Por: Valentina Ramírez | @val_filomata
Después de casi diez años desde la última entrega de esta franquicia, Los ilusionistas regresó hace unos meses con su tercera parte, una película de acción hollywoodesca que entrelaza el mundo de la magia, el suspenso y el crimen de atraco con comedia y glamour. Con el regreso de su elenco original (Jesse Eisenberg, Woody Harrelson, Dave Franco, Isla Fisher y Lizzy Caplan) y la inclusión de algunas caras nuevas (Justice Smith, Dominic Sessa y Ariana Greenblatt), la relación entre los personajes se siente como un reconocimiento del relevo generacional y la construcción de amistad entre mentores y aprendices, algo refrescante en este contexto actual donde pareciera que muchos intentan marcar demasiado las diferencias entre boomers, millennials y generación z. Aunque su argumento llega a tropezarse en varios momentos.
Tres jóvenes magos, Charlie, Bosco y June, llaman la atención del grupo original de ilusionistas al llevar a cabo un show de magia con las caras de los Cuatro Jinetes con el uso de deep fakes y hologramas. Al igual que el grupo original, estos jóvenes intentan usar la magia con unos objetivos a la Robin Hood: robando a estafadores y corruptos. Esto llama la atención de los integrantes originales de los Cuatro Jinetes, empezando por J. Daniel Atlas quien los aborda para reclamar por el uso de su imagen… pero en vez de mostrarse molesto, les revela que los está buscando para llevar a cabo un atraco juntos: el robo del diamante más grande del mundo, que está en posesión de Veronika Vanderberg, heredera de una empresa sudafricana de diamantes que ha servido para limpiar el dinero de criminales de guerra desde la Segunda Guerra Mundial. A partir de este momento comienza una aventura alrededor del mundo donde se reencuentran con los viejos integrantes del grupo y retan a Veronika por medio de ilusiones, trampas y trucos imposibles sacados de los anales de la historia del ilusionismo.

Con un twist final que cambia las implicaciones de los primeros encuentros entre los personajes, la película es entretenida pero algo superficial. De alguna manera se siente como si el tiempo no hubiese pasado entre la última entrega y esta, a pesar de que el paso de los años es algo mencionado explícitamente y notado por los mismos personajes de la película, sin embargo, el humor, el estilo de dirección y la acción se siente bastante dosmilera, algo que quizás sea reconfortante para algunos y tedioso para otros. Hay algo en la forma en que está escrita que deja ver el amor y cariño por su temática; quienes conocen sobre la historia del ilusionismo y la magia de espectáculo reconocerán muchos guiños a trucos históricos y famosos, algo muy romántico para quienes intentamos alguna vez aprender un truco de cartas o pasamos las tardes viendo reality shows sobre el detrás de cámaras de magos como Penn & Teller.

Entrelazar el tema del ilusionismo con la intensidad de un atraco fue una estrategia divertida para la primera y segunda película, y esta retoma esa misma energía en un intento de refrescar la franquicia. Sin embargo, algunas decisiones de los personajes se sienten forzadas y poco coherentes. A pesar de lo simple que podría sonar la descripción de la trama, algunos momentos de la película se sienten demasiado densos y con información confusa. Creo que lo más absurdo es quizás la forma tan caprichosa en que se comporta el gobierno y la policía, actuando a veces en favor de los villanos y otras, más cerca del final, ayudando a los héroes sin mucha claridad de por qué lo hacen. Aún así, la mayor fuerza de la película es su capacidad de aceptar este absurdo como un pormenor y dejarse llevar por una energía cómica y relajada que no pretende engañar a su público sino jugar con él.





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