Por: Lily Droeven | @lilydroeven
La visión cinematográfica del documental no se trata solamente de representar la idea de observar y contar historias propias o de otras personas, también puede funcionar como un acto de lucha y resistencia en el que además se explora y denuncian situaciones vulnerables o conflictos de contexto político que estén ocurriendo en el presente o que se encuentran oprimiendo desde el pasado hasta nuestros días, todo mientras se hace una profunda reflexión al respecto haciendo que el cine documental adquiera un poder revolucionario.
En Mi Mundo Robado documental de la cineasta y editora iraní Farahnaz Sharifi utiliza fragmentos de películas que filmó a lo largo de los años en el que captura momentos de su propia vida para presentarnos los dos mundos diferentes a los que pertenece: el de la libertad doméstica y el del exterior dominado por el régimen de la revolución islámica que inició tres semanas antes de su nacimiento en 1979. En su niñez aprendió a vivir con miedo al darse cuenta de que en el exterior perdía sus libertades y derechos, además las fuertes restricciones religiosas impuestas a su género hicieron obligatorio el uso del hiyab. Su hogar en cambio se convirtió en su mundo privado donde podía ser ella misma, rodeada de un entorno tranquilo al lado de sus seres queridos en el que la felicidad se celebra bailando.

Desde muy joven el uso de la cámara le permitió a Farah empezar a documentar los momentos más felices de su vida, pero sin dejar a un lado el terror y las imborrables cicatrices ocasionadas por la opresión externa llena de tragedias e injusticias que hasta la fecha se siguen viviendo a diario. Al mismo tiempo decide comprar material de archivo en formato de 8mm que pertenecieron a personas desconocidas con la idea de reinterpretar y preservar la memoria evitando que caigan en el olvido colectivo. Estas imágenes muestran a la gente en momentos de alegría y convivencia, pero aportan al espectador un sentimiento de dolor al ser voces anónimas que fueron silenciadas o tuvieron que emigrar durante el inicio de la revolución abandonando esos recuerdos filmados, mientras que la gente que se quedó no tuvo otra opción más que destruirlos para protegerse, porque para el régimen que oprime la alegría es considerada como un crimen que debe castigarse.
Los fragmentos que Farah recopila ayudan a confeccionar una historia alternativa de Irán en el que además ahonda las experiencias colectivas de las mujeres iraníes del pasado y del presente en el que intercala metrajes de protestas que muchas de ellas lideraron, ya sean en grupos o solas que al presentarlas en su documental las transforma en un feroz discurso de rebeldía femenina ante la opresión patriarcal del islam.
Una segunda motivación que hace que Farah tenga deseos de perseverar la memoria es debido a que su madre padece la enfermedad de Alzheimer haciendo que la lucha de Farah contra la pérdida de los recuerdos se vuelva cada vez más fuerte y decide atesorar a través de la lente de la cámara los momentos más felices que pasa junto a su madre en el entorno doméstico.

Bajo el uso de un montaje paralelo Farah convierte su proyecto documental íntimo en un poderoso testimonio de rabia y resistencia, en donde afirma que lo personal es lo político. Al mismo tiempo la cineasta reescribe la historia de su país bajo un sentimiento de fortaleza y esperanza al señalar que la libertad de las mujeres es libertad para la sociedad.
Mi Mundo Robado forma parte de la gira Ambulante 2025 y puede ser visto de manera presencial y en línea en la sección Resistencias.










Debe estar conectado para enviar un comentario.