Film Review #Berlinale75: Hysteria

Por: Leonor Hernández Peña  | @tmbnLNR

En los últimos años se ha cuestionado la forma de hacer cine que represente situaciones sensibles y de grupos vulnerables, desde las ideas mismas hasta la realización; incluyendo cabezas creativas, personas detrás y frente a las cámaras, las condiciones dentro de la producción, etc. ¿Qué puede ser ofensivo para algunas personas? ¿Eso debería limitar al arte que se está creando? La línea delgada entre restricción creativa y tacto se puede sentir borrosa y es una discusión gigantesca con muchas perspectivas y argumentos válidos.

Berlinale, 2025

Hysteria es la nueva película de Mehmet Akif Büyükatalay. El título va de un director alemán (con ascendencia turca) que recrea el Ataque de Solingen en 1993 para su película, evento en el cual un grupo de neonazis alemanes incendió la casa de inmigrantes turcos. La producción de la película recrea la casa en estudio y contrata inmigrantes para ser extras, un par de estos se molestan cuando ven que realmente la producción ha quemado El Corán, se debaten si deben ser parte de un proyecto que no respeta las creencias de su gente. Elif, la asistente de dirección conversa con ellos sobre el tema y entiende el descontento, poco a poco pasa una serie de eventos en los que se pierden las cintas de la casa incendiándose y la histeria colectiva de todos los personajes aumenta.

La película hace varias preguntas morales y señala constantemente a los cineastas europeos que sienten que “deben” de contar historias sensibles, cuestiona (muy por encima) las intenciones reales de estos realizadores. Desde el principio la película se desarrolla como un thriller; buscando culpables de quiénes están detrás del robo del metraje, si los cineastas se encuentran en peligro por el escándalo que la película está causando, los secretos y mentiras escalan y escalan.

A pesar de toda esta lluvia de argumentos, Büyükatalay decide dejar de lado el debate, todas las preguntas son lanzadas al aire pero nunca desarrolla, ni intenta responder algo, los personajes se quedan en silencio reflexionando lo que el otro dice, pero no pasa a una conversación propiamente. Al principio parece que Büyükatalay concuerda con los actores turcos, que saben que la industria y las audiencias se aprovechan desus tragedias para sentirse mejores consigo mismos, pero conforme la película avanza, la conversación sobre el racismo y sus imágenes dentro del cine disminuyen, se centra en el misterio y lo político se desvanece.

El final de la película se siente confuso porque arroja todas las opiniones a una misma bolsa, se siente como un “todos los extremos son malos” y parece que castiga a cada personaje que se involucró en la “histeria colectiva” por hacer del tema algo tan grande.

En tiempos en los que hay directores en posiciones de privilegio contando historias de otros lugares y sobre grupos con trauma colectivo (e incluso siendo premiado por ello), se siente irresponsable hacer un cine que pretende ser político y al final dejar las incógnitas en el mismo lugar.


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