Por: Andrea Rendón | @andrearendon__
Diez años entre el teatro, la ópera y el cine; cinco cortometrajes propios; y una Residencia de Guion que ya cumple cinco años impulsando a mujeres y disidencias en México.
Un verano con Matilde, el cortometraje más reciente de Ingrid Jigar, estuvo en postproducción tras ser seleccionado por el Apoyo a la Producción de Cortometrajes por Región del FOCINE (2024-2025), y llegó a Shorts México este mes. Jigar es guionista egresada del Curso de Guion del Centro de Capacitación Cinematográfica, directora formada primero en teatro y ópera, y fundadora de Cine y Mujer A.C., donde coordina la Residencia de Guion. Es también creadora del podcast Diario de una guionista. Su filmografía, marcada por el terror y la memoria, incluye Miedo de mí, Eter-es y El mar, la mar, amar; su ópera prima, Donde habitan las sirenas, está en desarrollo. Platicamos con ella sobre su genealogía cinematográfica, el oficio invisible del guion, y lo que significa dirigir poniendo el cuidado del equipo por encima del plano perfecto.

Gaf: ¿Cómo fue tu camino hacia el cine?
Ingrid Jigar: Desde muy pequeña quería dedicarme al cine, pero lo veía como algo que solo se hacía en Hollywood o en la gran Ciudad de México. Jugaba con la cámara de video que mis papás me regalaron a los 13 años, donde mi hermana actuaba y yo le decía qué hacer. A mi abuelo paterno le gustaba contar historias —no sabemos qué tanto era real y qué tanto ficción— y su padre, mi bisabuelo, fue fotógrafo. Me gusta pensar que esa es mi genealogía cinematográfica.
Cuando cumplí 18 años debía escoger una carrera: quise ser arquitecta, contadora, diseñadora de modas, cineasta… En el cine descubrí que podía ser todo en una vida a través de los personajes. Ese año todavía no abría la escuela de cine en Xalapa, así que estudié teatro para conocer la puesta en escena y el trabajo con actores. Siempre quise ser directora: dirigí teatro, luego ópera y finalmente lo que siempre quise, cine.
Aunque pasé por distintos estudios cinematográficos, en ninguno obtuve las herramientas para escribir un guion más allá de lo básico. Ahí decidí aplicar al Curso de Guion del CCC. Confieso que siempre le tuve miedo a esa escuela. Después de cuatro o cinco etapas de examen quedé, y mi pasión por el guion se hizo mucho más fuerte.

Gaf: Tu filmografía tiene una veta de terror muy particular. ¿De dónde viene?
IJ: Miedo de mí fue un ejercicio de terror que hice durante la Especialización en Estudios Cinematográficos de la Universidad Veracruzana, allá por 2018. Ahí descubrí que todas mis pesadillas de niña habían hecho clic con mi yo directora y guionista, y que se me daba escribir terror. Desde entonces he participado en un writers’ room de leyendas y en la coescritura de una película de terror. Mi ópera prima, Donde habitan las sirenas, explora un poco más el género, igual que el guion de largometraje de Miedo de mí, que forma parte de la Incubadora de Fatasolab Colombia este 2025.
El proceso como directora es más lento, pero el de guionista me encanta porque puedo hacerlo redituable creando historias. La labor de guionista ocurre mayormente desde el escritorio de la casa: es increíble que mundos para la pantalla nazcan de cuatro paredes donde, en apariencia, no pasa mucho. Aun cuando no dirijo esas historias, tengo en cuenta el diseño de producción: amo poner detalles de vestuario y de sets, alguna vez quise ser diseñadora de modas.

Gaf: ¿Qué es lo más importante que deberíamos saber de ti?
IJ: Que cuento historias para no olvidar, para habitar lo invisible y dar voz a lo que insiste en ser escuchado. Soy guionista, docente y directora en proceso, y creo en el cine como un acto de ternura, memoria y rebeldía. Escribo desde la herida y el deseo, desde mi propia memoria. El cine que me interesa es el de las genealogías femeninas, sobre todo ahora, desde las preguntas que me hago en esos personajes.
Ahorita estoy en postproducción de Un verano con Matilde, y al mismo tiempo filmando Todo aquello que he llamado hogar, mi primer mediometraje documental y autorreferencial desde el cine-yo, que explora los espacios que alguna vez sentí hogar y su reconstrucción en una nueva ciudad: la CDMX. Paralelamente, sueño y defino lo que será mi ópera prima.

Gaf: ¿Cuál es el sueño más grande que quieres cumplir con tu trabajo?
IJ: Como buena aries tengo demasiados. Si no tengo nada que hacer, me invento diez cosas al mismo tiempo. Pero lo importante no es tener muchos proyectos, sino llevarlos a cabo cada día sin abandonar el camino. Mi objetivo como cineasta es llegar a ser un referente en dirección y guion.
También sueño que Cine y Mujer A.C., el espacio que coordino, acerque estos conocimientos a mujeres y disidencias que no siempre tienen los privilegios para asistir a escuelas profesionales de cine. Sueño con tener las herramientas económicas para que el costo nunca sea un límite para participar en la Residencia de Guion, y que de ahí salgan las próximas referentes.
Gaf: ¿Qué te gustaría que cambiara en esta industria para las mujeres que trabajan en ella?
IJ: Muchas producciones aún replican el modelo del director como figura autoritaria, el «autor» absoluto al que todos deben obedecer sin cuestionar —un modelo que incluso hemos replicado las mujeres. Yo no creo en ese tipo de proyectos: esa lógica nos ha hecho daño, tanto a mujeres como a hombres. Para mí, dirigir implica estar atenta a cómo están todas las personas del set: si ya comieron, si se hidrataron, si descansaron. La salud, el cuidado mutuo y un ambiente armonioso deben ser la base de cualquier rodaje, incluso por encima de lograr el plano perfecto. Si el respeto no está ocurriendo en el set, es mi responsabilidad detenerme y atenderlo antes de seguir filmando.
Que dejáramos de tener que justificarnos tanto. Que existan más espacios seguros y sostenibles para narrar desde nuestras voces, sin encajar en moldes masculinos para que nos tomen en serio.

Gaf: ¿Qué es lo que más te enorgullece hasta ahora?
IJ: Estoy muy orgullosa de Un verano con Matilde, no solo por el apoyo del FOCINE, sino porque como directora logré cosas en el set y en pantalla que antes me parecían lejanas. Disfruté cada momento del rodaje, acompañada de Diana Iraán, una productora increíble que no solo creyó en el guion, sino en mí como directora. Le compartí mis nervios por volver a dirigir y ella me dijo: «Nos ha costado mucho, ¡disfrútalo!». Esa frase me acompañó en cada etapa.
También me siento profundamente orgullosa de Cine y Mujer A.C., un proyecto que cumple cinco años de impulsar capacitación audiovisual, cineclub y acompañamiento creativo para mujeres y disidencias. Verlo crecer y convertirse en una semilla que germina en otras historias me emociona profundamente: me recuerda que este camino no se recorre sola.

Gaf: ¿Qué te gustaría que nuestras lectoras supieran del oficio del guion?
IJ: Que el guion es la estructura invisible de todo lo que amamos ver. Que sin un guion sólido, no hay dirección que salve. Y que escribir no es solo inspiración: es un trabajo técnico, meticuloso, artesanal. Detrás de cada escena hay horas de pensar en los personajes, el conflicto, el ritmo, los silencios, el subtexto.
En mis proyectos autorales imagino personajes femeninos que dialogan con mi historia y con la genealogía de mujeres que me preceden: relatos donde ellas puedan existir con complejidad, contradicción, fuerza y fragilidad al mismo tiempo. Siempre están atravesadas por una intención: dejar una huella, una posibilidad de reimaginar el mundo.

Diario de una guionista
Gaf: Cierre rápido, ¿tus 4 películas o series favoritas de este momento?
IJ: Carta a mi madre para mi hijo (Carla Simón), Vírgenes suicidas (Sofia Coppola), Past Lives (Celine Song) y Tótem (Lila Avilés).
Contacto profesional: ingridvjigar@gmail.com
Fotografías cortesía de Ingrid Jigar.
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Andrea Rendón
Directora y fundora de Girls at Films. Periodista de cine y moda.
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