Film Review: Tratado de invisibilidad o El mundo de las invisibles

Por: Anais Ornelas

“El mundo es un pañuelo, hasta que lo tienes que limpiar” esta frase de la artista feminista Barbara Kruger es la introducción perfecta para Tratado de invisibilidad, el más reciente documental de Luciana Kaplan (La revolución de los alcatraces, 2013; Rush Hour, 2018; La vocera, 2020) premiado en el festival de Guadalajara y que aborda desde un blanco y negro contrastante, la precarización de los empleos de quienes limpian los espacios públicos. 

Esta situación nos la presentan tres mujeres: Rosalba, Aurora y Claudia (esta última interpretada por varias actrices para evitar represalias de sus patrones del metro) que la directora filma con empatía y serenidad, con una cámara por momentos íntima que se focaliza en sus manos y en sus pies, y por momentos lejana, mostrando tanto el carácter sisifesco de las tareas que realizan las trabajadoras y resaltando la extensión de las superficies que deben cubrir.

La denuncia de la precariedad de estos empleos, que la cinta muestra tiene que ver con la corrupción subyacente que explica que todas trabajan subcontratadas, se hace de forma distante, casi contemplativa, no tanto a través de la rabia, sino a través de la resignación de las sujetos. La forma fílmica complementa la denuncia con planos muy amplios de espacios abiertos, espacios que vemos todos los días como La Cineteca, el Aeropuerto, el Viaducto, pero que aquí se convierten en espacios por limpiar. En ellos vemos pequeñas figuras que se afanan en tareas que a pesar de ser necesarias, no conocemos y no vemos. 

Aún más cuando se trata de mujeres, ya que en el imaginario colectivo, este trabajo de limpieza sigue pareciendo natural cuando lo realizan ellas, lo cual vuelve más difícil cuestionarlo. Así, las mujeres diversas que interpretan a Claudia, la empleada que limpia el metro pero que no fue contratada por el metro, apunta a la denuncia feminista de una condición que es primordialmente femenina: la de la invisibilización de ellas por su condición social y de género.

Al final, son los planos estáticos y casi silenciosos los que mejor recogen la propuesta de Kaplan: el problema no es sólo el sistema y la organización que rodea estos trabajos, sino la invisibilización que impide cuestionarlos. 


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