Por: Begoña Iturribarría | @Begostereo
Un mensaje pendiente de respuesta se deja ver en la pantalla, después se proyecta sobre una pared y se va alejando, mientras la luz va desvaneciendo gradualmente el mensaje hasta hacerlo ilegible.
Así comienza Miriam, el cortometraje dirigido por Karla Condado y titulado en honor a su tía. La pieza marca el primer cortometraje de la realizadora mexicana y encuentra desde su estreno un lugar en la escena internacional: fue seleccionada en el 76.º Festival Internacional de Cine de Berlín.
El cortometraje documental de la mexicana se construye a partir de una apuesta estética definida: una fotografía intervenida por el recurso del collage, que se consolida como eje visual y discursivo del filme que le permite dejar un mensaje cargado de potencia simbólica y denuncia, articulando así la dimensión visual del relato al superponer texto e imagen.

A partir de ese recurso, la cineasta organiza su narrativa visual. El montaje dialoga con el trabajo de cámara de León Boltivinik, en el que el contraste entre siluetas y planos abiertos de vagones de tren, patios y calles de la Ciudad de México construye una atmósfera sobria, brumosa. El blanco y negro, presente en cada toma, trasciende la elección estética y funciona como un encuadre emocional, una forma de luto que atraviesa la imagen y, al mismo tiempo, un intento por fijar el recuerdo antes de que se desvanezca.

El cortometraje no lo enuncia de forma directa, pero deja sembrada su dedicatoria desde el título mismo. La identidad de Miriam y las circunstancias de su muerte permanecen fuera de campo hasta la mitad del relato cuando el nombre finalmente adquiere rostro: una mujer, una voz silenciada por la violencia. Un feminicidio.
La revelación se contiene y se desplaza hacia el punto medio del relato, donde una frase condensa el sentido del trabajo cinematográfico: “Te protegí del morbo y a mí del dolor”. Con esa declaración, se define el lugar en el que decide narrar: no desde el espectáculo de la violencia, sino desde la intimidad de la pérdida.
A partir de ese momento, la película se asume como un ejercicio de memoria. Más que una crónica de los hechos, adopta la forma de una carta visual en la que Karla reconstruye lo que vino después de la tragedia. Se trata de una despedida que nace en lo íntimo pero se proyecta hacia lo público; un homenaje que, incluso en medio de la ausencia, encuentra el gesto luminoso de desearle feliz cumpleaños.

Para entonces, la experiencia ya es dolorosa para el espectador. Sin embargo, el filme no nos deja en la contemplación pasiva: nos desplaza hacia el acompañamiento. La memoria deja de ser privada y se vuelve colectiva.
En esa línea, la escena en la que conversa con su padre, la que parece ser una charla que comienza con la naturalidad de cualquier intercambio cotidiano, mientras le comenta que asistirá a la marcha del 8M en la Ciudad de México, introduce un quiebre sutil pero determinante. El diálogo deriva hacia el propio proyecto y la reacción de él —“No pensé que te había afectado tanto”— marca un punto de inflexión. No solo modifica la conversación; resignifica el documental.

Es ahí donde la obra alcanza su clímax, no en la estridencia, sino a través de un desenlace contenido y profundamente simbólico: el cierre de un ciclo. El dolor, por fin nombrado, transforma la realización misma en un gesto de liberación.
La película no solo le permite a la directora revisar su historia, sino pronunciarla en voz alta frente a su padre, en una conversación que se debían, haciendo que una producción cinematográfica termine revelándose como un acto íntimo de despedida y con una escena que deja ver el envío de un mensaje de una conversación que estaba incompleta.

Con este trabajo, lo que vemos no es únicamente la reconstrucción del hecho, sino el tránsito vital de la necesidad de Karla Condado de nombrar aquello que, de no enunciarse, corre el riesgo de diluirse. Filmar, entonces, se convierte en un acto de resistencia frente al olvido: una manera de fijar la historia antes de que el silencio termine por absorberla.





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