Por: Natalia Albin | @_nataliaalbin
En Blitz, Steve McQueen regresa a su nativo Londres para mostrarnos la vida de civiles durante la segunda guerra mundial a través de los ojos de George (Eliott Heffernan), un niño de nueve años. Lo que él describe como lo que espera que sea una “película épica inglesa” entrega lo que promete. Lejos de ser otra película de guerra, funciona como un recordatorio sobre las vidas a la periferia de los horrores de épocas de conflicto y demuestra que esas periferias son, en realidad, lo que mantiene al mundo girando.

Como un rápido contexto, lo que se conoce como “El Blitz” es un período entre 1940 y 1941 en dónde los alemanes lanzaron una campaña de bombardeo en contra de Reino Unido, particularmente Londres, matando a más de 40,000 civiles. Las huellas de estos bombardeos están en todos lados de la ciudad aún hoy.
Cuando Rita (Saoirse Ronan), la mamá de George, decide evacuarlo de la ciudad junto con muchos otros niños bajo el cuidado de extraños, George se escapa del tren y empieza su propia aventura repleta de traumas de guerra que, vistos con un lente histórico, eran enteramente comunes. Conoce a otros niños haciendo lo mismo que él, a un soldado que lo toma bajo su cuidado, a una banda de ladrones que se aprovechan de él, busca albergue sólo durante los bombardeos.

Saoirse Ronan, esta vez pasando de su trabajo actuando como hija (notablemente en Mujercitas y Lady Bird) pasa a un rol convincente de madre. Se muestra como alguien enteramente vulnerable en privado, pero su postura cambia cada vez que está con Heffernan en pantalla – una madre en guerra. Son esas sutilezas en su trabajo como actriz que, a pesar de su estatus de celebridad, la siguen poniendo como una de las mejores de su generación.
Tanto para Rita como para George, los momentos traumáticos pasan uno tras otro, dejando poco tiempo de respiro tanto a él como a la audiencia. Eso no quiere decir que no hay momentos de respiro, hablando con Girls at Films durante la conferencia de prensa, Steve McQueen apuntó que “tiene que haber momentos de reflexión y luz, teníamos que enfocar la cámara en detalles que normalmente no se mostrarían porque dentro de todo el sufrimiento, estaban esos momentos.” Se refiere a George jugando con una piedra en la calle o Rita cantando frente a 400 trabajadoras. Momentos de felicidad que cargan a una película que en su núcleo, habla de la esperanza.

Ciertas historias, particularmente la de Jack (Harris Dickinson), un soldado que claramente está interesado en Rita, no se cierran por completo. A veces se siente más como un recurso que como un personaje y, dada la actuación de Dickinson, se siente como una oportunidad desperdiciada. Casi como si muchas de sus escenas se hubieran quedado en el piso del cuarto de edición.
Entonces lo único de Blitz no está necesariamente en sus recursos narrativos (no siempre lineales), sino en quiénes se están representando. George es un niño de raza mixta, su padre – quién se mantiene un misterio hasta la mitad de la película, era negro. Durante su travesía conoce a Ife (Benjamin Clementine), un soldado de Nigeria, y es tal vez la primera vez que habla de su raza y los conflictos que le trae. Suena ridículo que nunca haya habido una película representando la segunda guerra mundial que hable sobre el racismo y la xenofobia dentro de países aliados. No es gran brinco asumir que la razón por la que se sigue ignorando ese racismo viene de que no se representa, se corre la cortina como si nunca hubiera existido.

Algo similar sucede con el rol de las mujeres. Rita trabaja haciendo bombas para el ejército junto con otras mujeres que se quedan en las grandes ciudades para hacerse cargo de trabajos tradicionalmente masculinos. Es irónico y parte de la circularidad de las guerras que, mientras ella trabaja creando bombas, en las noches tiene que buscar asilo de el mismo tipo de bombas. Y aún así, sin ellas la historia sería totalmente diferente. Aunque hay más referencias visuales para las mujeres en momentos de guerra, Blitz las pone al frente de la narrativa.
Fuera de ciertos aciertos cinematográficos, son esas dos cosas – tejer narrativas sobre racismo y feminismo en una película que sería, de otra manera, una más del montón de ficciones de guerra, es lo que hace de Blitz una pieza enteramente de Steve McQueen. Y, en un momento histórico en el que las vidas de los civiles no-blancos atrapados en los horrores de guerra deben de estar al frente, también es lo que la marca como importante.

Natalia Albin
Es una escritora y emprendedora mexicana viviendo en Londres. Sus escritos generalmente examinan las conexiones entre justicia social, inmigración y feminismos con cine, arte y cultura.









Debe estar conectado para enviar un comentario.