Por: Andrea Monserrath
Dirigido por Guadalupe Sánchez Sosa y Pablo Delgado Sánchez, madre e hijo, Mi piel oculta (2022) documenta cinco historias íntimas: las de cuatro mujeres cis y un hombre trans. A través de testimonios, ilustraciones y animaciones, el documental explora la corporalidad, la feminidad y las múltiples violencias que atraviesan a los cuerpos feminizados.
Los relatos de Kani, un joven trans; Julia, quien se asumió lesbiana desde niña; Erika, una mujer gorda que se posiciona políticamente desde ahí; Natalia, chelista y sobreviviente de cáncer; y Rosaly, una joven que cuestiona sus relaciones con varones, se entrelazan para construir una memoria corporal colectiva.
Cuando se deja de ser niña
Es inherente hablar de menstruación cuando hablamos de cuerpos femeninos, es un proceso biológico que marca el inicio de la pubertad; envuelto en tabúes, tratado como secreto y, equivocadamente, se dice que es el momento en el que “se deja de ser niña”.
Entre la falta de comunicación dentro de la familia, la vergüenza y los dolores menstruales, lxs personajes dejan entrever que al habitar un cuerpo que menstrúa, llegan consigo una serie de expectativas, retos y una máscara; porque como señala Rosaly, “no importan los dolores menstruales, una mujer tiene que seguir siendo funcional”.
Asimismo, es también natural hablar de la sexualidad y la autoexploración como una primera experiencia y acercamiento a los placeres. Con una intimidad y vulnerabilidad entrañables, lxs personajes retratan los retos que enfrentaron al explorar sus deseos.
La censura y el conservadurismo en la familia, desear a alguien de tu mismo sexo, explorar con dinámicas heteronormadas y juguetes sexuales. La sexualidad de los cuerpos feminizados ha sido históricamente regulada, censurada y patologizada.
Habitar el cuerpo: política e identidad
El enfoque principal del documental es la memoria del cuerpo, cómo este acumula dolores, violencias y experiencias que resuenan a través del tiempo.
Mediante sus historias individuales, lxs personajes ofrecen una visión casi universal de lo que implica nacer en un cuerpo feminizado: la asignación arbitraria del género junto a toda la serie de mandatos que esto conlleva.
¿Pero qué pasa si habitas un cuerpo gordo, enfermo o disidente?
La historia de Erika se narra desde su posicionamiento político y artístico como mujer gorda, que además, permite visibilizar su condición como un síntoma estructural. Una mala práctica gineco-obstétrica al momento de su nacimiento que limitó su movilidad y la llevó a desarrollar obesidad desde niña.
A raíz de esto, Erika visibiliza la gordofobia, bien enraizada desde el núcleo familiar, incluso resonando a través de otros cuerpos feminizados: la madre y la abuela.
Una gordofobia que resta agencia y señala que una mujer gorda no sería merecedora de muchas cosas, que si bien puede elegir activamente no replicar, de inmediato se asume que no las ha tenido: pareja, hijos, sexo. Su relato evidencia que la gordura no es solo una experiencia corporal, sino una intersección entre la salud, la clase, y el género.
Por otro lado, la historia de Kani aborda la experiencia de habitar un cuerpo trans desde la infancia. Jugar al futból, ser llamado “marimacho”, despreciar los vestidos y no encontrarse cómodo con el reflejo del espejo. La transición y a su vez, el desencuentro con las formas hegemónicas de performar el género que no resultan suficientes para cuerpos disidentes y deconstruidxs.
Natalia, una mujer sobreviviente al cáncer que disfruta de descubrir formas de hacer música con su chelo, explora los síntomas, la negligencia médica frente al diagnóstico y la resiliencia de habitar el cuerpo durante la enfermedad.
Los afectos y la heteronorma
Otra forma de habitar un cuerpo es a través de los afectos. ¿De quién buscamos afecto, a quién le ofrecemos nuestros afectos?
La orientación sexual también puede ser una postura política. “Yo me asumo y me nombre lesbiana porque salgo y grito con mis compañeras, pero con quien me relaciono sexualmente, es mucho más diverso que eso”.
La valiente historia de Julia es la de una niña que disfrutaba sus afectos con otras niñas, y fue castigada por eso. Sin embargo, la sexualidad es un amplio abanico de posibilidades que si bien pueden ser políticas, en la práctica, exploran mucho más.
Paralelamente, Rosaly comparte su experiencia al compartir afecto con hombres; las violencias que enfrentó, el choque entre lo que ella disfrutaba contra lo que Ellos disfrutaban, así como dinámicas violentas dentro de una relación.
Sin embargo, como bien señalan hacia el final del documental, la sororidad, o el afecto entre mujeres, resulta un escape frente a las violencias estructurales que someten a los cuerpos feminizados.
Maternidad y género
No sólo una mujer puede ser madre. La capacidad de gestar no está ligada a la identidad de género. Un hombre trans, es una persona con capacidad de gestar que puede traer unx niñx al mundo. ¿Pero quiere?
Con una vulnerabilidad y ternura, Rosalyn y Julia comparten sus experiencias con el aborto. La primera, como una muestra de autonomía frente a su ex-novio tóxico. La segunda, con su mamá rompiendo un ciclo de silencio, apoyándola y dándole la elección.
Ni género ni el sexo biológico determina el deseo de gestar. Estas historias se entretejen en una serie de cuestionamientos que dejan ver que, no existe tal cosa como “instinto maternal” así como, un hombre trans puede bromear con parir a un bebé.
La soledad y la colectividad
Una particularidad de las historias de este documental, es que todas dan una sensación de profunda soledad, pero no como un exilio, sino por una toma de agencia e independencia. Sin embargo, todxs lxs personajes encuentran su comunidad: en el feminismo, con otras disidencias, en el arte o con los animales y la ciudad.
La memoria del cuerpo, por más personal que sea, es una memoria colectiva enraizada en la profundidad de los cuerpos feminizados. El feminismo, la comunidad LGBT y el performance político, permiten entretejer estas historias para universalizarlas y visibilizar las diferentes violencias que se configuran corporalmente.
¿Dónde verlo?
Mi Piel Oculta se estará proyectando en la Cineteca Carlos Monsiváis del Centro Cultural Tijuana el 20, 21 y 22 de junio a las 18:00 y 20:00 horas. Además de seguir en cartelera en la Cineteca Nacional.









