Film Diary Berlinale 71: Night Raiders, mujeres indígenas liderando una ciencia ficción distópica.

Por: Kathia Villagrán | @KathiaVC

A finales de la primera década del Siglo XXI, las diversas franquicias de ciencia ficción y distopías acapararon las librerías comerciales, las estanterías de los adolescentes y los no tan adolescentes, y las salas de cines. Nos familiarizamos con nombres como The Hunger Games, Divergent, Maze Runner y The Fifth Wave, y con su éxito, títulos anteriores empezaron a resurgir como The Giver y Fahrenheit 451. Los estrenos de una nueva película o libro se esperaban como se esperan las películas de superhéroes en la actualidad y algunos de sus elementos se convirtieron en referentes de la cultura popular entre los millennials.

El público más ferviente era el adolescente, se trataba de un gusto en común que no dividía a sus fans por género y se consideraba en un punto “neutro” —no era ni muy “femenino” ni muy “masculino”—, pero poco a poco el público adulto también se convirtió en un posible target efectivo. The Handmaid’s Tale fue revivido después de su publicación en 1985 y su primera adaptación cinco años después. El recibimiento de la nueva entrega fue bastante peculiar: su estreno coincidió con el año en que Donald Trump llegó a la presidencia de Estados Unidos y los derechos de la mujer —y otras minorías— quedaron en juego. Con cada temporada, la audiencia pronto detectaba semejanzas en la serie con la realidad del país, a pesar de que la producción se había llevado a cabo un año antes. Coincidencias que también se manifiestan en la obra de Danis Goulet, Night Raiders.

Night Raides se sitúa en Norte América de 2043, postguerra. Un mundo donde Estados Unidos y Canadá se han unido como una sola nación, dividida en dos facciones; los que apoyan al gobierno (y se benefician de ello) y los que están en contra (y deben sobrevivir en medio de la destrucción y la miseria). Ambas facciones son aisladas por un enorme muro y todo niño arriba de los 5 años, sin importar la facción a la que pertenezca, es arrebatado de sus padres e ingresado a una academia militar donde se preparan para pelear del lado del gobierno. 

Al igual que las casualidades con The Handmaid’s Tale, Goulet empezó imaginar líneas de tiempo post-apocalípticas en una región dividida por un muro y posteriormente abatida por un virus que afecta a los más pobres, antes de que fuéramos testigos de una realidad similar. Tal vez los antecedentes históricos son suficientes para saber hasta dónde son capaces de llegar los seres humanos con poder, algo que ha afectado de manera directa a las personas indígenas de todo el mundo, e imaginar las consecuencias de una sociedad como tal no es difícil. 

Quienes nos introducen a la historia son Niska (Elle Májijá Tailfeathers) y Waseese (Brooklyn Letexier-Hart), un dúo conformado por madre e hija que llevan seis años huyendo de ser separadas. Todo cambia cuando Waseese tiene un accidente y la herida empieza a infectarse. En busca de refugio y medicina llegan a una ciudad fronteriza con el otro lado del muro, pero el ejército está aún más cerca de ellas y Niska se ve en la terrible posición de abandonar a su hija. Tiempo después se encuentra un grupo Cree que aseguran que Niska es quien los va a salvar gracias a la profecía que se le manifestó a una de las ancianas de la tribu, la cual dice que una persona proveniente del Norte permitirá que escapen de las peligrosas tierras que los rodean. Niska debe decidir entre aceptar el llamado de su gente u obtener un pasaporte para cruzar el muro. Ambas decisiones pueden permitirle regresar a su hija pero con consecuencias diferentes.

Con el previo deseo de escribir historias de ciencia ficción sobre personajes indígenas, Danis Goulet emprendió un viaje de investigación. Cuando visitó la reserva Standing Rock en Carolina del Norte, escuchó la profecía de la “Serpiente Negra gigante que llegaría desde el Norte, devorando y destruyendo todo en su camino”. Profecía que se ha interpretado como la construcción del oleoducto del Dakota Access, en el 2016. La intervención del gobierno en reservas naturales y la colonización son mensajes presentes en Night Raiders.

Night Raiders además de ser una historia de escape claustrofóbica, se convierte en una historia sobre amor, sacrificio y resiliencia. También es una historia que juega con el tropo de la “persona elegida” —bastante común en el género— y no se abstiene de mostrar la vulnerabilidad de sus protagonistas en ningún momento. La película vale la pena solo por tener a dos mujeres indígenas como protagonistas en un género predominantemente caucásico y anglosajón, pero la historia —aunque pueda depender de los clichés muy propios de la ciencia ficción distópica— es entretenida y emocionante.


Uno de sus productores ejecutivos de Night Raiders es Taika Waititi (Thor: Ragnarok y Jojo Rabbit) y Goulet se enorgullece de tener un crew de producción mayoritariamente indígena. Night Raiders estrenó en la edición 71 de Berlinale, en la sección Panorama que pudimos ver de forma digital para nuestra cobertura.


Kathia Villagrán
Mercadóloga por profesión, cinéfila por pasión. Consumo mucho cine, literatura y series a niveles casi antisociales. Hufflepuff.

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