Review #FICM2019: Una canta, la otra no.

Por: Jimena Ríos |@JimenaRios

En la edición 17 del Festival Internacional de Cine de Morelia se le rindió homenaje a Agnès Varda y tuve la oportunidad de ver Una canta, la otra no. La presentación fue muy especial ya que estuvo Rosalie Varda, su hija y su introducción me hizo pensar mucho en el tipo de película que Agnès quería realizar.

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Rosalie Varda en el #FICM2019 Fotografías: Andrea Rendón

Agnès perteneció al movimiento feminista y a través de su cine pudimos conocer más sobre sus posturas, esta película, en palabras de su hija pretendía ser feminista pero alegre, mostrar un feminismo que ama a los hombres pero que Agnès sabía muy bien que había conceptos que los hombres no podían entender y no les gustaba escuchar, por esto tomó la decisión de hacer un musical y que por medio de canciones ellos pudieran comprender las ideas de aquel feminismo.

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Rosalie Varda en el #FICM2019

Esta cinta de 1976 relata la historia de dos mujeres con experiencias de vida muy distintas, unidas por una amistad muy fuerte a pesar de la distancia que las separa. Pomme proviene de una familia adinerada, es joven y tiene el sueño de ser cantante. Suzanne es mayor que Pomme, tiene dos hijos y está esperando un tercero que no puede mantener. Pomme decide conseguir dinero para ayudarle a Suzanne a tener un aborto y es ahí en donde se unen por primera vez estas dos mujeres, quienes después de una tragedia se separan y 10 años más tarde se reencuentran en una marcha feminista. Por medio de cartas conocemos sus vidas y cómo cada una vivió el movimiento de liberación femenina.

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Al estrenarse la película en 1976 hubo opiniones divididas, se dijo que no era los suficientemente radical, que se centraba mucho en los hombres, y demás. Viéndola ahora en este contexto, en 2019 cuando seguimos con la lucha feminista y pareciera que vamos en retroceso, me parece una cinta muy fresca y relevante. En el cine de Agnès siempre encuentro consuelo, sus personajes son muy distintos entre ellos, las mujeres tienen personalidades muy variadas pero lo que permanece siempre es el respeto que ella tiene a estas diferencias, el cual transmite dotando a sus personajes de profundidad, complejidad y mucha belleza.

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Son pocas las veces que vemos en el cine historias tan vulnerables y detalladas sobre la amistad entre dos mujeres, y es en estos intercambios que encuentro la belleza máxima de esta obra: las mujeres nunca estamos solas. Las escenas en donde Pomme y Suzanne están rodeadas de otras mujeres son aquellas en donde entiendo por qué Agnès quería hacer una película alegre, todas ellas están unidas por un vínculo inquebrantable que debe celebrarse: ser mujer.

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Es verdad que en la vida de estas dos mujeres están muy presentes los hombres pero más que sus vidas giren en torno a esas relaciones, creo que esta necesidad de hablar y expresar sus anhelos, sueños y miedos con alguien que las acepte tal cual son es lo que lleva a Pomme y Suzanne a reencontrarse, no sólo entre ellas si no con ellas mismas. Llegar a la libertad que a cada una le sienta bien, a ritmos distintos y de maneras diferentes.

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Me queda más claro que nunca que lo que se nos hereda de esta historia es la libertad de decidir cómo vivimos nuestra vida y la manera de percibirnos como mujeres, con lo bueno y lo malo. Es en nuestras relaciones con aquellas que nos rodean que encontramos la compañía, la tranquilidad y la compasión que necesitamos.


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