The Final Cut: La Ciénega

Por: Alexandra Meneses | @BretonMeneses

Todo comienza en unas vacaciones arruinadas por una tormenta estruendosa y el accidente de Mecha, nadie parece inmutarse, sin embargo, la herida parece ser lo suficientemente grave como para llevarla al hospital, toda la película se maneja así, en una estructura que parece que no pasa nada dónde realmente está pasando todo, la naturalidad que construye la directora Lucrecia Martel recordase a una novela de Cortázar “Cartas de mamá”, cuando pasamos de una situación a otra la suposición y el interpretar lo visto en cada plano se vuelve un ejercicio de contorsionismo visual.

Hablando de la puesta en cuadro, el estilo de iluminación se inclina hacia lo
naturalista, realmente nunca vemos un contraste de sombras o luces de relleno que hagan que la imagen se vea pictórica, todo lo contrario, en parte está acompañada de una puesta en escena que nos habla de cierto estatus social donde una familia de clase media se encuentra en una ambiente decadente y al mismo tiempo asfixiante, estamos hablando del calor, la humedad de un verano que se percibe escaso de color, la piscina sucia, el desorden, el lodo que deja la tormenta, el mismo nombre de la película nos habla de un pantano.

Still de La Ciénega

Una de las escenas, de muchas otras, pero que resalto porque fue la primera en causarme una sensación de malestar, gracias a su puesta en cuadro como a su puesta en escena, es cuando Tali hace el desayuno, Luciano acaba de cortarse pero minutos antes vimos que también tiene un problema con su diente, los niños regularmente son criaturas dotadas de ternura e inocencia, no obstante, en esta escena, tenemos un caos, las niñas más pintadas que las mismas mujeres mayores que tratan de llamar la atención de Tali, el ruido de algo calentándose y el dialogo sobreponiéndose y el incidente de Luciano son cosas que juntas en mi particular experiencia me terminaron molestando, como si yo estuviera en los zapatos de Tali, de hecho parece que el viaje que quiere a hacer a Bolivia es una tremenda excusa para salir de ahí, podría interpretarse como una crítica hacia la situación social y económica de Argentina, no obstante, creo que lo retorico se encuentra en cosas como la vaca sumiéndose en el lodo, el conejo muerto que Luciano observa y finge dispararle con una pistola de plástico en la barra de la cocina, otras casi imperceptibles como el nombre de la casa de Mecha “La Mandrágora”, nombre de una planta que esconde el mito que surge durante la Edad Media, la planta es similar a una figura humana y se creía que emitía un grito al sacarla de la tierra capaz de matar a quien se atreviera a ello, este dato no tendría importancia si no supiéramos que la mamá de Mecha tras un incidente no quiso nunca volver a levantarse de la, parece que su hija Mecha repetirá sus pasos, esto se reafirma cuando Momi se acerca y la compara con su abuela a lo que Mecha responde con gritos y lanzando una revista.

Still de La Ciénega

Si hablamos de la construcción de todas las situaciones que separadas parecen insignificantes, realmente nos damos cuenta que unidas narran un discurso que no sólo escuchamos, sino que reflexionamos, interpretamos las imágenes de la directora, todo el mundo se hace de la vista gorda, “parece” que nada pasa y sin en cambio el final dónde Luciano se cae de la escalera y en la casa no hay nadie obtiene en su narrativa mucha fuerza, nadie vio nada pero suponemos la infidelidad de Guillermo con la actual novia de su hijo años atrás, el cariño de Momi hacia Isabel, la relación que se dará o se dio de José y Leonora, etc. Toda la película es una gran interpretación de suposiciones.

La propuesta de la directora realmente creo que como primera película está bien estructurada en la parte argumental, son los diálogos los que conectan las historias y deseos de los personajes lo que realmente termina atrapándote, la parte visual es sobresaliente porque Lucrecia Martel coloca la cámara en distintas perspectivas, el espectador ve el punto de vista de los niños, de Momi, Tila, Mecha, José, Leonora, etc. Tenemos en nuestras manos una película que nos obliga a observar lo que sucede porque de otro modo sólo sería una conversación casual en el autobús donde la información sin la imagen toma un tono superfluo.

Alexandra Meneses
Estudiante de cine, para el cine colaborando con Quimera Lab distribuidora independiente

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