Por: Natalia Albin | @_nataliaalbin
En Knives Out, Rian Johnson encontró oro al crear un misterio con comentarios de clase pertinentes, personajes interesantes y un detective con la combinación perfecta entre humor y seriedad. En Glass Onion, su secuela, se subió a la ola del éxito rotundo de la primera y creó una historia que, otra vez, intentó comentar sobre clase, aunque de una manera más obvia y con un cast espectacular, pero sufrió quizá por lo mismo, resultando en una película que ya se siente anticuada. Johnson regresa a su franquicia con Wake Up Dead Man, una tercera entrega que tiene el alma de la primera con el presupuesto de la segunda, dándonos la introspección universal que le faltó a Glass Onion y, como siempre en la promesa de una historia de detective, un divertido juego de whodunit.

Empezamos la historia con Reverend Jud, un ex boxeador Padre-en-entrenamiento interpretado por Josh O’Connor, que se demuestra una vez más como uno de los actores más capaces de su generación, cada diálogo entregado con el perfecto tono de comedia camp sin caer en una caricatura religiosa. Cuando Jud es enviado a una iglesia en un pueblo perdido, llevada por el Monsignor Jefferson Wicks (Josh Brolin), nota algo extraño en la manera de devoción que su congregación le tiene.

La congregación nos presenta al famoso elenco digno de una película de Knives Out: Martha Delacroix, la mano derecha de wicks (Glenn Close) y su pareja, el cuidador Samson (Thomas Haden Church), Nat, el doctor del pueblo (Jeremy Renner), la abogada Vera (Kerry Washington), Lee Ross, un famoso autor que ha sido “cancelado” por sus creencias derechistas (Andrew Scott), Simone, una cellista con dolor crónico (Cailee Spaeny), Cy, un jóven que quiere ser político (Daryl McCkormack) y, en una elección un poco extraña, Mila Kunis como la jefa de policía.
Cuando un misterioso asesinato pasa un día de misa, Benoit Blanc (Daniel Craig) viene a salvar el día junto con un nervioso Reverend Jud. Lo que sigue, con todos sus giros y enredos, es clásicamente un misterio policiaco. No tiene la misma cantidad de destellos en los que Glass Onion se perdió, pero definitivamente más que en la primera película: no hay duda alguna de que estás viendo una producción con mucho presupuesto.

Si hay algo que detiene a Wake Up Dead Man del calibre de la primera entrega es su falta de exploración en los personajes. Jud, Monsignior y Blanc, quizá incluso Martha, están desarrollados con cuidado y profundidad, pero eso sólo hace que destaque más el hecho de que el resto de nuestro elenco se queda en niveles superficiales. Particularmente el caso de Spaeny se siente como un talento desperdiciado, un personaje interpretado por una muy buena actriz que podría tener mucho fondo y se queda atado a una sola característica.

Daniel Craig regresa a Benoit Blanc un poco menos exagerado, pero igual de efectivo (quizá todavía más), y se convierte no sólo en el compás moral de la trama, sino también en la voz de la cuestión filosófica del guion: la importancia (y los peligros) de la religión. A veces esto es un tanto obviado por las decisiones cinematográficas – particularmente los juegos con luz y oscuridad, pero podemos atribuirlo a el camp-ness general que promete Rian Johnson con Knives Out.
Sobre todo, Johnson regresa a la magia que le dio a Knives Out el éxito que aún lo precede, esa esencia de confort que buscamos cuando vemos una película de detectives. Y no cabe duda que el Benoit Blanc de Craig es un regalo al mundo, y esperemos que continúe dándolo.

Natalia Albin
Es una escritora y emprendedora mexicana viviendo en Londres. Sus escritos generalmente examinan las conexiones entre justicia social, inmigración y feminismos con cine, arte y cultura.










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