Por: Natalia Albin | @_nataliaalbin

En “Witches”, entre clips familiares de películas como “The Witch”, “Hocus Pocus” y “Rosemary’s Baby”, Elizabeth Sankey se posiciona como narradora de su historia. Desde soñar con ser una bruja de magia blanca de niña, hasta convertirse en la “bruja mala” de adulta – la mujer con depresión postparto. Lo que Sankey ofrece es una exploración que oscila entre lo conmovedor y lo desgarrador sobre un tema que rara vez se aborda con tal detalle, especialmente sin caer en juicios morales que ignoran las realidades de las condiciones mentales serias.

Dividido en secciones, los momentos más fuertes del documental, tanto narrativa como emocionalmente, son en los que personaliza la figura de la “bruja” dentro del condicionamiento social impuesto a las mujeres. Las peores brujas, las malvadas con granos en la nariz y jorobas; son malas madres – las madrastras, las que se atreven a no tener instinto maternal. Las buenas brujas, altas, hermosas y de buen corazón, son, por supuesto, buenas madres. Al empezar con esa caracterización, Sankey nos conduce a una reflexión crucial: ¿qué pasa con las madres que pierden el control? ¿Con aquellas cuyo mundo se encierra y se apaga poco a poco? ¿Con las que, en medio de la depresión o la psicosis, consideran lo “impensable”?

Lo que pasa es una culpa tan aplastante que les impide pedir ayuda. Y cuando finalmente lo hacen, es difícil conseguir un diagnóstico bajo un sistema médico misógino que las ignora, las rechaza con un “sólo son los baby blues”. Caen entre las grietas de un sistema que las ignora y, en el peor de los casos, terminan suicidándose. Sankey no sólo habla de su propia experiencia – desde su caída en depresión hasta encontrar un grupo de ayuda para mujeres que, en un momento de desesperación, logran internarla en un hospital psiquiátrico –, también entrevista a mujeres que estuvieron en ese hospital con ella, a las que la ayudaron y, en uno de los momentos más impactantes, al esposo de Daksha Emson, una psiquiatra que murió en un episodio de psicosis postparto, llevándose a su bebé con ella.

“Witches” se siente como una carta de amor a esas personas: a las que están y las que ya no. A las mujeres que se sostienen mutuamente y al legado de figuras como Emson, cuya muerte expuso los peligros de no escuchar a mujeres, incluso a psiquiatras, que atraviesan estas condiciones. Es en estos momentos donde la narrativa de Sankey brilla y donde el espectador se siente parte de la “brujería”, de su aquelarre.

Por toda la honestidad que emana el resto del documental, hay momentos en que el intento de relacionar a las brujas con mujeres actuales es un tanto torpe. Como sugerir que las mujeres acusadas de ser brujas eran realmente mujeres con psicosis postparto. Es importante decir que no hay pruebas ni documentos históricos que sugieran algo más allá que el hecho de que las mujeres enjuiciadas por ser brujas estaban repletas de misoginia a su alrededor y fueron víctimas de un sistema manipulado en su contra. Y eso debería de ser suficiente, porque las mujeres con condiciones postparto hoy también se enfrentan a un sistema que las mantiene enjuiciadas y que insiste en minimizar sus dolores.
El suicidio es la mayor causa de muerte en mujeres durante el año después de dar a luz. Si este documental logra que una, diez o cientos de mujeres sientan que pueden pedir ayuda durante situaciones postparto, o si logra que algún doctor tome más enserio a las nuevas madres cuando dicen que algo no está bien, va ha haber logrado lo que pretende. Sankey usa el documental como una forma de sanación propia, y en ese proceso sólo queda esperar que sane a otras mujeres y, tal vez, que mueva un poco la aguja del sistema que, siglos después de ahorcarlas, torturarlas y quemarlas, no se ha cansado de enjuiciar a mujeres.


Natalia Albin
Es una escritora y emprendedora mexicana viviendo en Londres. Sus escritos generalmente examinan las conexiones entre justicia social, inmigración y feminismos con cine, arte y cultura.










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