Por: Fernanda Lozada
La ganadora del premio de Cannes “Un Certain Regard” trae una propuesta interesante en cuanto a muchísimos aspectos, una película hiper reflexiva, cargada de metáforas y alegorías, con una potencia visual apabullante pero que es fácilmente digerible por un público más acostumbrado al cine comercial, capaz de alcanzar nuevas fronteras a través de una historia de amor improbable y tan enternecedora como desgarradora.

China, 2008 previo a los juegos olímpicos de Beijing, ese es el lugar y contexto central, sin embargo, eso solo construye el verdadero espacio retratado, una ciudad aledaña que gracias a la modernización que se llevó a cabo para recibir a los asistentes a los juegos ha quedado obsoleta y varada entre las grandes construcciones, así como sus habitantes quienes la han desplazado buscando no quedarse atrás y hundirse junto con ella. El lugar ha quedado desolado, habitado en su mayoría por perros que pertenecieron a las familias oriundas antes de su partida, como si de muebles se trataran la gente continuó su camino sin ellos, inconscientes e insensibles ante el valor de su vida y sobre todo de la lealtad que les emana por el pelaje; las pocas personas que deciden quedarse tienen un apego por la tierra, han nacido, crecido y envejecido ahí, nada ni nadie los va a mover y aún tienen la esperanza de que su hogar reviva y recobre sus cualidades milagrosamente.

Con un eclipse solar en puerta los pobladores encuentran la oportunidad perfecta al ser un terreno elevado idóneo para el avistamiento del fenómeno astrológico pero considerando que los perros los superan en número deciden llevar a cabo una especie de limpieza donde puedan reposicionar a los animalitos en zonas especiales y así limpiar la ciudad para los que quieran visitarla; la historia retrata la cultura asiática perfectamente abordando desde sus inicios los principios éticos y morales que los caracterizan, por ejemplo, el respeto y aprecio por la vida en cualquiera de sus formas aunque resulta interesante igualmente que capturen realidades opuestas como el respeto por los animales pero también la cultura de consumo de carnes exóticas. “Black Dog” deviene en un poema visual al encontrar grandes similitudes con la labor poética, la metáfora del estado de la ciudad es evidente al encontrar el paralelismo narrativo con la historia del protagonista, Lang.

El retrato de supervivencia y adaptación es la metáfora más evidente en la película y definitivamente la más hermosa, la similitud entre la realidad del protagonista con el coprotagonista perruno es una intersección bellísima que demuestra que existe un camino y una solución universal a cualquier problema terrenal, el amor. Un exconvicto y un perrito alto, flaco y negro, ambos rechazados por la sociedad en consecuencia a su apariencia y su violencia reprimida, muerden en respuesta a un aprendizaje que normalizó el abuso, viven al día y gruñen, no conocen caricia y han enfrentado la peor cara de los humanos, cada uno a su manera. Esta unión condicional los lleva a empatizar el uno con el otro, las circunstancias los llevan a lo más difícil concebido en su realidad, confiar en otro. La relación y el lazo emocional que se genera entre ambos sobrepasa la ficción, es perceptible más allá de la pantalla. Una vez más encontramos plasmado en el arte cinematográfico una de las relaciones más longevas y puras que hemos experimentado como especie, el amor entre un compañero peludo y nosotros.

La película no se cansa de demostrar que toda su construcción alude a una experiencia humana universal: lo que nos cuesta ceder al cambio y la belleza y depuración que se consigue al dejar ir, el enfrentamiento y el proceso de asimilación de la muerte y la redención pero sobre todo transmite un mensaje de esperanza, un destello de fe y la idea latente de la supervivencia a través del amor en todas sus formas.
“Black Dog” es una experiencia imperdible que comunica un mensaje de lo más lindo así como importante, relevante y más actual que nunca, capaz de conectar con cualquiera, su discurso está tan bien planteado que asegura la comprensión de sus intenciones sellando el final con una sonrisa que nos deja saber que nada está tan roto como para no poder ser reparado, que aunque el viaje sea largo y poco amable, que nos rasguñe o nos muerda, si lo intentamos, con cuidados y cariño, todo va a estar bien.

Si aun así existen dudas sobre si ver la película o no es importante destacar la proeza fílmica que es esta pieza, fotografía exquisita, una dirección precisa y actuaciones conmovedoras junto con el mérito del trabajo con animales; el reconocimiento que ha recibido no es gratuito ni ha sido en vano, esta es posiblemente una de las películas más lindas que nos ha regalado el país asiático en los últimos años.
Link para horarios: https://www.cinetecanacional.net/micrositios/muestra77/detalle_pelicula.php?FilmId=HO00008410









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