The Final Cut: Justine Triet – Anatomía de una filmografía

Por: Irene Adad

“Mi intención era crear una película que representara el deterioro de la relación de una pareja. El concepto era retratar el deterioro físico y emocional de un cuerpo de manera técnica, como símbolo del deterioro de la historia de amor”. 

Justine Triet, la directora y guionista francesa, ha alcanzado el mayor reconocimiento de su carrera, hasta ahora, con Anatomía de una caída. Ganó la Palma de Oro en Cannes con un filme que se enmarca alrededor de un drama judicial y que lo acompaña la memorable interpretación de Sandra Hüller en el personaje de Sandra Voyter. Ahora, a unos días de la entrega de los Premios Óscar compite por las estatuillas a Mejor película, dirección, guion, actriz y montaje. No obstante, su más reciente película no sería lo mismo sin las exploraciones previas que la directora ha hecho a lo largo de su trayectoria. 

Triet dio el brinco del documental a la ficción con Two Ships (2012), su primer cortometraje. En treinta minutos expone los temas que seguirá desarrollando con otros proyectos más adelante: la complejidad de una relación de pareja, el deterioro de dicha relación y el cuidado. 

Es inevitable pensar en el cover de P.I.M.P de 50 Cent en Anatomía de una caída, el estruendo de la música abarca la escena desde temprano en la película, en Two Ships nos encontramos, también, con música a todo volumen en la fiesta donde se conocen los dos personajes de la historia: Laetitia y Thomas, interpretados por Laetitia Dosch y Thomas Lévy-Lasne. Seguimos a ambos personajes en un enredo de amor parisino en el que los dos comparten una sensación de fracaso en sus carreras profesionales. Laetitia es actriz y comediante mientras que Thomas es pintor. Durante una noche, el par conoce un poco de la vida del otro: ella cuida de su hermano quien tiene una enfermedad mental; Thomas, aún vive con su papá y con su abuelo. En el corto, la directora francesa empieza a mostrar su interés y ejecución para construir una relación entre dos personas dentro del caos inherente a la vida. 

La batalla de Solferino (2013), su primer largometraje, da continuidad al trabajo de Triet con Dosch. Nuevamente nos encontramos con Laetitia, tanto la actriz como un nuevo personaje llamado así. En esta ocasión seguimos a una mujer que es conductora de televisión y está reportando el día de las elecciones de 2012 en Francia. Triet, antes de este filme realizó un documental sobre las elecciones de 2007 entre Nicolas Sarkozy, también postulado en 2012, y Ségolène Royal. Es interesante pues nos muestra cómo de forma constante nuestras experiencias o trabajo previo sirven de referencia para el futuro. Laetitia, antes de salir a las calles a reportear, encarga a sus dos hijas, de menos de cinco años, con Marc, un nuevo niñero. Sin embargo, hay una advertencia para el cuidador: no puede dejar pasar al papá de las niñas, Vincent, pues es violento y no tiene permiso de visitarlas sin la presencia de Laetitia. El conflicto de la historia se da cuando Vincent aparece e insiste determinadamente en entrar a ver a sus hijas. Marc, sin saber qué hacer sucumbe a las peticiones del papá. A lo largo del día seguimos el reportaje de Laetitia, las múltiples llamadas telefónicas entre el niñero, la mamá y Vincent, con el llanto de las niñas de fondo, y finalmente terminamos de vuelta en el departamento con Vincent, Laetitia y Arthur, un amigo de Vincent que trabaja en un despacho de abogados sin ser abogado. Arthur está ahí con el propósito de mediar entre la expareja. 

En La batalla de Solferino se inicia a perfilar la indagación del uso de un mediador legal dentro de un conflicto entre cónyuges. La intervención de un abogado, la presencia de la ley. En este caso, Arthur está en medio de los gritos, de la violencia física y de los insultos que tanto Laetitia como Vincent echan al aire. De este modo, en el personaje del supuesto abogado vemos un intento por mantener una postura equilibrada ante ambos argumentos. Asimismo, Vincent, similar a Samuel en Anatomía de una caída, adopta un papel de víctima pues, de acuerdo a él, si sus peticiones no son satisfechas es por culpa de Laetitia; o, como lo establece Daniele Giglioli en Crítica de la víctima: “Uno debe demostrar que tiene por adversario a un perseguidor si quiere satisfacer su propio deseo de persecución”. 

En el filme, el clímax de la discusión entre los personajes nos demuestra el proceso de Triet, como directora y guionista, y de las actuaciones, para construir un conflicto que se percibe real. Incluso, nos enseña la prueba y error para escenificar la batalla central de Anatomía de una caída. Sobre esto la directora comenta que: “Cuando discuten [Sandra y Samuel], que, en realidad, no discuten, sino negocian, siguen siendo honestos el uno con el otro, lo cual revela un amor profundo que persiste a pesar de los desafíos”.

En 2016, Justine Triet estrenó su segunda película, Los casos de Victoria, la cual abrió la Semana de la Crítica en el Festival de Cannes. La directora anteriormente asistió a Cannes con su primer filme que fue seleccionado para el programa ACID del festival en 2013 y nominado en la categoría a Mejor primera película en el mismo festival en 2014. Con Los casos de Victoria, Triet nos introduce a su siguiente colaboradora, Virginie Efira, quien interpreta el personaje de Victoria, una abogada penalista que atraviesa un momento de vida donde sólo parece haber cabos sueltos. 

El conflicto inicial de la película se desarrolla en una boda a la que Victoria asiste. The Look de Metronomy acompaña la escena donde nos enteramos que una mujer tiene un cuchillo enterrado en el estómago. La mujer acusa a su actual pareja, Vincent, de haberla apuñalado. Vincent le pide a Victoria que lo defienda pues, según él, es inocente. A la par, Victoria lidia con un vacío sentimental donde el cuidado de sus hijas, la falta de deseo sexual y de relacionarse, se vuelven demasiado que cargar. En esta instancia, encontramos otra similitud con Anatomía de una caída: la delgada línea entre la realidad y la ficción dentro de la literatura. Aquí, David, el exnovio de Victoria, escribe una novela con un personaje principal idéntico a ella. Es un retrato de Victoria en el que la ficción no tiene lugar, aunque él lo piense así. En la película ganadora a la Palma de Oro, hay una discusión en el juicio, y entre la pareja, sobre si los hechos y reflexiones que aparecen en las novelas de Sandra están inspiradas por la realidad o son meramente ficción.

Triet retoma un argumento parecido en Sibyl (2019), su tercer largometraje, que se aleja del drama legal para dar paso a un drama psicológico donde Virginie Efira interpreta a Sybil, una psicoterapeuta en busca de reemprender su pasión por la escritura. A falta de inspiración, decide tomar cachos de la vida de Margot (Adèle Exarchopoulos), una de sus pacientes. En este caso, la novela no es lo único que toma inspiración de la vida real; Sybil, poco a poco, empieza a actuar y desear lo que Margot le comparte. Además, Margot es actriz lo que convierte la línea entre la realidad y la ficción, o el personaje y la persona aún más difusa. 

Sibyl fue seleccionada para competir por la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 2019. También, fue la primera vez en la que Justine Triet trabajó con Sandra Hüller, quien interpreta, en esta cinta, al personaje de Mikaela, una directora de cine. 

Los temas de la directora francesa se fueron delineando en sus películas para así dar paso a un guion potente así como a las complejas actuaciones de Anatomía de una caída. Desde Los casos de Victoria, nos propone que: “Todas las relaciones requieren intercambio. Ninguna relación es equilibrada. La noción del equilibrio arruinaría toda posibilidad de conexión”. En su película más reciente seguimos la odisea legal y psicológica de Sandra, una escritora alemana, después de que su esposo, Samuel, aparece muerto en la nieve a unos pasos de la cabaña donde viven.

“Arthur Harari y yo escribimos la película juntos; realmente compartimos el trabajo. Y tuvimos el valioso asesoramiento de un abogado penalista que se llama Vincent Courcelle-Labrousse (…) Lo que nos sorprendió fue que los juicios en Francia son algo desorganizados (…) Esto me permitió crear una película bien francesa y adoptar un enfoque diferente de los dramas judiciales estadounidenses, que son más aparatosos. La decisión de presentar bloques ininterrumpidos de audiencias fue natural”.

Triet junto con Harari, escribieron el guion con Sandra Hüller en mente pues la directora consideraba que la actriz aportaría complejidad y profundidad al personaje. “Apenas empezamos a rodar, me sorprendió su convicción y autenticidad. A cada frase le infundió un sentido de realidad proveniente de su interior. A veces, incluso desafió mi guion y me obligó a revisar ciertas escenas”. 

Anatomía de una caída retrata impecablemente el intercambio en la relación de Sandra y Samuel. Por un lado está el intercambio de idioma, ella es alemana y él francés, hablar en inglés es un terreno neutral entre los dos. Ella se dedica a escribir mientras que él, por falta de inspiración, opta por los cuidados de Daniel, su hijo de once años. Viven en Francia, ella hace esa concesión. Ella utiliza una idea que él descartó para su novela, él lo concede. Sin embargo, la muerte (¿suicido o asesinato?) de Samuel saca a la luz, ante un juzgado, la profunda decadencia de su relación de pareja; o, en palabras de Daniele Giglioli, el juicio da espacio a: “Un resentimiento en el que se lee el intento espasmódico de re-sentir (sentir aún, sentir de nuevo) lo que ya no es posible sentir y que testimonia en realidad un catastrófico defecto en el propio sentir”.

Justine Triet desarrolla cuidadosamente su escritura, estilo e inquietudes en Anatomía de una caída, dándonos una de las mejores películas del año así como una grandiosa actuación por parte de Sandra Hüller. Cada una de sus películas es su propio universo, pero indudablemente, en los rodajes, siempre la acompañan la música a todo volumen, los niños, los perros y la línea entre realidad y ficción. Nos emociona conocer el porvenir de la película en la entrega de los Óscar el próximo domingo 10 de marzo. 


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