Por: Jimena Luna (GAF) en el Festival du Film Francophone d’Angoulême 2025
Tras la proyección de Les Invertueuses —una película escrita y dirigida por Chloé Aïcha Boro, presentada en el Festival du Film Francophone d’Angoulême 2025— en la competencia oficial, tuve la oportunidad de conversar con la directora Chloé Aïcha Boro y con Larabie Dimzouré (Natie), actriz protagonista del film.

En Burkina, en medio del avance yihadista, Natie, una adolescente que no se siente a gusto consigo misma, descubre por casualidad que su abuela se casó con un hombre al que no amaba. Al intentar reparar el destino roto de su abuela, Natie también espera encontrarse a sí misma. ¿Logrará emanciparse?
Lee aquí la reseña completa de Les Invertueuses:
GAF: Durante la presentación de su película en el FFA2025 (Festival du Film Francophone d’Angoulême), mencionó que la idea surgió al escuchar una conversación entre su hija y su madre ¿Cómo decidió transformar esa charla en una película de ficción?
Chloé Aïcha Boro: Esta película no es la historia ni de mi madre ni de mi hija, esa conversación fue solo un punto de partida. Es ahí donde nace la intuición: a partir de la ternura de una niña hacia su abuela, de ese deseo de una niña que, desde su corta edad y sus pequeñas alas, quiere en nombre de la libertad sacudir a la sociedad y desempolvar las cosas. La intuición fue que había algo que hacer a partir de ese momento.

GAF: También mencionó que Hafissata Coulibaly, quien interpreta a la abuela Mamie Yaaba, no tiene derecho de regresar a Burkina Faso debido a la película. ¿Podría contarnos qué sucedió exactamente?
Chloé Aïcha Boro: Sí. Cuando se estrenó la película en Burkina, hubo muchísimas reacciones violentas: insultos, palabras durísimas hacia mí y hacia ella en redes sociales. Duró dos o tres meses, y cada día aumentaban. En África Occidental es mucho más difícil desplazarse que en otros lugares, poder pedir asilo por la persecución que sufrió solo por defender la libertad de las mujeres, le permitió cambiar de geografía, eso fue bueno para ella, porque una artista no está hecha para quedarse encerrada en un solo lugar. Tiene vocación de llevar su arte por todo el mundo. Así que fue duro, pero también, en cierta manera, liberador.
El estado del mundo es así: no todos los pasaportes valen lo mismo. No sé si todas las humanidades valen lo mismo, pero los pasaportes no, seguro.

GAF: Usted comenzó como escritora y siguió como periodista en su carrera ¿Cómo fue el paso a convertirse en directora?
Chloé Aïcha Boro: El cine y yo tenemos una historia muy larga. Es una historia íntima, desde mi infancia. Empecé por la literatura porque es más accesible, pero también porque la llevo dentro y porque tenía heridas. La escritura puede tomar muchas formas, pero la literaria fue la que llegó en ese momento, cuando era adolescente, ya que escribí mi primera novela a los 17 años. No empecé antes con el cine porque el cine no es sólo la expresión de algo que uno pone sobre un soporte. También es eso, pero requiere todo un conjunto de medios para poder hacerlo, algo que no pasa con la literatura. Por eso fue más natural, más evidente empezar por la escritura. El periodismo, porque soy completamente irreverente en todos los sentidos. Soy una invertueuse de alma desde siempre. Y todas las herramientas que permiten cuestionar la sociedad, incomodar un poquito a quienes han concebido ciertas cosas que no deberían tocarse para el confort de algunos… a mí me gustan. Me gusta dar patadas al hormiguero cada vez que puedo. Así que todas las herramientas que combinan pensamiento y escritura siempre me interesaron.

GAF: Desde México, donde estos temas también son muy relevantes, la película, ambientada en Burkina Faso, aborda la emancipación de las mujeres, aún tabú en muchos lugares, el amor entre personas mayores y los cuestionamientos de las personas LGBTQ+. ¿Llegó a percibir que estas temáticas podrían tener un alcance universal?
Chloé Aïcha Boro: Sí, tiene toda la razón. Hay lugares donde el silenciamiento de las mujeres —de sus cuerpos, de su palabra, de su vida— es más visible que en otros. Pero, en general, nuestra historia humana común hace que, sin importar el lugar, todavía hay cosas que debemos cuestionar, deconstruir, desestructurar para permitir el surgimiento de algo más horizontal entre hombres y mujeres, algo más justo para ambos.
La humanidad está hecha de dos sexos —incluso más—, y si observamos nuestra historia, los hombres se han apropiado del mundo. Y lo interesante es que muchas veces son las propias mujeres quienes sostienen esa apropiación, ese matriarcado. La madre que educa a su hija imponiéndole límites que no pondría a su hijo, eso es bastante universal. Lo heredamos con la educación y luego lo transmitimos.
Así que sí, hay lugares donde la lucha es más urgente que en otros, pero creo que, en esencia, es universal: el mundo pertenece a hombres y mujeres, pero no está al servicio de ambos por igual.
GAF: ¿Cómo fue hacer una película entre madre e hija?
Chloé Aïcha Boro: Hay varios niveles. En el guión, aunque no es su historia, me inspiré en ellas, porque es más fácil escribir cuando tienes a alguien concreto en mente. Sabía que el papel era para mi hija, así que escribí pensando en ella, y el papel de la abuela lo escribí pensando en mi madre.
Fue un ejercicio casi esquizofrénico, porque durante tres meses intenté meterme en la cabeza de ambas: de mi hija y de mi madre. Algo que no quieres hacer, pero te tienta.
Luego vino el rodaje. Y no, no fue más fácil. Al contrario: fue más difícil. Porque tenemos un bagaje familiar, inevitable. Además, había que mantener una distancia: entre Larabie, la persona, y Natie, el personaje. Natie está inspirada en Larabie, pero una vez terminado el guión, Natie ya no es Larabie. Y esa distancia fue difícil de encontrar.

Larabie Dimzoure: Dejé de llamar “mamá” a mi mamá. Los dos primeros días de rodaje lo hacía, pero después sentí que no era adecuado, que estábamos trabajando y que debía poner una distancia. Además, frente al resto del equipo, necesitaba existir como actriz, no solo como “la hija de mamá”. Rodamos durante dos meses, con preparación previa antes de llegar a Burkina. Es la primera vez que estuve involucrada en un proyecto durante tanto tiempo, y fue un regalo increíble. Vivir una película así, desde antes del rodaje hasta el final, es algo totalmente distinto. También vivíamos juntas durante el rodaje (ríe), éramos compañeras de piso. Yo siempre digo que hicimos la película cómo se arma una banda de rock en el garaje: sin dinero.
GAF: ¿Cómo vivieron los desafíos de rodar la película siendo su primer largometraje?
Chloé Aïcha Boro: Para que te hagas una idea, todo nuestro presupuesto para rodar una película normal apenas alcanzaba para pagar al camarógrafo. No teníamos dinero para el hotel, era una producción muy pequeña. Solo con mis ahorros y mucho trabajo voluntario. La mayoría del equipo cobró la mitad o un tercio de lo que debía. Y eso fue muy difícil, porque cuando la gente no está bien pagada, no siente que deba obedecer. Yo lloraba mucho. No dormía. Durante todo el rodaje, hasta el último día, nunca estuve segura de si lograríamos terminar la película. Todo era incertidumbre, tensión… cada momento se sentía como un peligro constante.

Larabie Dimzoure: He visto cómo se trata a otras directoras en diferentes producciones y el confort en el que podían trabajar. Y ver como ella lo hizo, pero con su propio dinero, era muy difícil verla llevar adelante un proyecto feminista, rodeada de algunos técnicos hombres que se negaban a obedecerla, aunque ella era la directora y productora. Yo presencié cosas un poco locas. Nunca había visto a un técnico negarse a hacer su trabajo, negarse a repetir una toma o hablar muy fuerte, gritarle a un director. Pero creo que no se trata solo del dinero, también está el hecho de que es la película de una mujer, su primer película y siente esta un proyecto feminista, es doblemente doloroso presenciar eso. Pero a pesar de todo eso, ella logró llevar sus días de rodaje, revisar la mayoría del material filmado y al final consiguió montar la película y eso es completamente increíble.
Chloé Aïcha Boro: Recuerdo especialmente una escena que debíamos filmar: un tren. Lo lógico habría sido solicitar permiso y pagar para rodarla, pero no teníamos ni tiempo ni recursos. Así que llegamos a última hora, con la esperanza de que el hombre que levantaba las barreras nos permitiera filmar un momento antes de irnos.
Sin embargo, apareció su supervisor. El tren estaba por pasar y nos exigió irnos bajo amenaza de llamar a la policía. Intenté negociar, pero era un hombre enorme, que podría levantarme con facilidad. Me arrodillé, puse mis manos sobre las suyas y su walkie talkie, y comencé a suplicar, llorando, pidiendo apenas unos minutos. Duró tres minutos, el tiempo que tardó el tren en pasar.

Ese momento fue aterrador, pero también un triunfo. Meses después, al ver ese tren en Montaille, me río al recordarlo y pienso: “Sí, esto es lo que es”. Para mí, la vida es como tener una pistola sobre la mesa y apuntar al destino cada mañana: ponerse en lugares donde no deberías estar, desafiar al destino. Es duro, vertiginoso, pero también hermoso y lleno de orgullo.Siento un orgullo inmenso solo por esos tres minutos: sostener la mano de un hombre que, de alguna manera, estaba a mi merced pero eligió no lastimarme. Podría haber sido diferente con otra persona, pero él fue delicado y eso me permitió lograr la toma. Ese instante resume la fe, la fuerza y la determinación necesarias para crear una imagen, para hacer una película.
GAF: Larabie, como actriz, ¿sientes que hoy existen más espacios y reconocimiento para las mujeres en el cine?
Larabie Dimzoure: Sí, claro. Aunque seguimos sufriendo el male gaze y aún no hay igualdad, las cosas están cambiando. Ya no se puede hacer una película donde el actor principal ocupa todo el espacio y la actriz solo sea “la novia de”. El público ya no lo tolera. Es más crítico, más atento a eso. Y también creo que hay un cambio generacional: realizadoras jóvenes, mujeres que filman y seguirán filmando durante años. Así que sí, el movimiento sigue avanzando.

GAF: Para terminar, ¿qué consejo darían a las mujeres que quieren comenzar en el cine, ya sea como actrices o directoras?
Chloé Aïcha Boro: Yo nunca doy consejos porque parto del principio de que dar consejos implica saber, y yo no sé; yo aprendo todos los días. Pero, a partir de mi pequeña experiencia, si puedo compartir algo, es esto: si realmente lo deseas, si lo llevas dentro, nuestra condición de mujer no nos detendrá. Nuestra condición de mujer no les permitirá detenernos y no nos detendrá a nosotras mismas. Así que solo hay que escucharse a una misma. Hay que estar atenta a lo que uno siente, y si es un deseo profundo, visceral, si es el lugar en la vida donde realmente queremos estar, allí llegaremos… con la fuerza y la audacia de nuestras acciones. Y hay que ir, pero asegurándose de que es realmente el lugar donde queremos y debemos estar. Porque, al fin y al cabo, hay escalones que subir; nada cae del cielo.
Larabie Dimzoure: Yo diría como mi madre: no creo estar aún en un nivel para dar consejos, pero lo que me ha funcionado es hacer todo lo que puedo. No tener solo un ideal respecto a esta profesión, porque efectivamente es muy inestable, sobre todo para las directoras, pero como actriz es aún peor, porque estamos a merced del deseo de los demás y realmente no creamos, solo creamos en los proyectos de otros.

Así que, mientras tanto, hay que tocar todo lo que se pueda: publicidad, escritura, lo que sea, para seguir existiendo, incluso cuando no hay castings. No quedarse esperando. Eso vuelve loca. Hay que moverse, explorar, cuidarse, creando pero sin fijarse en un ideal, y tomar la primera puerta que se abre e intentar rodearse de seres que te acompañen.










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