovedora y un momento muy íntimo y profundo.

Una vez más el director de películas como “Dolor y Gloria” o “Todo sobre mi madre” nos trae un nuevo referente del cine queer, la representación sigue siendo realmente importante y necesaria, situación que Almodóvar cubre y aborda siempre con mucha verdad así como diversidad y aporta un acercamiento personal que se siente inmediatamente como espectador, es más que obvio que estas historias atraviesan al director desde un lugar muy especial y sobre todo íntimo.






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