Por: Andrea Rendón |@andrearendon__.
Durante la Berlinale, quisimos entrevistar también a las productoras que han estado detrás de cada película en competencia. En esta ocasión, entrevistamos a Daniela Leyva Becerra Acosta, productora ejecutiva de MOSCAS de Fernando Eimbcke. Nos complace mucho haber podido platicar con ella y conocer más de su labor como productora dentro del cine mexicano.

Gaf: ¿Por qué decidiste ser productora?
Daniela: Llegué a la producción un poco por casualidad. Lo que siempre supe fue que quería contar historias. El cine entró en mi vida muy temprano, viendo películas con mi papá, que me contagió ese amor desde niña. Cuando estudié cine no tenía claro desde qué lugar quería hacerlo. Fui buscando, probando, hasta que la producción apareció casi por azar. Y ahí sentí que algo encajaba. Producir me permitía acompañar una historia desde su origen hasta que finalmente existe en la pantalla. Empecé haciendo películas muy independientes y entendí que el cine es, ante todo, un acto colectivo. Un trabajo en equipo para hacer posible algo que no existiría sin muchas manos, es lo que hasta hoy más me conmueve de producir.
Gaf: ¿Qué es para ti ser parte de una película seleccionada en Berlín?
Daniela: Me entusiasma muchísimo. La Berlinale es un espacio muy significativo para el cine de autor e independiente; es un festival donde las películas encuentran un espacio de reflexión, donde dialogan con el mundo desde una mirada personal y política a la vez. Creo que hoy eso es muy necesario. La primera vez que fui fue en 2018 con Adam, en la sección Generation. Le tengo un cariño muy especial a Berlín desde entonces. Fue una experiencia que me marcó, y volver ahora con Moscas se siente distinto, quizás más consciente y con mucho agradecimiento. Hacer cine siempre me ha parecido un privilegio, casi algo milagroso. Y hoy más que nunca creo que hay que defender la posibilidad de que las historias se vean en colectividad, en una sala oscura, compartiendo esa experiencia con otros.

Gaf: Tu camino como productora ha pasado por distintas geografías académicas, desde la Sorbonne hasta ECAM y la Carlos III en Madrid, antes de consolidarte en México. ¿Qué influencia crees que tuvo esa formación internacional en tu mirada como productora?
Daniela: Creo que la principal influencia fue entender muy pronto que no existe una sola manera de hacer cine. En la Sorbona tuve una formación muy sólida en teoría y lenguaje cinematográfico; ahí aprendí a tomar las películas en serio y a entender que el cine tiene un lenguaje propio, que no necesariamente obedece al de la literatura. Después, en la ECAM y en la Carlos III, el enfoque era mucho más práctico. Ahí el cine se hacía: se resolvía y se producía enfrentando limitaciones reales. Aunque la verdad es que pienso que la escuela es el lugar que de alguna manera siembra las semillas de la curiosidad, de las ilusiones de las ganas pero es filmando que uno empieza a conectar mejor con lo que es este oficio. Pienso que pasar por distintas geografías me abrió la mirada. Me hizo entender que hay muchos cines posibles y muchas formas de producir. Cuando regresé a México me dieron muchas ganas de aventarme a hacer mis películas porque sentí que, que era un lugar que propiciaba el ingenio y la magia. México mágico donde todo puede pasar. Incluso hacer películas en fines de semana o en una semana porque se cuenta con los presupuestos. Al final, creo que producir es justamente eso: acompañar cada proyecto desde lo que necesita ser.
Gaf: En títulos como Mi novia es la revolución, The Black Minutes y La Cocina has participado en diferentes roles de producción. ¿Qué aprendiste al moverte entre producción ejecutiva, line producing y producción general?
Daniela: Creo que una de las cosas más interesantes del cine es que los roles pueden venir desde lugares muy distintos. Yo empecé produciendo mis propias películas, que eran muy pequeñas e independientes y en ellas hacía de alguna manera la producción en línea. El rodaje siempre me ha gustado muchísimo; el set es un lugar donde me siento muy viva. Trabajar como line producer me dio una cercanía real con la operación: entender los tiempos, los costos, las limitaciones concretas de un rodaje. Eso después nutre mucho mi trabajo como productora ejecutiva, porque sé exactamente lo que implica llevar una decisión creativa a la práctica. Al mismo tiempo, hacer producción ejecutiva me dio, quizás, una mirada más amplia y estratégica: entender el proyecto en su totalidad para entonces cuidar que la operación siempre responda a lo que se quiere contar. Me gusta moverme entre esos dos lugares. Pienso o me gusta pensar que me permite poder dialogar y escuchar mejor.
Gaf: ¿Cómo fue para ti participar en Moscas?
Daniela: Cuando leí el guion de Moscas me emocioné muchísimo. Desde el primer momento supe que quería hacerla. Era el tipo de película que llevaba un par de años esperando. Venía de trabajar en proyectos mucho más grandes en términos de escala, que agradezco muchísimo, pero tenía muchas ganas de volver a algo más íntimo, más contenido y más verdadero. Me conmovió la forma en la que habla de la pérdida y de la maternidad, sin dramatismos excesivos, desde lo cotidiano y también desde los silencios. Sentí que era una película que necesitaba cuidado, escucha y paciencia, y eso me cautivó. Para mí fue muy especial poder acompañar este proyecto y en muchos momentos me reconectó con la razón por la que empecé a producir.

Gaf: ¿Hay algún proyecto de tus primeros años en México que, con la distancia del tiempo, sientas que marcó un punto de inflexión en tu carrera? ¿Por qué?
Daniela: Creo que, de alguna manera, todos los proyectos han sido un punto de inflexión, porque cada película es un mundo y nunca te la sabes. Siempre es un reto nuevo, y eso es también lo bonito de este trabajo. Quizás Los Minutos Negros fue la primera película en la que trabajé dentro de una estructura mucho más grande y formal. Venía de hacer cine muy independiente, con equipos pequeños y procesos más artesanales, y de pronto me encontré con una producción de época, con efectos visuales, muchos actores, construcción, múltiples locaciones y una infraestructura mucho más robusta. Fue mi primer acercamiento a una maquinaria más “industrial” del cine. Y ahí entendí que, aunque cambien las escalas, lo esencial sigue siendo lo mismo: sostener una visión y hacerla posible. Solo que sí con muchas más variables en juego.
Gaf: Trabajar con directores de estilos tan distintos implica adaptabilidad. ¿Cómo manejas el equilibrio entre tu visión de productora y la visión del director con quien colaboras?
Daniela: Creo que todo empieza por escuchar. Leer con atención y escuchar de verdad a la persona que está dirigiendo para saber sí tu eres compatible y la persona indicada para este proyecto. No existe una fórmula única para acompañar un proceso creativo. Para mí es fundamental hablar mucho al inicio y acordar qué película queremos hacer y por qué. Parece algo obvio, pero en el camino es fácil perder de vista esa claridad, y cuando eso sucede empiezan la confusión y el caos. Parte de nuestro trabajo como productores es justamente recordar esa brújula: qué estamos contando y para qué. Mi visión como productora no debería estar en conflicto con la del director. Se supone que estamos haciendo la misma película. Mi trabajo es traducir esa visión en algo posible, sostenible y concreto, sin que pierda su esencia. Al final, gran parte de producir es comunicar: entre el director y el equipo, entre lo creativo y lo operativo. Es construir puentes todo el tiempo para que la película pueda existir.
Gaf: En The Black Minutes (Los minutos negros), un thriller noir con una narrativa densa, ¿qué desafíos de producción recuerdas como los más significativos y cómo los resolviste?
Daniela: Hubo muchos desafíos. El primero fue que Los minutos negros es una adaptación de la novela de Martín Solares, que maneja dos épocas. Durante mucho tiempo el guion cinematográfico también trabajaba con esas dos líneas temporales. Sin embargo, no lográbamos tener un plan de rodaje que nos permitiera filmar el guion como estaba escrito con los recursos y tiempo que teníamos. Una de las decisiones más difíciles fue tener que elegir: quitar una de esas épocas y definir qué historia queríamos contar nosotros para hacer la mejor película posible con los recursos reales, sin traicionar la esencia del libro. Otro gran reto fue construir la atmósfera de Tabasco en aquella época en CDMX. Solo filmamos ahí una semana; el 90% del rodaje se hizo en Ciudad de México. Hubo un trabajo muy preciso del Diseño de Producción, de Fotografía y Locaciones para que el universo se sintiera coherente y verosímil. Fue una película que nos obligó a tomar decisiones difíciles, a recurrir a mucho ingenio y a resolver creativamente todo el tiempo porque realmente tenía pocos recursos para lo que la película demandaba.
Gaf: Para muchas productoras mexicanas, la construcción de redes y coproducciones es fundamental. ¿Qué experiencias claves has tenido trabajando en coproducciones y cómo han influido en tu manera de producir?
Daniela: Creo que para empezar, el cine independiente prácticamente no puede existir sin coproducciones. Y no hablo solo de acuerdos internacionales; empieza desde lo más cercano. Coproduces cuando generas alianzas con casas de alquiler de equipo, con laboratorios, con proveedores que creen en el proyecto y apuestan contigo. Desde ahí se empieza a construir una película. Después están las coproducciones formales, nacionales e internacionales, que han sido fundamentales en casi todos los proyectos que he hecho fuera del sistema de los Estudios y plataformas. Trabajar con otros productores y otros países implica aprender a dialogar con marcos legales distintos, con culturas de trabajo diferentes y con expectativas diversas. Eso te obliga a ser muy clara en la comunicación porque tus aliados, socios, coproductores, te acompañan para bien o para mal a lo largo de todo el proyecto. Y luego más allá de lo financiero, las coproducciones amplían la mirada. La película deja de pertenecer a un solo territorio y empieza a dialogar con otros contextos. Creo que eso enriquece mucho el proceso. Al final, regresa a algo que he mencionado antes: el cine es un acto colectivo. Las coproducciones son una manifestación muy concreta de eso. Se necesitan muchas manos, muchas voluntades y mucha confianza compartida para que una película exista.
Gaf: Al proyectar los próximos años de tu carrera, ¿qué tipo de historias o colaboraciones buscas potenciar que aún no has podido explorar?
Daniela: Me encantaría producir películas que nazcan desde miradas propias que tengan identidad, que se sientan arraigadas a una cultura, a una sensibilidad, a una experiencia particular. Creo que hoy eso es importante. Me entusiasma mucho acompañar proyectos que amplíen el imaginario: que nos permitan vernos desde otros lugares, que celebren quiénes somos y que, al mismo tiempo, dialoguen con el mundo. Pienso que el cine tiene una fuerza enorme cuando parte de algo muy específico y auténtico. Proyectos que no intenten encajar en un molde, sino que afirmen su propia voz. Creo que Berlin es un festival que da espacio para que esas historias puedan gestarse y existir.

Gaf: ¿Qué consejo les darías a jóvenes productoras?
Daniela: No sé si me siento en posición de dar consejos, pero sí puedo compartir lo que creo es importante. Primero: leer y escuchar. No hay buena película sin una buena historia. A veces está en un guion muy sólido, y otras está en lo que un directore te cuenta cuando te habla de su película, en cómo la imagina. He trabajado con cineastas cuyos guiones son breves y cuyo verdadero trabajo sucede en el set. Por eso es importante entender, escuchar y abrirse al proceso de cada quien. Después, creo que confiar en la intuición. Las películas que más he amado producir son aquellas que algo en el cuerpo me dijo que sí. Después vienen los presupuestos, los números, la logística, los esquemas financieros, la operación, las estrategias que son fundamentales y muy divertidas aunque nos saquen canas verdes, pero que al final del día son herramientas al servicio de una decisión inicial: querer hacer esa película. Y por último, no hacerlo sola. Hablar, compartir, hacer equipo con tu crew pero también con colegas de tu generación, con quienes vienen detrás y con quienes vienen llegando. Ahí es donde pienso que se gesta todo y de donde vienen los mayores aprendizajes. En los vínculos genuinos que generas y que te acompañen en este viaje.

Andrea Rendón
Directora y fundadora de Girls at Films. Periodista de cine y moda.





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