Por: Pamela Muñoz | @pulgosaa
El documental Huellas de la directora Valeria Sarmiento, que forma parte de la gira Ambulante 2024 (del 10 de abril al 26 de mayo) es un homenaje a la memoria histórica. El compromiso del genero documental cumple sus términos con Huellas: la postmemoria. Como lo definió Marianne Hirsch, la postmemoria es “recordar lo no vivido… recordar por la vivencia de los demás”. La postmemoria y el documental al a par, conjeturar los tiempos: pasado, presente y futuro. Siendo la memoria una facultad mental, su deber también es existir en un cuerpo social. Un potencial emancipatorio.

Huellas ahonda en lo más terrorífico de la violencia humana: el cautiverio, la dictadura militar de Pinochet en Chile; un cuasi campo de concentración nazi construido con los mismos parámetros. El arquitecto Miguel Lawner memorizo los planos, reconstruyo a partir de un vacío el testimonio de una crueldad que arraso con la libertad y la democracia de un Chile en manos de Salvador Allende. Huellas reconstruye una memoria histórica para no volver a cometer los mismos errores: El neo-colonialismo, las guerras mundiales, los genocidios que se han vivido y estamos viviendo (Palestina), lo que fue un 2 de octubre en nuestro país. Las venas abiertas de América Latina: dictaduras, saqueos y golpes de estado. Enfrentar la cara despiadada de Milei, o haber soportado el oscurantismo conservador de Bolsonaro es algo parecido a la crueldad de un campo de concentración contemporáneo. Las huellas también son gritos. Auxilio y exilio en una misma unidad.

En un contexto muy parecido a La Torre de Las Doncellas (2018) de Susanna Lira: imperdible. Huellas es un vestigio de lo que no se tiene que olvidar. Un testimonio que le hace justicia a la realidad. A esa memoria que su limite no es el olvido, sino la esperanza y la fuerza de la historia.










Deja un comentario