Por: Andrea Monserrath @_andreaamon
El mockumentary o falso documental de A24, dirigido por Aidan Zamiri (también responsable de los videos musicales “360” y “guess ft. Billie Eilish”) presenta el fenómeno “brat”. Entre luces intermitentes, encuadres claustrofóbicos y una cámara intrusiva, The Moment sigue a una versión ficticia y autointerpretada de Charli XCX. En el reparto, celebridades como Kylie Jenner, Rachel Sennott, Julia Fox y A.G. Cook también hacen apariciones en modo sátira de sí mismas.

La película arranca justo hacia el final del “brat summer”, durante los ensayos previos a la gira de estadios de Charli XCX. En este momento, “brat” está en su mejor momento, Charli encabeza campañas publicitarias con productos verdes promocionando su álbum y manteniendo el auge de la estética “party girl”. Siguiendo este éxito, su disquera la convence de producir una película sobre el tour para mantener la relevancia cultural.
Para dirigir la película, su disquera elige a Johannes (Alexander Skarsgård), un cineasta que intenta hacer de “brat” un producto más digerible para plataformas de streaming y PG-13, buscando expandir su público; una visión muy diferente a la de la propia Charli y su directora creativa y amiga, Celeste.

La absorción de la contracultura y el male gaze
A pesar de que la cinta es ficticia y una clara sátira de la propia Charli y su versión partygirl, The Moment presenta una aguda crítica que al principio parte del absurdo, como una tarjeta de crédito brat para lxs queers Gen Z, sin embargo, termina por desarrollarse como una narrativa más vulnerable y profunda, menos ficticia y más personal.

Desde el momento en que se comienza la producción de la película, Charli y su directora creativa, Celeste (Hailey Benton Gates), entran en conflicto. La male gaze llega para imponer, cuestionar, silenciar y hacer mansplaining no sólo de encuadres o planos, sino de la misma obra de Charli y la visión y esencia que construyó con su equipo.
La visión masculina y capitalista del arte femenino busca convertir un producto que surgió desde lo contracultural, reaccionario y retador, en algo digerible, familiar y censurado.

¿De quién es el arte cuando sale al mundo?
Ante la presión del tour que inicia en dos semanas, las campañas publicitarias, los KitKat verdes y el desdoblamiento de su visión, la ficticia Charli comienza a cuestionarse no sólo su arte, sino a sí misma, como mujer, como artista, como persona.
Las personas a su alrededor le dicen que debería comportarse diferente, que debería vestirse diferente, que debería seguir creciendo, que se puede convertir en “una de las mejores”, que no pierda su oportunidad; y entre este caos, se ve obligada a dejar atrás lo que la puso en la cima en un principio.
The Moment plantea una crítica hacia la industria musical y del arte: cuando una obra se populariza por su espontaneidad y contraculturalidad, las corporaciones, el público y las marcas buscan adueñarse y absorberla para capitalizarla. En el proceso, la voz y visión artística, sobre todo de las mujeres, se ven sometidas al escrutinio, los cuestionamientos y las expectativas.

brat summer is over: la cultura de la cancelación
Entre todo el caos y disputas creativas, Charli pierde el control y publica en redes sociales material que estaba fuera del acuerdo legal, lo que tiene repercusiones no sólo para ella, sino para sus fans, para la empresa y hasta para la economía.
Como es costumbre, el mockumentary (cada vez más apegado a la realidad) muestra cómo las redes sociales se inundan de comentarios contra ella, señalándola como “comunista” y bajando el puntaje de su álbum, demostrando que las masas van a apreciar el arte contracultural mientras se inscriba en lo permitido, lo políticamente correcto y lo canónicamente cool en internet.

Sin embargo, y como pasa en la realidad, eso no se traduce a acciones reales. Sus shows se llenan, su merchandise se vende, y aunque pierda seguidores, las reproducciones de su álbum y los boletos del tour siguen en aumento. Los cuestionamientos y rechazo hacia los artistas se quedan en el plano del internet, el consumo dice lo contrario.
365 partygirl y el costo del éxito
La cinta, aunque satírica y divertida, tiene un cierre redondo que se siente muy personal y vulnerable. Charli, tras ceder las decisiones creativas de su tour, usar vestuario que no elegiría, maquillaje con el que no se siente cómoda y coreografiando hasta las sonrisas durante su show, se confiesa.
“Sé que no es lo más chic ser la última en irse de la fiesta, pero odio llegar a casa.”
Sin control de su propia obra, visión, estética y todo lo que con autonomía y agencia había construido, Charli se reconoce frágil. Reconoce que la industria, las expectativas y los cánones con los que se mide a las mujeres y su arte la llevaron a construirse y actuar como la messy cool girl.

The Moment no pone el foco en el glamour de ser una artista exitosa, sino que denuncia la forma en que la industria busca absorber, capitalizar e insertar en la hegemonía todo el arte que destaque, aunque esto implique transformarlo hasta despojarlo de su esencia. Así, Charli XCX salió a darle a la industria la versión PG-13 de brat: vestuarios brillantes, coreografías con bailarinas y arneses para volar en el escenario. Acabó con el brat summer para recuperarse a sí misma. She was brat.





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