Por: Valentina Ramírez Gómez
Adiós amor
La película de Indra Villaseñor es una sensible reflexión sobre la homosexualidad en medio del terrible y complejo mundo del narcotráfico en México y su cultura. Después de ser deportado de Estados Unidos por la migra, Chuy regresa al pequeño pueblo pesquero en Sinaloa donde creció, para encontrarse con que su primer amor, Chano, se ha convertido en sicario. Aunque algunos la mencionan como la “Brokeback Mountain mexicana”, está plenamente aterrizada en el contexto local con su música, sus paisajes y el estilo de vida de sus protagonistas. La tragedia de no poder vivir su amor y su identidad libremente se extiende más allá de Chuy y de Chano, forzados a adaptarse a una masculinidad violenta que irónicamente sólo puede ser retada si se acepta. Chano como sicario temido puede hacer lo que quiera, y hasta cierto punto el participar en esa violencia es lo que le permite volver a acercarse a la ternura y al cuerpo de Chuy.
El soundtrack de la película destaca bastante, utiliza los arreglos instrumentales tan populares en los corridos tumbados como banda sonora vinculando la cultura popular que rodea a los personajes. Además, Chuy es cantante, pero aunque esto le ha servido para expresar su interioridad la fantasía de volverse exitoso es algo que dejó del otro lado de la frontera. Para ellos, ese era el “verdadero sueño americano”, que Chuy se volviese un cantante exitoso, y pudiesen vivir su amor lejos de su pueblo. La película nos invita a pensar en las identidades y experiencias de vida que a veces quedan invisibilizadas cuando hablamos sobre temas de violencia.

Juana
La ópera prima de Daniel Giménez Cacho está escrita por Emma Bertrán y producida por Regina Solórzano, protagonizada por Diana Sedano y Margarita Sanz. Nos presenta a Juana, una periodista atormentada por una investigación inconclusa de feminicidio y que ahora se esconde entre viejos papeles del periódico y dedica su tiempo a cuidar de su madre enferma. Los recuerdos de la investigación que se salió de control al exponerse a sí misma y a su equipo a la corrupción y violencia de los poderosos se van mezclando con su pasado familiar, el abuso, y los estragos que todo esto dejó en su mente. Ahora, después de verse cada vez más aislada y sin poder soltar su pasado, Juana decide retomar esa dolorosa investigación una última vez, cueste lo que cueste.
La película mezcla elementos de thriller con un profundo drama dolorosamente vigente en el contexto de nuestro país. Los elementos de thriller y suspenso funcionan como un excelente vehículo para que sus protagonistas se desenvuelven en actuaciones potentes. A lo largo de la historia vamos viendo un juego de cámaras y espejos que nos presenta visualmente el desdoblamiento y el quiebre por el que su protagonista está pasando, combinando la imagen con la narrativa de manera excelente.

Fue sólo un accidente
Ganadora de la Palma de Oro, la película del iraní Jafar Panahi fue quizás una de las mejores y al mismo tiempo más duras del festival de este año. Un thriller con extraños elementos que llegan a caer en la comedia, narra la historia de Vahid, un mecánico que al recibir en su taller a un hombre con una pierna ortopédica lo secuestra e intenta enterrarlo vivo en el desierto, pues dice haber reconocido su voz como la de su torturador en prisión. La duda lo lleva a parar el acto y a buscar a otros testigos y sobrevivientes de esa misma prisión para asegurarse de que sea el mismo hombre. Una fotógrafa, una pareja de novios a punto de casarse, y el antiguo compañero de la fotógrafa se unen a Vahid en su intento no sólo de determinar la identidad del hombre, sino de decidir qué hacer con él.
Entre viajes por carretera y accidentes casi graciosos si no fuese porque ocurren bajo la sombra de la crueldad del hombre que buscan, las discusiones de los protagonistas revelan no sólo sus experiencias personales, sino lo que se puede entender como el trauma que ha quedado en su país y su generación tras décadas de violencia política y conflictos armados. La pequeña camioneta donde tienen encerrado al sospechoso parece entrar y salir entre dos mundos: el de la ciudad, donde aparentemente se vive una cotidianidad como la de cualquier otro sitio, y el del pasado, que aunque nunca lo vemos visualmente, es imposible de ignorar. Quizás nos invita a preguntarnos si ese pasado debe, o si quiera si puede, ser enterrado, o si el dolor y el trauma son demasiado grandes como para seguir adelante.

Mi Benjamín
El documental de Victoria Clay Mendoza sigue el último año de carrera en la Ópera de París de Benjamin Pech. Mientras que por ley todos los bailarines se retiran del ballet a los 42 años, Benjamin, a sus 41, tiene que reducir sus esfuerzos físicos ante una lesión de su rodilla que no le permitirá volver a saltar. Su último año en el ballet implica un proceso de despedida no sólo de su profesión, sino del cuerpo que tenía antes de la lesión, y una oportunidad de acercarse al arte desde una perspectiva nueva. A la par, Victoria como realizadora entrelaza momentos autobiográficos que vive durante la realización del documental, la inspiración que el bailarín le inspira, y los ecos que vive con su propia vida familiar. Es un documental conmovedor para los amantes de la danza, pero nos deja deseando conocer más el inmenso tema que es la cultura atlética y artística de la Ópera de París y sus exigencias.

Magallanes
La nueva película de Gael García Bernal dirigida por Lav Díaz fue presentada en el festival por el actor junto con Alejandro Ramírez y Daniela Michel. Curiosamente, a él mismo le sorprendió lo llena que estaba la sala para una película de casi tres horas de duración, llena de silencios y hablada en portugués. Aunque la película puede sentirse densa, su belleza visual y su estilo distante y reminiscente de un documental se vuelven hechizantes. La historicidad del relato se retrata de manera casi neutra, casi sin intenciones de narrativizar las acciones de los personajes, y la fotografía captura la compleja y al mismo tiempo solitaria vida del siglo XVI.

Nouvelle Vague
Otra favorita de Cannes, Nouvelle Vague se podría describir como un experimento: una película biográfica sobre Godard filmada con el estilo de Godard, descripción que podría despertar algo de recelo si pensamos que corre el riesgo de caer en la parodia. En realidad, la película de Richard Linklater logra retratar el proceso de la filmación de la primera película del director francés, Breathless, de una manera fiel, carismática y natural, a tal punto que es fácil olvidar que es un experimento de recreación cinematográfica. La película responde a la pregunta de “¿Cómo se habría visto el detrás de cámaras de una película de Godard?”, mostrándonos una viñeta de los personajes que pasarían a la historia del cine. En sus referencias Linklater juega con la cotidianidad de personajes que aún no son conscientes de que serán iconos al mismo tiempo de que los presenta claramente como semillas de quienes van a llegar a ser algún día. Pensar en Godard desde este punto de vista no sólo es conmovedor sino que puede llegar a ser inspirador, como muchas de las películas que tratan sobre películas tienden a ser.

Sentimental Value
Para cerrar el festival tuvimos a Stellan Skarsgård presentando la nueva película de Joachim Trier, Sentimental Value, ganadora del Grand Prix de Cannes, una íntima reflexión sobre el cine, la creación artística, la familia, los recuerdos y el amor. La película nos muestra el reencuentro de Nora y Agnes con su padre Gustav, un director de cine distanciado de sus hijas, pero que ahora, tras la muerte de su madre, le propone a Nora interpretar el protagónico de su nueva película. Ella, como actriz de teatro, se siente inconforme con el poco interés que su padre ha tenido por su actuación y en general por su vida así que rechaza el papel, sólo para ver que poco después él escoge a una joven actriz de Hollywood para interpretar a un personaje que es casi una copia de su vida familiar. Enmarcadas por la casa de su infancia, los recuerdos familiares, las reflexiones en torno a la interpretación y expresión artística se van entrelazando con un ritmo suave y conmovedor. Además, un tema sútil pero que no deja de estar presente es la revisión genealógica del pasado y la relación que podemos encontrar entre nuestras propias familias y el pasado histórico.
Como cierre del festival, estos temas dan en el blanco como recapitulación de algunos de los temas que estuvieron constantes en la selección: una carta de amor al cine que a pesar de su romanticismo no deja de lado el peso de una realidad histórica y biográfica, el error humano y la nostalgia, pero que al mismo tiempo nos invita a ver la creación artística como salida y expresión de dicha complejidad humana.











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