Por: Julia Iturbe | @juliaiturbe_
Como parte de las actividades del Festival Internacional de Cine en Guadalajara en su edición 41 pudimos entrevistar al equipo realizador de la película Soy Mario, ganadora el Premio Maguey del FICG, galardón que celebra lo mejor del cine queer desde hace 15 años. En esta ocasión Soy Mario llega a la pantalla como una historia entrañable que aborda sin estigmas ni prejuicios la disyuntiva de un hombre trans ante la posibilidad de convertirse en padre, algo que desea pero que teme debido a su constante lucha contra las convenciones sociales. Aquí la conversación que tuvimos con la directora Sharon Kleinberg y lxs protagonistas Oustin de León y Ruth Ramos.

GaF: Para empezar, me gustaría que me platicaras acerca de tu acercamiento con el tema de un hombre trans en general. A veces el público no tiene mucho conocimiento de los procesos hormonales y psicológicos que hay detrás de una transición. ¿Cómo empezaste a desarrollar el tema?
Sharon Kleinberg: Mi acercamiento nació, primeramente, de mi propio desconocimiento, pero sobre todo al notar el rechazo social hacia el tema. Empecé a informarme y a conocer personas trans, hombres y mujeres, que me compartieron sus vidas y cosas muy íntimas. Eso me ayudó a empaparme del concepto de identidad de género y a entender los conflictos que enfrentan por este rechazo desmedido de la sociedad.
En esta investigación, que me tomó varios años, me di cuenta de que muchas personas trans no formaban familias propias. Algunos por deseo personal, pero otros, los que sí querían, enfrentaban muchos conflictos internos y externos. Eso me llevó a desarrollar la historia de Soy Mario. ¿Por qué tiene que haber este impedimento social? Existe una sensación de que no hay un «permiso» social, moral o religioso para que un hombre se embarace. Los casos que seguí de hombres embarazados fuera de México estaban rodeados de odio y violencia.
Al desarrollar la película, quise aprovechar la narrativa del cine para no retratar solo el sufrimiento o la violencia, sino para construir algo positivo. Quería que, como sociedad, podamos replantearnos nuestras creencias limitantes. La película fue la oportunidad de cambiar la narrativa y decir: esto no tiene por qué ser así. Aspiro a una sociedad abierta que acepte la diversidad de identidades.

GaF: Es muy relevante que la historia comience cuando Mario ya pasa socialmente como un hombre cisgénero. Plantea que la transición no es finita; incluso Mario debe pausar su tratamiento de testosterona por salud, algo que suele ser un golpe emocional para muchos hombres trans. ¿Por qué decidiste partir de ese momento específico?
SK: Para mí era vital que viéramos a Mario, antes que nada, como una persona y un hombre. Si el público sabe de entrada que es un hombre trans, a veces se pone una barrera o una etiqueta y empieza el juicio. Yo quería un acercamiento genuino al personaje, alguien que tiene conflictos como cualquiera y cuya identidad trans es solo una de sus características.
Por otro lado, la transición es un inicio, no el final de una historia. Al igual que en las películas donde el «felices para siempre» es en realidad el comienzo de una etapa con altas y bajas, la transición es solo un momento en una vida que es larga. Yo quería centrarme en lo que pasa después: ¿Qué sucede cuando Mario quiere formar una familia? ¿Qué pasa con su entorno, con su trabajo y con su propia definición de masculinidad al enfrentarse a una situación que nunca imaginó vivir?
GaF: Esta historia es sumamente relevante y hay poca representación de hombres trans en el cine. ¿Qué despertó en ti esta película? ¿Eran cuestionamientos que ya tenías sobre la masculinidad o surgieron a partir del proyecto?
Oustin de León: Yo ya tenía conocimiento de esto porque soy un hombre trans y encontré muchas similitudes entre mi vida y la de Mario. Conecté muchísimo con él. De hecho, las emociones que se muestran son casi reales. Sharon me advirtió desde el inicio que se me abrirían heridas y estuve dispuesto porque la visibilidad es fundamental. Es una realidad que algunos hombres trans quieren gestar y eso necesita ser visible. Como actor orgánico, di mi máximo potencial. Me siento muy orgulloso de que la película esté seleccionada para el Premio Maguey y el Premio Mezcal; tengo las emociones a flor de piel.

GaF: Mencionas algo importante, me parece interesante cómo en la película te expones física y emocionalmente. Para muchos hombres trans es difícil mostrar las cicatrices o el proceso de inyectarse, especialmente cuando ya «pasan» socialmente. ¿Qué significó para ti esta exposición?
OdL: Significa libertad. Muchos hombres trans, al lograr el passing o pasar desapercibidos en la sociedad, a veces deciden camuflarse y «perderse», incluso dejando atrás amistades antiguas. Para mí, no es justo salir a una libertad para luego meterse en otro encierro. Por eso quise representar esta masculinidad de manera libre. Yo hice mi transición totalmente visible y eso es lo que quería expresar.
GaF: En la película, el entorno de Mario no siempre es validante; se enfrenta al prejuicio de sus seres cercanos. El personaje de Jessica parece entrar como esa figura que valida y acompaña. ¿Cuál es la importancia de plantear que las personas trans necesitan un entorno así?
OdL: Las personas trans solemos estar en situaciones muy vulnerables, por eso las redes de apoyo son las que nos hacen sobresalir. Mario no tenía esa red tal cual; su propia familia lo atacaba. Ver a Jessica fue como su rescate. Hay una escena donde ella le dice «tú para mí eres perfecto», y esas pequeñas cosas son las que te hacen salir a flote. Uno se agarra de eso con mucha fuerza.
Ruth Ramos: Cuando leí el guion, me pareció muy tierno e importante que existiera este personaje. A veces la experiencia trans puede ser muy solitaria. Jessica representa a ese sector de la sociedad que piensa que el deseo de maternar o paternar no tendría por qué estar condicionado o limitado por la identidad. Fue un acompañamiento desde la ternura.
GaF: Para cerrar, pensando en Soy Mario como un parteaguas, ¿cómo les gustaría que la transmasculinidad fuera representada en el cine de ahora en adelante?
SK: Me gustaría que se quitaran las etiquetas. Todo empieza en el lenguaje; el dividir tajantemente lo femenino de lo masculino nos ha polarizado. Somos mucho más que eso. Me gustaría que viéramos a las personas como seres únicos, sin la necesidad de meterlas a la fuerza en una categoría. Quisiera que el cine mostrara esa amplia gama de grises que es la expresión humana.
OdL: A mí me gustaría que la gente saliera de la sala conmovida y reflexiva sobre la condición humana. Que vean que detrás de una identidad, solo hay una persona.
Ruth Ramos: Yo desearía ver más historias con personajes transmasculinos. El foco ha estado mucho tiempo en las mujeres trans, lo cual está bien, pero este lado es muy particular y tiene una complejidad hermosa.
SK: Es una gran oportunidad estar aquí en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara. Qué bueno que existan espacios como el Premio Maguey para visibilizar estas historias. Entender que existen otras maneras de vivir y vincularse nos ayuda a todos a abrir la mente y abandonar concepciones simplistas de la identidad. Las identidades son un abanico inmenso que hay que seguir explorando en el cine.






Debe estar conectado para enviar un comentario.