#Berlinale2026: Chicas Tristes – Sobre los traumas de ser mujer y cómo navegarlos a través de la amistad

Por: Natalia Albin | @_nataliaalbin

Ser mujer es, muchas veces, una experiencia atravesada por traumas. Traumas tan individuales que terminan volviéndose universales. Pero si algo nos saca, aunque sea apenas, de esos momentos, son nuestras amistades. En su centro, Chicas Tristes es una película sobre la fuerza y la importancia del amor que existe entre amigas.

Paula y La Maestra, dos niñas de 16 años en la Ciudad de México, son inseparables. Tienen ese tipo de cercanía que sólo existe cuando ves a tu mejor amiga todos los días, cuando sus intereses se entrelazan hasta volverse indistinguibles. Son las nadadoras más prometedoras de su equipo extracurricular y entrenan para competir en el Campeonato Panamericano en Brasil, una meta que significa más para ellas que cualquier actividad escolar.

Desde la primera escena, donde La Maestra refleja un espejo hacia el sol porque “tú no sabes si hay alguien en un avión que a lo mejor ve hacia abajo y dice ‘wow, hola’”, entendemos que es una niña con una visión idealizada del mundo. Hasta el punto en que sus decisiones pueden volverse impulsivas, aunque siempre nazcan del cariño. En esa lógica, intentando ayudar a su amiga, le susurra a un compañero en una fiesta que a Paula le gusta. Él se toma el comentario como invitación y se asegura de terminar solo en el baño con ella. A partir de ese cataclismo (que desde el primer momento intuimos como traumático) todo cambia.

En ese sentido, la película dialoga con historias recientes como Sorry, Baby y How to Have Sex: no porque repita sus tramas, sino porque comparte el enfoque en cómo el trauma se instala en el cuerpo y altera la vida cotidiana. Y también cómo afecta, para bien y para mal, las relaciones con las mujeres a nuestro alrededor. 

Nada en la ópera prima de Fernanda Tovar, que tuvo su premiere en el Festival Internacional de Cine de Berlín, es accidental. Hacerlas nadadoras es totalmente intencional: cuando Paula empieza a fallar y sentirse ahogada, es su cuerpo desatando lo que no puede decir. Las pequeñas escenas de amistad entre ella y La Maestra, que en la primera mitad son lúdicas, regresan más adelante teñidas de tristeza. La repetición constante de tomas y acciones también es intencional, porque el trauma no detiene la rutina. Las mujeres siguen moviéndose en los mismos espacios, forzadas a convivir con los mismos agresores.

En momentos, Chicas Tristes se puede sentir desesperanzadora. Cuando La Maestra y Paula terminan en un jaque al no estar de acuerdo con cómo lidiar con lo que pasó, se vuelve claro que no hay manera de solucionar el problema. No hay justicia ni salida. El trauma se incrusta en el momento en que ocurre y ninguna respuesta posterior puede revertirlo. Es un dilema que, de nuevo, es universalmente femenino. 

Pero regresando al centro de la película, la fuerza del amor entre amigas se vuelve la única forma posible de sostén. Tal vez, si logramos rodearnos de mujeres que lo único que buscan es cuidarnos, podemos encontrar un refugio. Alguien que intente reflejar la luz del sol con un espejo, sólo para que sepamos que no estamos solas.


Natalia Albin

Es una escritora y emprendedora mexicana viviendo en Londres. Sus escritos generalmente examinan las conexiones entre justicia social, inmigración y feminismos con cine, arte y cultura.


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