Film Review #Mórbido2023: Tiger Stripes o la agonía de crecer

Por: Anais Ornelas Ramirez | @venganzaintima

Carol Clover, una de las teóricas feministas que más han marcado la historia del cine de género, decía en 1992 que “ahí donde está Satanás, en el mundo del horror, es muy posible que haya genitales femeninos cerca”. Dos décadas después, la directora malaya Amanda Nell Eu explora en su ópera prima Tiger Stripes (2023) cómo opera esta demonización del cuerpo y la sexualidad femenina en una pequeña escuela de niñas. 

El detonador de la trama es la menarquia de la joven protagonista Zaffan (Zafreen Zairizal): cuando su periodo viene en medio de la noche, su madre la ayuda a limpiarse, pero no le explica ni las causas ni las repercusiones de este cambio en su cuerpo. Zaffan recurre a sus amigas Farah (Deena Ezral) y Miriam (Piqa) y éstas le relatan rumores que han escuchado sobre la menstruación en el pueblo: “si te manchas y no te lavas bien, los demonios vendrán a perseguirte, atraídos por el olor de la sangre”. Aunque Zaffan se toma la noticia con aplomo, la vemos en otra secuencia tratando de enjuagar una toalla sanitaria antes de tirarla. Con esta mezcla de ternura, humor y folclor local de la Malasia rural, la directora aborda la experiencia de la pubertad, los cambios corporales, pero también el peso de los tabúes sobre los cuerpos de las mujeres. 

Con la llegada de su menstruación, Zaffan empieza a experimentar otros cambios, cambios que se vuelven cada vez más difíciles de ocultar: aparecen placas rojas en su espalda y sus piernas, sus manos se transforman en aterradoras garras, un misterioso y grueso bigote empieza a crecer en su mejilla y siente una irreprimible necesidad de rugir. Abrumada por el silencio que pesa sobre la pubertad en su entorno, Zaffan lucha por esconder estas transformaciones, lo cual la aísla de su entorno antes pacífico. A lo largo de la cinta, la presión social va aumentando, llegando a la violencia física: algo no va bien con Zaffan y sus supuestas amigas, quienes inicialmente parecían satisfechas con ostracizarla, pasan rápidamente a la humillación y el miedo ante lo que no entienden. 

La película brilla por la actuación principal de su joven protagonista. El khimar reglamentario en la escuela sirve para resaltar el miedo y la indignación crecientes de la niña ante la actitud de las personas que la rodean. En todo momento de su escalofriante transformación, Zaffran logra mantener nuestra empatía y demostrar su inteligencia y deseo de una vida libre. Visualmente, el khimar, convertido aquí en lo único que protege a la niña de que se revele su metamorfosis, podría ser una alusión a otra cinta de terror femenino, Una chica vuelve sola a casa de noche (2014) de la directora estadounidense e iraní Ana Lily Amirpour, donde la protagonista usa el chador para ocultar su naturaleza vampírica y poder cazar hombres sin ser descubierta.

Sobresale también el trabajo de fotografía e iluminación del cinefotógrafo español Jimmy Gimferrer, quien convierte la selva que rodea el pueblo en un espacio de misterio pero también de libertad, bañándola en una luz dorada o presentándola en su negrura más intensa en las noches. En la selva, las niñas pueden descubrirse, en todos los sentidos de la palabra, pero también acechan peligros desconocidos y espíritus antiguos. En ese sentido, el exuberante paisaje que rodea el pueblo parece ser una metáfora de la feminidad en la que está entrando Zaffan: si logra vencer los mitos y tabúes impuestos por fuerzas externas, se abre ante ella un camino lleno de novedades y descubrimientos. Inspirándose en la exageración cromática de las películas en tecnicolor, el resultado obtenido por Gimferrer y Nell Eu es una atmósfera de cuento de hadas, fantástica y alucinatoria. No sorprende pues que esta película haya sido un éxito en la Semana de la Crítica en el Festival de Cannes, donde obtuvo el premio del jurado. Nell Eu es la primera mujer en ganar este premio desde 2008. Otro aspecto visual que la cinta maneja con habilidad y humor, es el uso de las redes sociales y el contenido generado vía celular, éstos participan en la perspectiva feminista de la película, al tiempo que permiten jugar con el formato en un proyecto de bajo presupuesto.

Tiger Stripes es pues un híbrido genérico, entre coming-of-age y body-horror, que inevitablemente le recordará a los amantes del género la ópera prima de Julia Ducournau, Voraz (2016)y su entrañable personaje principal: una joven que descubre su sexualidad al tiempo que se da cuenta de que es caníbal. Ciertas secuencias parecen incluso responderse, en particular el momento en que las protagonistas se depilan y que en ambos casos se trata del elemento que inaugura el body-horror. 

Mucho más atmosférica que aterradora, la película no hace uso de las convenciones del género como jumpscares o un soundtrack lleno de suspenso; el clima claustrofóbico lo genera el conservadurismo e ignorancia del entorno de Zaffan, en particular en la opresiva escuela a la que asiste la niña, llena de adultos desentendidos que de manera intencional o no, contribuyen a su persecución (otra posible alusión a la escuela de veterinaria en Voraz). La directora y guionista nos muestra cómo incluso en un medio casi exclusivamente femenino, las estructuras opresivas del patriarcado siguen activas, perpetradas por las mayores. No es hasta la última secuencia que entra en acción un agente masculino del régimen patriarcal, bajo la forma de un excéntrico exorcista. 

En el género del terror, mujer y Monstruo han sido construidxs como el Otro, temidxs por la mirada masculina. Desde hace un par de décadas, cada vez más cineastas mujeres están explorando las posibilidades que ofrece esta Otredad, tanto de denuncia como de emancipación. En este diálogo participa Tiger Stripes, con una monstruosa protagonista cuya experiencia la lleva a desenmascarar los verdaderos horrores de la sociedad patriarcal en la que vive. 


Anaïs Ornelas Ramirez

Docente, investigadora y escritora especializada en temas de representación feminista en el cine y la televisión. Es Maestra en Screen Media and Cultures por la Universidad de Cambridge y en Estudios de Género por la Universidad de Paris VIII-Saint Denis. Desde 2017, ha dado clases en universidades de Francia y Estados Unidos. Actualmente, está por terminar una tesis de doctorado sobre los roles de género en el cine de Colombia y México en la Sorbona. En 2022 le fue otorgada la beca Fulbright-García Robles para impartir la Cátedra de Estudios de México en el programa de cine de la Universidad de Colorado Denver. Fuera del medio académico, ha ejercido como editora literaria, traductora y script doctor. También es consultora en temas de género para contenidos. 


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